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domingo, 3 de mayo de 2026

DÍA DE LA MADRE CON FINOR

Hoy no es un domingo cualquiera: es el primer domingo de mayo, y eso significa que hoy es el Día de la Madre. Algunas personas pueden abrazarlas y decirles "gracias, mamá" en persona. Otras las recuerdan desde la distancia, desde la memoria o desde ese rincón del corazón donde siguen presentes para siempre.

Pero todos compartimos lo mismo: el deseo sincero de agradecerles lo que hicieron, lo que hacen y lo que dejaron en nosotros. Y por eso quiero felicitar a todas las madres, y muy especialmente a la mía, con este pequeño y brillante recuerdo que tantos guardamos en la memoria y que muchos volveremos a compartir hoy.

Había un tiempo en que mayo no llegaba solo con flores. Llegaba con una cajita de terciopelo que los niños guardaban bajo la almohada, con la respiración contenida y el corazón a punto de estallar. Hablo de las medallas Finor, esas pequeñas obras de arte que durante los años 70's se convirtieron en el regalo más sagrado que un hijo podía ofrecer.

Eran los años del blanco y negro que lentamente se teñía de color, de los escaparates empañados en invierno y de las joyerías de barrio con campanilla en la puerta. Allí, sobre una bandeja de terciopelo azul oscuro, reposaban las medallas Finor, medallas del día de la madre.

Pero lo que realmente distinguía a estas medallas era su filosofía, aquella frase que aparecía en los anuncios de las revistas y en los propios estuches: "Dar mucho, pedir poco". Una declaración de intenciones que resumía a la perfección lo que significaba ser madre y lo que significaba agradecerlo. Los publicistas de entonces, aquellos genios anónimos que trabajaban en blanco y negro, lo entendieron a la perfección: no se trataba de vender una joya, sino de vender un sentimiento.

Y qué joyas. Fabricadas en oro de 18 quilates, las medallas Finor tenían ese brillo cálido que solo el tiempo bien empleado sabe dar. El anverso solía mostrar la imagen de una madre con su hijo, y con aquellas frases escritas, hoy poemas publicitarios más que recordados. El reverso, más sobrio, solía llevar la inscripción "Milagro de amor" o la ya citada "Dar mucho, pedir poco". Era como tener un poema colgado del cuello.

Los niños de entonces, nosotros, las comprábamos con monedas ahorradas durante semanas. Una peseta que sobraba del pan, el dinero de la hucha del Niño Jesús que se desviaba para esta causa más terrenal pero igual de divina, aquellos sobres de cromos que no llegamos a comprar en el kiosco o las chucherías que no adquirimos en la feria. Entrar en la joyería era como cruzar el umbral de un templo. El joyero nos miraba por encima de las gafas, sonreía con esa paciencia infinita que solo se tiene con los que están aprendiendo a ser agradecidos, y nos dejaba elegir.

Pero no siempre bastaba. En más de una ocasión el dinero reunido durante semanas no alcanzaba ni siquiera para la caja de terciopelo que guardaba la deseada medalla. Las monedas quedaban sobre el mostrador, pequeñas, insuficientes, como si el esfuerzo no pudiera terminar de completarse. Era entonces cuando el padre, con una sonrisa y una mirada breve pero suficiente, entendía sin palabras lo que estaba ocurriendo. Sin dramatismos ni explicaciones, intervenía de forma discreta, completando lo que faltaba con la naturalidad de quien sabe que hay momentos que no deben romperse. Gracias a esa aportación silenciosa, aquel pequeño ahorro infantil dejaba de ser insuficiente y se transformaba, finalmente, en una joya de oro de 18 quilates.

