Hoy, 6 de junio, se celebra el Día Mundial del Yo-Yo, un juguete conocido en todo el mundo por su técnica particular y su forma característica de juego, disfrutado tanto por niños como por adultos.
Me habría gustado enseñaros toda mi colección de yo-yos,
especialmente algunos modelos clásicos de Fanta. Son piezas que tienen para mí
un valor muy especial, no solo por lo que representan dentro del mundo del
juguete, sino también por la nostalgia que despiertan y por lo que significaron
en una época en la que este tipo de promociones tenían un encanto único.
Sin embargo, por falta de tiempo, y ya que hoy también se
celebra el cumpleaños del Sr. Duncan (otro de los grandes protagonistas de esta
historia), vamos a centrarnos un poco más en su papel en la popularización del
yo-yo tal y como lo conocemos hoy en día. Y también mencionaré y enseñaré
algunos de sus modelos más emblemáticos, que forman parte de la evolución tan
curiosa y divertida de este juguete.
En cualquier caso, si hay algo que quiero destacar, es
que mis favoritos dentro de la colección son los yo-yos promocionales de Fanta.
Sus colores y su estética tan reconocible los convierten en piezas
especialmente significativas para mí, ligadas tanto a mi infancia como a mi
afición por este mundo.
De hecho, todavía conservo algunos de ellos guardados con
mucho cuidado en “EL BAÚL DE HAL”, un rincón muy especial donde guardo estas
pequeñas piezas de historia del juguete, junto a otros yo-yos de marcas clásicas
como "Russell" y otras que también forman parte de mi colección.
En próximos posts os iré enseñando poco a poco todo ese
material relacionado con los yo-yos y con otros objetos que, aunque no sean
estrictamente yo-yos, están directamente vinculados a este fascinante mundo del
juguete y su historia mmmm fijo que queda pendiente para futuras entradas.
Este juguete fue muy popularizado por Donald F. Duncan,
quien eligió la fecha de su nacimiento (6 de junio de 1892) para conmemorar
esta efeméride. Se cree que el término "yo-yo" tiene origen filipino;
en tagalo significa "viene-viene", en referencia al movimiento de ida
y vuelta que realiza el juguete a lo largo de la cuerda.
El yo-yo existe desde hace miles de años (hay referencias
históricas y piezas antiguas en Grecia y otras culturas desde alrededor del 500
a. C., aunque no está del todo claro si funcionaban exactamente como los
modernos).
El verdadero pionero en Estados Unidos fue Pedro Flores,
un inmigrante filipino que trabajaba como botones en un hotel de Santa Mónica,
California, en la década de 1920. En sus ratos libres, Pedro tallaba bloques de
madera y jugaba con ellos, dando forma a un juguete compuesto por dos discos de
madera (o de otros materiales) unidos por el centro con un eje.
Este iba sujeto a un cordón que se enrollaba y se ataba
al otro extremo al dedo índice o corazón de la mano, permitiendo hacerlo subir
y bajar. Los huéspedes se quedaban embobados mirándolo, fascinados por aquellos
movimientos y por las auténticas virguerías que hacía con aquellos juguetes.
Pedro se dio cuenta del negocio y fundó la Flores Yo-Yo Company.
Pero su verdadera aportación a la humanidad (y no es
broma) fue el sistema de cuerda con lazo (lo que después se conocería como
slip-string o cuerda en bucle): antes de Pedro, la cuerda se ataba firmemente
con un nudo fijo al eje de madera. El yo-yo bajaba y subía inmediatamente.
La genialidad de Pedro fue que, en lugar de un nudo, hizo
un lazo suelto alrededor del eje. Esto reducía el roce y permitía que el yo-yo
se quedara girando abajo sin subir de inmediato. Acababa de nacer el
"sleeping" (el yo-yo "dormido" o "dormilón"), la
base de absolutamente todos los trucos modernos, como pasear al perro o la
vuelta al mundo.
Aquí entra nuestro protagonista: Donald F. Duncan, un
hombre de negocios de pies a cabeza. De hecho, antes de los yo-yos, el tipo ya
se había hecho de oro inventando y comercializando con éxito el parquímetro y
las franquicias de helados Good Humor.
