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sábado, 13 de junio de 2026

LAS POSTALES 3D: PEQUEÑAS VENTANAS A UN MUNDO MÁGICO

Estos días es imposible encender la televisión o abrir los periódicos sin encontrarse con las imágenes de la visita del Papa León XIV a España. Lo hemos visto rodeado de multitudes en Madrid y, posteriormente, en Barcelona, enmarcando su viaje en dos acontecimientos históricos de inmensa carga espiritual y cultural: el Centenario de la muerte de Antoni Gaudí y la celebración del Milenario de la fundación del Monasterio de Montserrat. Ver al Pontífice bendiciendo la imponente Torre de Jesucristo en una Sagrada Familia que ya roza su culminación, o subiendo a la icónica montaña santa antes de continuar su viaje hacia las Islas Canarias, estremece. Sin embargo, hoy la forma en que el mundo congela esos hitos es idéntica: miles de brazos alzados sosteniendo pantallas de teléfonos móviles, capturando píxeles que probablemente se perderán en la inmensidad de la nube digital.

Ver esas escenas me empujó a hacer un viaje particular. Fui a rebuscar en mi propio "baúl de los recuerdos" y, de manera curiosa, pasado y presente parecieron darse la mano. Entre fotografías, recortes y pequeños objetos de otra época, volvieron a mis dedos unas postales casi mágicas, y entre ellas dos piezas muy especiales de mi colección: dos postales lenticulares en 3D, una dedicada a la Virgen de Montserrat y otra a la Sagrada Familia.

Al moverlas bajo la luz y ver cómo cobraba vida su relieve con esa gran profundidad, no pude evitar sonreír ante la ironía del tiempo. Esos mismos escenarios que hoy celebran efemérides tan formidables y se fotografían con tecnología de última generación, descansaban en mis manos impresos en el formato que fascinó a nuestra infancia en los años 70's. En aquella época, no hacían falta pantallas ni grandes despliegues digitales; el recuerdo de los lugares sagrados, monumentos y escenarios de la naturaleza se llevaba a casa en forma de una cartulina rugosa que parecía obrar un pequeño milagro tridimensional.

Pero para mí, estas dos piezas tienen un significado todavía más profundo. Crecí a escasa distancia de la Sagrada Familia. Durante mi infancia jugué incontables veces en el parque de enfrente, a la sombra de las torres del templo (ese sueño de piedra que Gaudí ideó y que hoy, cien años después de su partida, el mundo contempla al fin casi terminado), las cuales formaban parte de mi paisaje cotidiano. Al salir de casa estaban allí, dominando el horizonte como una presencia familiar que uno acaba dando por sentada, sin imaginar que algún día se convertirían en uno de los recuerdos más entrañables de toda una vida.

Montserrat también ocupa un lugar igualmente sagrado en mi memoria familiar. Que el monasterio cumpla ahora mil años de historia viva nos recuerda la cualidad eterna de un destino que siempre estuvo cargado de emoción; uno de esos rincones que conservan algo difícil de explicar con palabras. La montaña recortada contra el cielo, el santuario milenario, la imagen de la Moreneta y el silencio de sus senderos han acompañado muchos momentos importantes de nuestras vidas. Para nosotros, Montserrat siempre ha tenido algo de mágico, una espiritualidad que ha resistido el paso de los siglos y que hoy resuena con más fuerza que nunca.

Y es que, en aquellos años de nuestra niñez, bastaba inclinar un poquito esas postales para que ocurriera el prodigio. Un paisaje nevado ganaba fondo, unos ojos de niña parecían moverse o guiñarte un ojo, un ramo de flores se adelantaba hacia quien lo miraba. Las postales lenticulares (aquellas que llamábamos simplemente postales 3D) no eran meras fotografías. Eran pequeños teatros de papel y plástico que guardaban un secreto, despertando la imaginación y convirtiendo el correo en una ceremonia pequeña, casi íntima.

El truco se llamaba impresión lenticular: una fina lámina de plástico con diminutas lentes que, al cambiar el ángulo de visión, revelaban distintas perspectivas de una misma imagen. Para la época, aquello parecía sacado de un laboratorio de efectos especiales. En unos años en los que la ciencia ficción aún habitaba las páginas de las novelas y las televisiones en blanco y negro, aquellas cartulinas traían un pedazo de futuro a la palma de la mano.