Y aquí viene el detalle que muchos recuerdan con especial ternura: las medallas se podían llevar de dos maneras. Las más clásicas colgaban de una cadenita de oro, eslabón a eslabón, tan fina que parecía un susurro. Pero las más entrañables eran las que venían con un broche de lazo de querubín. Ese lazo que engalanaba la medalla como si la vistieran para una ocasión especial. Las madres las prendían sobre el pecho, cerca del corazón, y allí quedaban, discretas pero presentes, acompañándolas en las compras del mercado, en las tardes de plancha, en las noches de fiebre infantil y en los domingos de misa.

El anuncio de televisión, primero en blanco y negro y después con esos colores pastel tan característicos de los 70's, mostraba a una madre joven que abría la cajita y su sonrisa iluminaba la pantalla del televisor del salón. Nosotros, los niños, mirábamos ese anuncio y sabíamos que queríamos provocar esa misma sonrisa a nuestra madre. Y la provocábamos.

Aquellos setenteros primeros domingos de mayo por la mañana, antes de que el café estuviera listo, el niño aparecía en el umbral de la habitación. Manos temblorosas. Pies descalzos sobre las baldosas frías. La cajita blanca con letras doradas Finor. La madre tardaba un segundo en abrir los ojos, otro en entender, y entonces ocurría el milagro: esa luz en la mirada que ningún hijo olvida jamás.

"No fue solo traerlo a la vida", decía otro de aquellos poemas publicitarios. "Por eso sus deditos han descubierto oro en su pecho".

Y así, durante años, esas medallas Finor acompañaron a madres y a hijos. Con el tiempo, la cadena o el lazo se fueron gastando. El oro se volvió más suave, más cálido, más vivido. Cada arañazo era una historia. Cada pequeño desperfecto, un abrazo.

Han pasado cincuenta años. Muchas de aquellas madres ya no están o sus hijos tienen ahora canas y nietos propios. Pero las medallas Finor siguen existiendo. Descansan en pequeños joyeros de madera con incrustaciones de nácar, entre alianzas antiguas, pulseras y collares heredados de otro tiempo.

Cuando hoy alguien ve una de estas medallas ocurre algo extraño: parece que guardan el calor de la piel y el eco de una generación entera. A veces, cuando la luz les da de cierta manera, todavía parecen recién regaladas. El metal sigue pareciendo tibio. No es un objeto viejo, es una conexión directa con la voz de una madre llamando desde la ventana al caer la tarde. Es la prueba de que el amor de una madre es, efectivamente, el único metal que nunca se oxida.

Aquellas pequeñas obras de arte de los años 70's siguen recordándonos que las joyas más valiosas no se tasan por sus quilates, sino por las veces que fueron apretadas entre las manos durante un deseo, un recuerdo o un simple "gracias, mamá".

¡Feliz Día de la Madre!




sábado, 28 de marzo de 2026

SEMANA SANTA PARA RECORDAR

Ya tenemos aquí la Semana Santa y con ella me llegan muchos entrañables recuerdos del ayer, de esos que aparecen sin avisar, como el olor a cocina antigua o el sonido lejano de un tambor en la calle. Recuerdos que no hacen ruido pero que se quedan, que tienen algo de ternura y de tiempo detenido, como si en esos días el mundo fuera un poco más lento y todo tuviera más sentido.

La Semana Santa siempre ha tenido ese aire especial, una mezcla de recogimiento, tradiciones familiares y pequeñas costumbres que, si uno se detiene a pensarlo, se han ido quedando poco a poco en el cajón de la memoria. Algunas sobreviven, otras resisten como pueden, y otras ya solo viven en fotografías ligeramente amarillentas o en conversaciones que empiezan con un "¿te acuerdas cuando…?".

Antes, la Semana Santa no empezaba en las redes sociales ni en calendarios digitales, empezaba en la cocina. Era un anuncio silencioso pero infalible. El olor de aquel potaje de bacalao tan bueno que hacía tu madre o la abuela, o de aquellas torrijas con un aroma que se colaba por cada rincón de la casa, impregnando cortinas, pasillos y hasta la ropa tendida. No había versiones modernas ni experimentos imposibles, solo pan duro, leche, huevo, azúcar y canela, y ese ingrediente invisible que nunca falla: el cariño. Cada casa defendía su receta como si fuera un secreto de estado, y en todas, curiosamente, estaban convencidos de tener la mejor.

