Hace un par
de semanas escuchaba un debate en la radio del coche. Comentaban que ya hacía
poco más de veinte años que había finalizado el servicio militar obligatorio,
más conocido y recordado como la mili. Hablaban de aquel día en que se anunció
que la mili tenía los días contados, ya que se le puso fecha de finalización.
Aquel debate
me hizo trasladarme a un ya lejano mes de mayo de 1988 y recordar a viejos
compañeros de cuartel, anécdotas divertidas y otras no tanto. Pero me quedo con
las que me hacen sonreír, que no fueron pocas y que guardo con cariño en los
archivos acumulados de mi memoria.
También
recordé aquellos regalos que con tanta ilusión solíamos llevar a casa: las
muñecas militares Wendolines para nuestras novias, hermanas o madres; los
monederos de gorra de plátano; los banderines y las metopas; los mecheros
hechos con las vainas del CETME; los encendedores Bic con el escudo militar de
nuestro regimiento; las cintas de colores con frases divertidas muy propias de
la ocasión; las puntas de bala preparadas para llevar colgadas al cuello o como
llaveros (algunas de ellas muy artesanales y trabajadas, dejando ver un corazón
o una cruz en su interior)... entre otras muchas cosillas.
Pero la
mayor sonrisa llegó al recordar aquel cómico carnet, como el que hoy os enseño
y que he sacado de "EL BAÚL DE HAL": el Carnet del Bisabuelo. Seguro
que muchos de los que hicisteis la mili lo recordaréis con una sonrisilla...
jajajajaja.
Aunque el
más conocido era el "Carnet del Abuelo", en algunos cuarteles también
existió el "Carnet del Bisabuelo", como el que hoy os enseño. Estos
carnets humorísticos se confeccionaban y entregaban de forma totalmente
extraoficial a los soldados más veteranos cuando llegaba un nuevo reemplazo al
cuartel. Era una forma simpática de simbolizar el relevo generacional entre los
recién incorporados y quienes ya estaban a punto de licenciarse. A partir de
ese momento, los Bisabuelos pasaban a ser los veteranos de la compañía y, entre
bromas y tradiciones, se ganaban ciertos privilegios no escritos que todos
conocían y casi todos respetaban.
Los
Bisabuelos, o Bisagras, eran toda una institución respetada en las compañías de
tierra, mar y aire. A ellos se les solía hacer la vista gorda con aquello de trabajar,
limpiar, hacer guardias, etc. Después de tantos meses de servicio ya se habían
ganado un merecido descanso y eso de dar el callo, como que ya no iba con
ellos.
"¡Señoras
y señores, se acabó la mili!" fueron las palabras pronunciadas el 9 de
marzo de 2001 por el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo. Una frase
histórica que anunciaba que ya no habría más llamadas a filas y que el servicio
militar obligatorio concluiría el 31 de diciembre de aquel mismo año. A aquella
frase le siguió la firma del Real Decreto que daba la puntilla a una tradición
castrense con más de doscientos años de historia.
El servicio
militar obligatorio, conocido popularmente como la mili, estaba vigente en
España desde el reinado de Felipe V y su objetivo era enseñar aptitudes
militares a miles de jóvenes cada año para engrosar la lista de reservistas,
siguiendo un modelo de reclutamiento masivo ante la posibilidad de que se
iniciara un conflicto bélico.
Hasta 1968
la mili duraba dos años, pero ese año pasó a ser de dieciocho meses. En 1984 se
redujo a un año y, en 1991, quedó establecida en nueve meses.
El 8 de
noviembre del año 2000 se celebró el último sorteo de asignación de destinos
para realizar el servicio militar obligatorio, poniendo fin a una etapa de más
de doscientos años en la historia de España en la que la mili era obligatoria
para todos los jóvenes considerados aptos.
El 31 de
diciembre de 2001, cuando los últimos reclutas forzosos se licenciaron y
abandonaron los cuarteles, la mili dejó definitivamente de ser obligatoria para
dar paso a unas Fuerzas Armadas profesionales.
Para muchos
jóvenes, aquellos meses de cuartel, instrucción y maniobras sirvieron para
conocer gente nueva y salir por primera vez de sus pueblos o ciudades. Estar
lejos de casa y de la familia convirtió al cuartel en una segunda casa y a sus
compañeros en una segunda familia.
Algunos de
aquellos jóvenes pensaron, y aún hoy piensan, que el servicio militar fue un
tiempo beneficioso. Les dio la oportunidad de conocer otros lugares, relacionarse
con personas procedentes de distintos puntos de España y, sobre todo, aprender
un oficio o sacarse el carnet de camión y de otros vehículos. Unos
conocimientos y permisos que después podían aprovechar en la vida civil para
mejorar su futuro.
Otros opinan
todo lo contrario. Aquellos meses fueron una pérdida de tiempo, haciendo
constantemente cosas sin sentido con las que no estaban de acuerdo y soportando
la prepotencia, la altanería y la chulería de algunos mandos militares que se
creían "Rambos"... y yo añadiría que de pacotilla.
Fue una
experiencia terrible para algunos reclutas que, francamente, lo pasaron muy
mal. Por suerte para mí, ese no fue mi caso. Pero sí puedo decir que vi muchas
injusticias y también pude evitar unas cuantas gracias a que pertenecía a la SV
(Servicios de Vigilancia). Para entendernos, algo parecido a la PM (Policía
Militar), aunque dentro del propio cuartel.
Lo que sí
estaba muy claro era que todo aquel tiempo suponía aparcar tus planes de
futuro: dejar los estudios si estabas cursando una carrera, salvo que pidieras
prórrogas; abandonar temporalmente tu trabajo, con el consiguiente riesgo de
perderlo; o incluso romper con la novia.
Quiero
pensar que esto último no era tan frecuente como quedarse sin trabajo, pero
también podía ocurrir... si ella conocía a un apuesto Bisabuelo y ya estaba
cansada de esperar a su recluta, o si tú conocías a otra chica en aquellos
nuevos destinos... jajajajaja.
También
existían mandos caraduras que se aprovechaban de los soldados para ponerlos a trabajar
en asuntos particulares. Algo que estaba completamente prohibido, pero que rara
vez se denunciaba por miedo a las represalias.
Para bien o
para mal, tuvieras una buena o una mala experiencia durante el servicio
militar, de todo aquello ya solo queda el recuerdo. Y siempre es mejor quedarse
con los buenos momentos y dejar atrás los malos... si los hubo, claro. Y si
hiciste la mili... jejejejeje.
Y tampoco
podemos olvidarnos de los que se libraban de la mili, los que tenían suerte...
o no, porque, como ya he dicho, hay quien asegura que fue la mejor experiencia
de su vida. Estaban los afortunados que salían como excedentes de cupo y se
libraban del servicio, o los famosos de los pies planos...
La cuestión
es que aquel 8 de noviembre del año 2000 se celebró el último sorteo de
asignación de destinos, el último sorteo de quintos, que determinaba el destino
de los jóvenes para los meses previos a la jura de bandera. Aquella sería la
última vez que miles de jóvenes españoles pasarían obligatoriamente por una
serie de experiencias únicas que, para bien o para mal, marcaron sus vidas: los
madrugones, el corte de pelo casi al cero, las noches al raso, las novatadas o
incluso los arrestos por desobediencia... Uffff... de esos últimos yo tuve unos
cuantos... ¡jajajajaja!