Pero su encanto iba mucho más allá de la técnica; pertenecían a un mundo donde las cosas se contemplaban despacio. Llegaban dentro de sobres que se abrían con cuidado, se sostenían como un tesoro y se inclinaban una y otra vez, bajo la luz de la ventana o el flexo del salón, solo por el placer de ver cómo la magia se repetía. Los motivos eran tan variados como evocadores: paisajes alpinos con nieve perpetua, ramos de flores imposibles, cachorros de mirada tierna, vírgenes con niño y felicitaciones navideñas repletas de velas, campanas y ramas de abeto, entre otros muchos. Muchas estaban bañadas en colores intensos y un aire idealizado que hoy, al verlas, resulta inconfundiblemente setentero.

En Navidad alcanzaban su momento cumbre. Llegaban por correo para felicitar las fiestas y se ganaban un lugar de honor sobre el aparador, junto al belén o apoyadas en el espejo del recibidor. Durante semanas formaban parte de la decoración de la casa. Los niños las observaban fascinados, intentando adivinar dónde se escondía el truco, mientras los mayores admiraban aquella innovación que marcas como Top Stereo, producida por la japonesa Toppan Printing, llevaron a medio mundo. Se vendían en papelerías, kioscos y tiendas de recuerdos; eran económicas, llamativas y representaban un lujo pequeño, alcanzable, una manera especial de decir "te recuerdo" con un mensaje que se movía o que tenía una gran profundidad.

Contemplar hoy una de esas postales produce una emoción difícil de explicar. Quizá porque aún conservan su capacidad de asombrar, o porque en ellas se adivina una época en la que la novedad tecnológica podía ser todavía inocente y hermosa. O tal vez, simplemente, porque cada postal encierra una historia: unas vacaciones lejanas, una felicitación escrita con esmero, la letra de unos padres que ya no están, un recuerdo de infancia que se inclina entre los dedos.

Sirvan estas líneas como un tierno rescate de esa geografía sentimental. Las postales 3D son mucho más que piezas de coleccionismo: son fragmentos de memoria impresos en cartón y plástico, pequeñas cápsulas del tiempo que conservan intacta la ilusión de una generación. Al moverlas entre las manos, la imagen sigue transformándose igual que hace cincuenta años. Y de pronto, mientras la profundidad aparece ante nuestros ojos, en el gran centenario de un genio y en el milenario de un monasterio en una montaña sagrada, junto a la presencia de la Virgen negra de Montserrat, la humilde belleza de una cartulina se une en un mismo pensamiento: la certeza de que la verdadera magia sigue viva en aquello que el tiempo no desea borrar. 








sábado, 13 de septiembre de 2025

TOI, EL PRIMER EMOJI CON SABOR IBÉRICO

 

¡YA TOI DE VUELTA!

 Las vacaciones ya son historia y, aunque siempre se hacen cortas, septiembre llega con ese aire de comienzo que nos provoca un cosquilleo especial. Vuelven los madrugones, sí… pero también el olor de los cuadernos nuevos, las colecciones que invaden los kioscos, los cromos que vuelven a pasar de mano en mano y ese toque de nostalgia que nos recuerda a cuando éramos críos y todo empezaba otra vez desde cero.

Y es que septiembre tiene magia: combina la pereza de despedir al verano con la ilusión de estrenar etapa, de seguir coleccionando momentos que, quién sabe, quizá algún día se conviertan en recuerdos imborrables. Por eso regreso con muchísimas ganas de compartir un poquito de nostalgia, y qué mejor que empezar esta nueva temporada enlazando con aquella imagen con la que me despedí antes de marcharme de vacaciones... porque no hay nada como cerrar un círculo para abrir otro lleno de sorpresas.

Así que preparaos: vuelvo con la mochila llena de posts nostálgicos, anécdotas y entrañables recuerdos divertidos y, cómo no... imágenes de piezas de mi colección, la que guardo dentro de "EL BAÚL DE HAL", y algunas otras cosillas como travesuras blogueras de abuelo cebolleta, que seguro te sacarán alguna sonrisa, jejejejeje, ¡vamos allá!