Mientras tanto, siempre había una voz que recordaba con solemnidad aquello de "no se come carne, que es Viernes Santo", aunque luego aparecieran en la mesa unas croquetas de vigilia que sabían demasiado bien como para hacer muchas preguntas… jajajaja. Era parte del encanto, de esa pequeña contradicción tan humana que también formaba parte de la tradición.

Y luego estaban esos momentos que hoy parecen sacados de otra época, como los niños rezando antes de dormir, a veces con sus muñecos alineados a su lado como si formaran una pequeña congregación doméstica. Aquello no era una escena preparada ni una imagen para compartir, era pura inocencia, una especie de teatro íntimo donde cada muñeca tenía su papel. Había alguna especialmente devota y otra que parecía estar allí por compromiso, pero todas participaban. Y uno rezaba medio en serio, medio con sueño (como la niña de la foto), confiando en que Dios entendería las prisas. Hoy, si ves a un niño arrodillado en su cuarto, lo más probable es que esté buscando el cable del móvil y no recitando un padrenuestro, y además de verdad… jejejeje.

La casa se llenaba también de otro tipo de rituales, como el de encender la televisión y encontrarse, sin sorpresa pero con cierta satisfacción, con las mismas películas de siempre. Ben-Hur, Los Diez Mandamientos y alguna historia de romanos donde el sufrimiento era casi un personaje más. Se veían cada año, sabiendo perfectamente lo que iba a pasar, pero daba igual, estábamos todos juntos, en familia, compartiendo momentos. Era tradición, y las tradiciones no necesitan novedades para seguir teniendo valor.

Fuera, las calles parecían respirar de otra manera. Había menos ruido, más pausa, una especie de respeto que no hacía falta explicar. Incluso los niños bajaban la voz al pasar una procesión, como si entendieran que ese momento pedía silencio. No era un silencio incómodo, sino uno lleno de significado, de esos que hoy cuestan encontrar entre notificaciones de mensajes y prisas.

La Semana Santa no necesitaba grandes planes. Bastaba con salir a pasear sin rumbo, con ese clásico "vamos a dar una vuelta" que terminaba siendo el mejor plan del día. Se caminaba sin objetivo, se encontraba a gente conocida, se compartían conversaciones sencillas y se volvía a casa con la sensación de haber hecho algo importante, aunque no se supiera muy bien qué.

También estaba ese pequeño gran acontecimiento de estrenar ropa. No hacía falta nada extraordinario; bastaba con una camisa nueva o unos zapatos que crujían al andar. Había una mezcla de orgullo y cuidado, de querer lucir sin estropear, de sentir que ese detalle formaba parte de algo mayor. Y muchas veces, esa ropa nueva tenía un destino claro: ir bien guapos o guapas a bendecir las palmas o el laurel, esas ramas elaboradas y personalizadas con lazos brillantes o con golosas golosinas colgadas de ellas, que los niños lucían con tanto orgullo como el estreno mismo (como se ve en la foto de un servidor con el palmon, tomada en 1977; mmmm, aunque los caramelos colgados no llegaron a la foto, jejeje). Era una felicidad discreta, pero profundamente auténtica.

Con el tiempo, muchas de estas cosas han ido cambiando. Ahora hay más opciones, más estímulos, más distracciones. Antes había menos, pero quizá por eso se aprovechaban más. Donde antes había costumbre, ahora hay improvisación; donde antes había pausa, ahora hay prisa. Y sin darnos cuenta, entre mensaje y mensaje, se nos han ido escapando esos pequeños rituales que, sin hacer ruido, construían recuerdos duraderos.