En 1929, Duncan vio el yo-yo de Flores en acción y olió
el dinero. Le compró la empresa y los derechos a Flores por una suma estimada
de unos cientos de miles de dólares de la época (la cifra exacta varía según
las fuentes; se suele citar alrededor de 250.000 $), una auténtica fortuna en
plena Gran Depresión.
¿Y qué hizo Duncan para que un trozo de madera circular
se convirtiera en una obsesión nacional? Marketing agresivo y campañas muy
inteligentes. Duncan se alió con el magnate de los medios William Randolph
Hearst.
Idearon una campaña en la que, en algunos concursos
locales de yo-yo donde se regalaban bicicletas y juguetes, los niños debían
conseguir suscripciones nuevas para el periódico de Hearst para poder
participar o mejorar su posición en el concurso. El resultado fue un enorme
impulso tanto para el periódico como para las ventas de yo-yos.
Duncan contrató a decenas de jóvenes filipinos
(incluyendo al propio Pedro Flores durante un tiempo) y los mandó por todo el
país. Llegaban a las plazas de los pueblos mostrando trucos imposibles. Los
niños, al verlos, querían el juguete inmediatamente.
La nostalgia de los años 60's llevó a Duncan a su época
dorada. En 1962, Duncan lanzó una campaña masiva en televisión con el eslogan
"If it isn't a Duncan, it isn't a yo-yo", que se traduce como
"Si no es un Duncan, no es un yo-yo".
Ese año se vendieron decenas de millones de yo-yos en EE.
UU., en un mercado infantil gigantesco. La frase de "más yo-yos que
niños" es una expresión publicitaria, no un dato literal verificable. De
hecho, el 6 de junio se celebra el Día Mundial del Yo-Yo precisamente en honor
al cumpleaños de Donald F. Duncan, como reconocimiento a su papel en la
popularización global del juguete.
Pero aquí llegó el giro trágico: Duncan había registrado
la palabra "yo-yo" como marca comercial en 1932. Durante años tuvo un
control casi total del término en el mercado estadounidense.
En 1965, la empresa rival Royal Tops los demandó. El juez
federal dictaminó que la palabra "yo-yo" se había vuelto tan común en
el lenguaje popular que ya era un término genérico (lo que hoy se llama
vulgarización de marca, como pasó con Aspirina o Celofán). Duncan perdió los
derechos exclusivos del nombre "yo-yo".
Entre los gastos legales y la presión del mercado, la
compañía entró en una fuerte crisis en esa época y la estructura original de
Duncan desapareció como empresa independiente.
El nombre e historia de Duncan no murieron ahí. Los
activos y la marca fueron adquiridos por Flambeau Plastics, una compañía que ya
fabricaba modelos de plástico para Duncan. Ellos mantuvieron viva la marca y la
orientaron hacia yo-yos clásicos de plástico como el Duncan Imperial o el
Duncan Butterfly, introducido como un diseño más moderno pensado para facilitar
trucos avanzados gracias a su forma más abierta y estable en la cuerda.
Como datos curiosos: si lees en algún sitio que el yo-yo
se usaba como arma de caza en Filipinas en el siglo XVI, es falso. Fue una
historia de marketing creada por el equipo de Duncan en los años 30's para
darle un aire exótico y llamativo al juguete.
En 1974, el presidente Richard Nixon participó en un
evento donde se le enseñó a usar un yo-yo. Existen imágenes famosas de él
practicando de forma bastante torpe. Uno de aquellos yo-yos relacionados con
ese evento llegó a subastarse años después por una muy elevada cifra económica.
En 1985, un yo-yo de Duncan viajó al espacio a bordo del
transbordador Discovery. En microgravedad, el comportamiento cambia
completamente: no se puede mantener el "sleep" como en la Tierra, ya
que el yo-yo no permanece en tensión de la misma forma y flota en la cuerda.
Y ya para terminar, os enseño estos modelos clásicos de
Duncan pertenecientes a mi colección y que saqué de "EL BAÚL DE HAL".
Los bonitos, brillantes y coloridos Duncan Imperial, el
ágil y acrobático Duncan Butterfly, de refinadas líneas aerodinámicas, el
enigmático Duncan Midnight Special, tan oscuro y negro como las profundidades
del espacio sideral, y el fluorescente y majestuoso Duncan Glow, que
resplandece en la oscuridad como si fuera radiactivo.
¡Feliz Día Mundial del Yo-Yo!