Hubo un tiempo en el que los recreos olían a bocadillo envuelto en papel de plata, a tinta de bolígrafo mordido y, cómo no, a Bollycao. Pero no nos engañemos: muchos niños no compraban aquel bollo por el chocolate (que, dicho sea de paso, siempre se acumulaba sospechosamente en una sola punta), sino por la pegatina que lo acompañaba. Sí, hablamos de los míticos TOI, los cromos que se convirtieron en la primera red social analógica de España.

Un bicho verde, con ojos saltones y antenas, sujetaba un cartelito con mensajes tan simples como pegadizos: TOI CANSAO, TOI ENAMORAO, TOI RALLAO. ¿El resultado? Una fiebre colectiva que hizo que más de 150 millones de cromos circularan por mochilas, carpetas y puertas de neveras en España y Portugal entre 1989 y 1991.

De viñeta de periódico a fenómeno de masas... El origen de TOI no estuvo en ningún laboratorio de marketing internacional, sino en el lápiz de un joven diseñador catalán, Jordi Català, que en 1987 lo creó para una sección humorística de El Periódico de Catalunya. Aquella criatura, que en principio iba en blanco y negro, acabaría dando el salto a color gracias a la empresa Trigràfic y, finalmente, a los bollos de Panrico.

Lo curioso es que otras marcas como Nestlé o Cola Cao pudieron haberse quedado con los derechos, pero fueron los Bollycao quienes apostaron por él. Una jugada maestra: en pocos años, los niños compraban más por la pegatina que por el bollo. TOI no solo fue un icono pop, también fue gasolina para las ventas de Panrico durante más de una década.

Hoy usamos emoticonos y stickers para mostrar emociones en WhatsApp, pero TOI ya hacía eso... ¡en papel y con pegamento barato! Con su lenguaje recortado ("TOI" en lugar de "estoy", o "CONECTA@" adelantándose a la arroba digital), fue un precursor directo de los SMS, los memes y los emojis.

Y ojo a las versiones: hubo 54 modelos en la primera colección de 1989, aunque el reverso aseguraba que eran solo 50. Muchos siguen convencidos de que tienen la colección completa... y no es así (aquí os enseño la primera colección, junto a sus 54 cromos). Después llegaron más tandas: 65 cromos en 1992, otra en 2000 (50 cromos), otra en 2010 (50 cromos), y finalmente la colección conmemorativa del 30º aniversario lanzada en 2022 por Panini, con más de 230 cromos, incluyendo versiones actualizadas como TOI CONFINAO.

Algunos coleccionistas mencionan una posible colección de TOI en 1997, pero no hay información oficial que confirme su existencia. Es probable que esta confusión se deba a reediciones o a la circulación de cromos de ediciones anteriores durante ese periodo.

TOI funcionaba porque era simpático incluso cuando estaba enfadado. Con apenas cuatro rasgos: ojos, antenas, boca y manos, transmitía emociones universales. Era tan fácil identificarse con él que, en muchos casos, acababa expresando mejor lo que sentíamos que las mismísimas palabras.

Además, tenía un punto gamberro y castizo que lo hacía único: frases cortadas, guiños callejeros y un humor socarrón que, traducido a otros idiomas, perdía parte de la gracia. En Portugal se adaptó como TOU, y hubo intentos en euskera, gallego, catalán, francés e italiano. Pero el "sabor" original era inconfundible...

Se podría decir que estos cromos pasaron de las carpetas al recuerdo colectivo, y no exageramos si decimos que TOI fue un fenómeno sociológico. Pocos chavales de los 90's, y no tan chavales. Se libraron de pegar uno en la carpeta, en el armario o en el frigorífico, a veces bajo la mirada indulgente de las madres. Incluso hubo imitaciones piratas que llegaron a circular en revistas.

Más de treinta años después, TOI sigue siendo lo que su creador llama "el desconocido más conocido": no aparece en grandes documentales ni tiene película de Disney, pero basta mencionarlo para que a toda una generación se le escape la sonrisa. Porque, al final, no era solo un cromo: era un espejo verde de cómo nos sentíamos.

Hoy, mientras los emojis se multiplican en nuestros móviles, el TOI resiste como un recuerdo entrañable. Era, en palabras de su propio diseñador, un "estado de ánimo con antenas". Y puede que por eso, aunque ya no venga escondido en un bollo de chocolate, sigue ahí: en el rincón nostálgico de quienes crecimos con él.