Sin embargo, no todo se ha perdido. Algunas tradiciones siguen vivas y otras incluso regresan con fuerza, aunque a veces lo hagan disfrazadas de modernidad. Tal vez no se trate de volver atrás ni de repetir exactamente lo mismo, sino de recuperar la esencia de lo que hacía especiales estos días: el tiempo compartido, la calma, el estar presente sin necesidad de llenar cada minuto.

Porque al final, la Semana Santa no era solo lo que se veía en las calles o en la televisión, sino todo aquello que ocurría en los pequeños gestos, en las rutinas sencillas, en los momentos que parecían insignificantes y que ahora, con la distancia, se revelan como los más valiosos. Y quizá, si afinamos un poco la memoria y bajamos el ritmo, todavía estemos a tiempo de rescatar algo de todo eso y devolverle a estos días ese sabor tan especial que nunca debimos dejar escapar.

Bueno, amigos, solo me queda desearos una feliz Semana Santa, y si cogéis unos días de descanso, recordad que aún estamos a tiempo… de bajar el ritmo, de compartir una torrija en buena compañía y de dejar que estos días tengan, aunque sea un poco, ese sabor de antes que tan bien nos sienta. Yo también me tomaré unos días, porque a veces uno necesita parar, respirar y dejar que los recuerdos hagan su trabajo. Nos vemos a la vuelta, con las pilas cargadas y, quién sabe, quizá con algún viejo recuerdo nuevo que contar.


martes, 23 de diciembre de 2025

EL BELÉN DE CONGUITOS: CUANDO LA NAVIDAD SABÍA A CHOCOLATE Y CACAHUETE

Un año más vuelven estas fiestas tan nuestras, las Navidades. Días de reencuentros, de recuerdos que regresan sin llamar y de pequeños objetos que, casi sin querer, nos devuelven a otros tiempos. Desde este rincón nostálgico, lleno de memorias retro-vintage, quiero compartir con vosotros no solo una felicitación, sino también una historia que huele a infancia, a cartón, a meriendas y a sonrisas guardadas en el fondo de un viejo y mágico baúl.

Este blog nació para eso: para detenernos un momento, mirar atrás con cariño y rescatar esos fragmentos del pasado que siguen teniendo algo que decirnos. Y qué mejor manera de desearos unas felices fiestas que hacerlo a través de un recuerdo entrañable, sencillo y muy nuestro. Con este artículo quiero acompañaros en estas Navidades, agradeceros que sigáis ahí un año más y desearos que estos días estén llenos de calma, memoria y pequeños grandes momentos felices.

Hay objetos que no fueron creados para ser importantes y, sin embargo, acaban siéndolo. No por su precio, ni por su rareza, ni siquiera por su belleza, sino porque quedan atrapados en un rincón muy concreto de la memoria. El belén de Conguitos es uno de ellos. Un belén pequeño, de cartón y plástico, nacido sin pretensiones, que hoy despierta sonrisas, recuerdos y una cierta sensación de "esto ya no se ve".

No surgió de la tradición artesana ni de la devoción religiosa. No pasó por manos expertas ni fue pensado para durar generaciones. Nació en una fábrica, con código de lote, fecha impresa y bolsas de chocolate en su interior. Fue un producto promocional de la campaña de Navidad de 2003-2004, diseñado para vender Conguitos y acompañar las fiestas de una manera desenfadada. Y, sin embargo, contra todo pronóstico, terminó convirtiéndose en algo más.

Dentro de la caja esperaba una escena tan improbable como entrañable: la Sagrada Familia reinterpretada por los propios Conguitos. José, María y el Niño Jesús, transformados en figuritas redondeadas, sonrientes, casi infantiles, refugiadas bajo un pequeño establo de cartón ilustrado con una vaca y un burro dibujados con trazo amable. No había musgo natural ni estrellas doradas, pero sí chocolate. Y, curiosamente, había ternura.