En definitiva, los TOI fueron mucho más que pegatinas: fueron un idioma, un juego y una manera de compartir emociones mucho antes de que existiera Internet. Y si me apuras, siguen teniendo más gracia que muchos stickers de hoy.

 

¡TOI NOSTÁLGICO. TOI ESCRIBIENDO. TOI ENCANTAO DE TAR AQUÍ! 










sábado, 23 de noviembre de 2024

KALKITOS: ¡CALCANDO NUESTROS RECUERDOS!

Los Kalkitos tienen su origen en Italia, cuando Gillette, conocida principalmente por sus productos de afeitado, adquirió una compañía especializada en serigrafía. Esta empresa destacaba por su avanzada tecnología para producir imágenes transferibles por presión, como las populares hojas Letraset que se utilizaban en diseño y maquetación. Fue en el Departamento de Marketing de Gillette donde se gestó la idea de convertir esa tecnología en un juego educativo y creativo para niños. Así nacieron los Kalkitos, una combinación única de imágenes transferibles y escenarios panorámicos que permitían a los pequeños crear sus propias historias llenas de imaginación. Gillette, que afeitaba a los adultos, logró también conquistar a los jóvenes con este innovador producto.

En 1978, los Kalkitos desembarcaron en España y rápidamente se convirtieron en un fenómeno. Estos álbumes ofrecían fondos ilustrados con decorados temáticos y láminas llenas de figuras transferibles que los niños podían colocar a su antojo. Los escenarios abarcaban una amplia gama de temáticas: vikingos, mundos futuristas, aventuras prehistóricas o del lejano Oeste. También habían algunos inspirados en clásicos literarios como 20.000 leguas de viaje submarino o Tarzán (ese fue uno de mis favoritos, debo confesar). Las opciones parecían infinitas, con personajes históricos como Pancho Villa o el Barón Rojo, y ediciones más modernas inspiradas en programas de televisión, torneos de futbol o como las dedicadas a Félix Rodríguez de la Fuente, lanzadas poco antes de su trágica muerte el 15 de marzo de 1980.

El éxito de los Kalkitos radicaba en su simplicidad y en la enorme creatividad que estimulaban. Su funcionamiento era sencillo, pero cargado de magia: desplegar el fondo panorámico, elegir una figura de la lámina transferible, posicionarla en el lugar ideal y frotar con un lápiz, bolígrafo o cualquier objeto con punta. Así, la figura se transfería al escenario, permitiendo al niño personalizar la historia como quisiera. Sin embargo, había que tener cuidado al rascar, porque si no se hacía con precisión, podía quedar incompleta. Era común que algún personaje perdiera una extremidad o algún detalle, lo que aunque frustrante, se convertía en parte del encanto.

Recuerdo que los Kalkitos fueron una parte fundamental de mi infancia. Pasaba horas creando mis propias escenas, comprando las láminas o recibiéndolas como regalo de mi madre, que las adquiría en una de mis papelerías jugueterías preferidas, la "papelería Cugat", cerca de mi escuela. Este lugar era mágico para mí (ya lo comente en un post dedicado a aquella entrañable y vieja papelería Cugat). Aquella papelería hasta sus últimos días siempre estuvo repleta de novedades que hacían de cada visita una aventura. Si quieres saber algo más de aquella papelería: "LIBRERÍA PAPELERÍA CUGAT". 

A menudo, no utilizaba todas las figuras en el decorado original, ya que prefería reservar algunas para decorar mis libros de texto, carpetas y hasta objetos completamente ajenos al tema. Esto extendía la diversión y me daba la sensación de llevar un pedazo de esas historias conmigo a todas partes.

Lo curioso es que, con los años, mi relación con los Kalkitos y los transferibles no terminó. Por increíble que parezca, terminé trabajando en un laboratorio de diseño gráfico y, durante más de cinco años, mi tarea principal fue fabricar los negativos para crear transferibles. Entre otras cosas, también participaba en la producción de transfers para montajes publicitarios. Este trabajo me devolvió a ese universo de creatividad que tanto me fascinaba de niño y, de alguna manera, me permitió revivir aquellos buenos recuerdos asociados a los Kalkitos. A día de hoy, al recordar esa época, no puedo evitar sonreír. Este post y los Kalkitos que saqué hoy de "EL BAÚL DE HAL" han traído de vuelta una avalancha de nostalgia.

Además de ser un simple pasatiempo, los Kalkitos fueron un puente hacia la imaginación. Las láminas transferibles, fabricadas con petroderivados y serigrafiadas con gran calidad, no eran solo un producto, sino una ventana a un mundo lleno de creatividad. Cada escenario tenía su propia narrativa, pero la verdadera magia era que cada niño podía adaptarlo a su gusto, creando historias únicas. Hoy, al recordarlos, revivo la emoción de aquellos momentos en los que, con un lápiz y algo de paciencia, podía construir un universo propio. Fueron mucho más que un juego: fueron una forma de explorar, imaginar y dar vida a aventuras inolvidables. ¡Qué maravillosa era esa época!


















sábado, 16 de noviembre de 2024

LOS CROMOS TROQUELADOS DE MAZINGER Z. PANRICO

Seguro que recordarás ese momento mágico en el que tu madre te compraba un pastelito de Panrico, y con él, la emoción de encontrar uno de los codiciados cromos troquelados de Mazinger Z. Esa combinación explosiva de chocolate y aventuras japonesas marcó la vida de muchos jóvenes, allá por 1978. Panrico supo captar la esencia de una generación que soñaba con robots gigantes y héroes de otro mundo. Todo esto cabía en un pequeño trozo de cartón troquelado, que venía dentro de un sobrecito blanco de papel, posiblemente manchado de chocolate y adjunto a la parte posterior del pastelito.

La colección de cromos de Mazinger Z se convirtió en un clásico por derecho propio, una mezcla de nostalgia y arte… bueno, quizás llamarlo "arte" sea muy generoso, pero sin duda tenían personalidad. Estos cromos, de los que hubo 85 en total, no eran exactamente fieles al estilo de los personajes originales. Las razones iban desde la dificultad (o el precio) de obtener los derechos hasta, quizá, el hecho de que los artistas en Panrico no eran expertos en animación japonesa. Al final, eso poco importaba: para nosotros, los niños, Mazinger Z era simplemente un pedazo de maravilla en cada sobrecito.

Encontrar una colección completa como esta es una tarea difícil, además de bastante costosa. He llegado a verla a precios que oscilan entre los 1.000 € y los 2.000 €. La que os muestro hoy no es precisamente barata, pero tampoco me costó esas cifras tan desorbitadas. Tuve la suerte de adquirirla hace tiempo gracias a un coleccionista que me ofreció reproducciones de excelente calidad de su colección original. Y hoy, después de mucho tiempo, la saco de mi baúl, de "EL BAÚL DE HAL".

Al principio, Panrico lanzó 20 cromos sin numerar. Era un movimiento práctico (y barato), pero cuando la colección despegó en popularidad, decidieron expandirla y añadir otros 65 cromos, esta vez numerados. Así, aquellos primeros 20, los "sin numerar", se convirtieron en piezas raras. Como si eso no fuera suficiente, Panrico decidió introducir en esta primera tanda algunos personajes de la secuela de Mazinger Z, llamada Goldorak (UFO Robo Grendizer). Claro, a la mayoría de nosotros nos daba igual, pero para los puristas (esos que aparecieron años después), esta confusión fue casi un sacrilegio.

El caso es que, para muchos, abrir el pastelito y descubrir un nuevo personaje, aunque fuera de Goldorak, era motivo de alegría. ¿A quién le importaba si era de una serie u otra? Los niños de aquella época querían más cromos y más aventuras, y con cada nuevo cromo, más horas de juego.

Una de las curiosidades más raras de esta colección es que El Corte Inglés también se subió al carro de Mazinger Z, colaborando con Panrico para distribuir los mismos cromos en sus departamentos de juguetes, pero con su propio logo. Estos cromos, idénticos salvo por ese detalle, son hoy una rareza digna de coleccionistas. Es casi imposible encontrarlos, pero si algún día abres una vieja caja en el trastero y ves un cromo con el logo de El Corte Inglés, considérate afortunado. Quizá tengas en tus manos un pequeño tesoro de los 70's que, como todo lo bueno de esa época, tiene un valor sentimental mucho mayor que el monetario.

La mayoría de nosotros conseguíamos los cromos en los míticos pastelitos Tronkitos. Quizás este nombre no suene tan poético hoy en día, pero para un niño de los 70's, Tronkito era casi sinónimo de felicidad. En cada Tronkito había un cromo, y eso era todo lo que necesitábamos.

Sabíamos que esos pastelitos no eran precisamente un manjar gourmet, pero tenían un sabor que aún recordamos con cariño. Era el sabor de la aventura, de la posibilidad, de esos personajes con los que jugábamos en el recreo o en el suelo del salón.

A veces, cuando nuestros padres no nos compraban uno, recurríamos a estrategias de emergencia, como pedir en la tienda las cajas vacías de Tronkitos. ¿Por qué? Porque en la parte de abajo, ¡sorpresa!, había ilustraciones de los personajes en mayor tamaño. Esos momentos eran lo más cercano a ganar la lotería infantil.

Aquí viene una historia que seguro muchos podrán entender y se sentiran identificados: el destino trágico de los cromos en la "limpieza de mamá". Esos cromos de Mazinger Z, guardados en una caja de zapatos o en un cajón especial, acumulaban polvo y años. Hasta que un día, desaparecían. Preguntabas a tu madre, y ella respondía sin darle importancia: "Ah, eso lo tiré. Era solo un montón de papelitos viejos." Gritabas, como mi buen amigo y colega de hobby Emilio Delliafonte, quien convirtió esa pregunta en el título de su blog Retro - Vintage: "MAMA PER QUÈ HO VAS LLENÇAR?", que se podría traducir como: "MAMÁ, ¿POR QUÉ LO TIRASTE?". Tremendo título para un blog Retro - Vintage, jejejejeje. Aunque Emilio me confesó entre risas que, en su caso, su madre le guardaba todo. ¡Un saludo, querido Emilio, si me lees!

Para los coleccionistas de entonces, esta limpieza no era algo trivial; era una gran tragedia. Hoy en día, recuperar una colección completa de 1978 con sus 85 cromos puede salir muy caro. Es curioso cómo esos trozos de cartón que parecían insignificantes en su momento hoy son piezas de alto valor en el mercado de coleccionistas.

Uno de los aspectos más especiales de esta colección era que muchos cromos estaban troquelados y podían ponerse de pie, convirtiéndose en figuras para jugar. Representaban a los "brutos mecánicos", las criaturas del Doctor Infierno, junto a Afrodita A, Sayaka, Koji y el resto del elenco. El planeador de Mazinger Z, en particular, era uno de los más codiciados porque se usaba para cualquier aventura y acababa completamente gastado.

Hoy, al revisar estos cromos que saco de "EL BAÚL DE HAL", o al recordar aquellos pastelitos Tronkitos, siento una gran nostalgia. Quizá los diseños no eran perfectos ni las ilustraciones precisas, pero tenían alma. En los 70's, no buscábamos cromos perfectos: queríamos héroes, aventuras y un poco de magia.

Si eres de los afortunados que aún conserva un cromo de Mazinger Z, míralo con cariño. No son solo cromos; son trozos de infancia, aventuras y sueños.





miércoles, 4 de enero de 2023

"CARTA DE LOS REYES MAGOS A LOS PADRES" PARA LOS NIÑOS QUE EMPIEZAN A DUDAR DE SU EXISTENCIA.

Los tan esperados Reyes Magos están a punto de llegar a muchas casas para entregar sus regalos a los niños… Alguna Navidad tiene que ser que los pequeños de la casa, por primera vez, se planteen la existencia de los Reyes Magos y muchos papás y mamás en estos días se verán en la difícil situación de tener que contar la verdad sobre quiénes son los Reyes Magos, si existen o no y sobre todo que los niños lo acepten sin llevarse una gran desilusión.

Puede que alguna vez te hicieras esta pregunta: ¿Es posible que nuestros pequeños sepan que son los padres los que les traen los regalos y que, sin embargo, sigan creyendo en Sus Majestades los Magos de Oriente...?. Pues esta bonita carta escrita que compartiré a continuación en nuestro Blog (junto a unas imágenes de una pequeña colección de misivas reales de los años 60's, no escritas aún para sus majestades y que saque hoy de mi baúl) mmmm, será la contestación a la pregunta anterior.

Esta carta lleva años circulando por WhatsApp, Facebook, páginas Webs, etc. Se desconoce el autor original de esta tierna carta, pero lo que está claro es que es digna de compartir, y si no la conoces ya puede que te ayude en un momento dado con los peques de la casa. Esta carta-cuento la podéis copiar y leérsela a vuestros hijos o nietos cuando llegue el momento y así explicarles delicadamente y con dulzura la verdad sobre Melchor, Gaspar y Baltasar.

El texto comienza con un diálogo ficcionado. En él una niña explica a su madre que sus compañeros de colegio le han contado que los Reyes Magos son los padres. La madre le dice entonces que debe enseñarle algo, y saca la carta que guardaba secretamente en un cajón.

La misiva es un texto enviado a los padres de la niña por los Reyes Magos, en el que explican que ellos ya son muy viejos y que deben de hacerles tres favores.

- Mamá, mamá... Mis amigas del cole dicen que los Reyes Magos son los padres, ¿es verdaaaad?

La madre de Ariadna sonríe, le da un beso y le dice:

- Mira Ariadna… Tengo que enseñarte algo que guardo en este cajón desde hace 7 años.

Su madre saca del cajón un sobre blanco. Lo abre y le dice a Ariadna:

- Esta carta la recibimos en casa el día en que naciste. Es una carta escrita por los Reyes Magos y que nos piden que les hagamos tres favores. ¿Quieres que te la lea?

- ¡Sí, mamá, por faaaavor!

- Apreciado papá y apreciada mamá de Ariadna...  Somos los Reyes Magos. Sabemos que acaba de nacer Ariadna. Es una niña preciosa que os va a hacer muy felices a los dos. Ya sabéis que cada 6 de enero nosotros vamos en silencio a casa de todos los niños y les dejamos unos regalitos para celebrar el nacimiento del niño Jesús y para decirles lo orgullosos que estamos de ellos.

Pero a partir de ahora no podremos hacerlo porque estamos muy viejecitos y cada vez hay más y más niños en este mundo. No podemos ir a casa de todos. Además, ayer me caí del camello y me rompí el brazo (soy Melchor, un poquito torpe); Gaspar es muy lento porque camina con la ayuda de un viejo bastón y Baltasar, ¡nuestro viejecito Baltasar!, se olvida siempre de dónde tiene la lista de los regalos. Como ves, ya estamos muy mayores y necesitamos pediros tres favores muy importantes:

*Primer favor: Que nos ayudéis a poner los regalos a los niños. Cada padre y madre harán nuestro trabajo el día de Reyes: leerán las cartas de sus hijos y, con la misma ilusión que la nuestra, les pondrán los regalos como si fuéramos nosotros. Así todos los niños del mundo tendrán sus regalos y nosotros podremos descansar y ver, desde lo lejos, sus caritas de alegría.

*Segundo favor: Como esto es un gran secreto, no se lo podréis decir a Ariadna hasta que cumpla los 7 años. Cuando tenga esta edad, ya será mayor y sabrá guardar este secreto. Los niños pequeños no deben saber que nosotros ya no podemos poner los regalos y que son los padres los que nos ayudan porque sino… ¿Qué pensarán de nosotros? ¿Dónde estará la magia? El secreto se ha de decir solo a los niños responsables, a los que ya pueden entender que nosotros les queremos mucho y que por eso pedimos ayuda a sus padres, las personas que más los quieren a ellos.

*Tercer favor: Algunos padres que nos ayudan están enfermos o no tienen dinero para comprar regalos a sus hijos, y también hay niños que no tienen la suerte de tener dos papás. Por eso, necesitamos que vuestros hijos se conviertan “un poquito” en Reyes Magos y compartan algunos regalos con los niños que no tienen tanta suerte como ellos.

Nada más. ¿No es demasiado, verdad? Cuando Ariadna te pregunte por primera vez quiénes son los Reyes Magos, léele esta carta. Entenderá por qué nosotros hemos confiado en vosotros para hacer nuestro trabajo: porque sois las personas que más la queréis en el mundo y que mejor pueden ver su enorme y bondadoso corazón de perla. Besos y abrazos: Melchor, Gaspar y Baltasar.










Y recuerda que "No hay mejor regalo de Reyes que la sonrisa de la gente que nos quiere".