Este belén no se imponía. No pedía respeto ni solemnidad. Se integraba en la casa como un objeto más, casi como un juguete. Se abría la caja, se repartían los Conguitos (eso era lo primero) y luego, si había tiempo y ganas, se montaban las figuras. Podía acabar junto al árbol, sobre una estantería o en cualquier rincón improvisado. Era una Navidad sin coreografía fija, vivida con naturalidad.

Para muchas personas, Conguitos forma parte de una memoria emocional muy concreta. Está ligado a kioscos de barrio, a cumpleaños infantiles, a recreos compartidos y a meriendas que sabían a premio. Este belén conecta directamente con todo eso. No representa solo una escena religiosa reinterpretada, sino una forma de vivir la Navidad desde lo cotidiano, desde lo cercano, desde lo reconocible.

Hay algo casi cómico (y profundamente humano) en ver a la Sagrada Familia convertida en muñecos de marca. No como burla, sino como traducción al lenguaje de la infancia. Como si alguien hubiera pensado: "hagámoslo sencillo, hagámoslo nuestro". Y esa falta de solemnidad es precisamente lo que lo hace entrañable. No intenta elevar la Navidad; la baja a la mesa del salón.

Con el paso del tiempo, el belén de Conguitos ha adquirido otra capa de significado. Mirado desde hoy, es evidente que pertenece a otra época, a un momento en el que la publicidad era más ingenua, más despreocupada y menos consciente de ciertos debates actuales. Si se lanzara ahora, probablemente no vería la luz, pero, como objeto del pasado, se contempla de otra manera.

Hoy no se percibe tanto como una provocación, sino como un testimonio. Un pequeño documento cultural que habla de cómo eran las sensibilidades, el humor y la relación entre marcas y tradición hace veinte años. Esa distancia genera una mirada doble, afectuosa y reflexiva al mismo tiempo. Una mirada que no niega el contexto, pero tampoco renuncia al cariño.

La mayoría de estos belenes no sobrevivieron. Cumplieron su función y desaparecieron. Se tiraron junto con el cartón, se perdieron las figuras, se olvidaron en mudanzas. Los que han llegado hasta hoy lo han hecho por puro azar: una caja guardada "por si acaso", un belén que nadie se atrevió a tirar, un objeto rescatado del trastero en una limpieza navideña.

Por eso, cuando reaparecen, no provocan escándalo ni indignación, sino algo mucho más suave: una sonrisa. La sensación de reencontrarse con una forma de vivir la Navidad más simple, menos solemne y más doméstica. Una Navidad que cabía en una caja de cartón y olía a chocolate.

El belén de Conguitos no es perfecto ni pretende serlo. Es frágil, comercial y claramente hijo de su tiempo. Pero precisamente ahí reside su encanto. En recordarnos que la Navidad no siempre fue grandiosa ni intocable. Que también pudo ser juguetona, improvisada y un poco gamberra. Que pudo vivirse sin discursos, sin solemnidad y con las manos llenas de chocolate.

Quizá por eso sigue teniendo sentido recordarlo. No para repetirlo ni para reivindicarlo como modelo, sino para entenderlo como lo que es: un pequeño fragmento de memoria colectiva. Un belén improbable que, sin proponérselo, acabó convirtiéndose en una fotografía emocional de una época.

Y, al final, eso es lo que hacen los buenos recuerdos: no explican nada ni dan lecciones. Simplemente nos hacen sonreír y pensar, con cierta complicidad, que hubo un tiempo en el que la Navidad también podía ser así. Pequeña. Dulce, y con un poco de cartón.

¡FELIZ NAVIDAD Y MUY FELICES FIESTAS! 










Las imágenes sin marca de agua fueron obtenidas de Internet; los créditos corresponden a sus respectivos autores.

 


lunes, 4 de agosto de 2025

TOI DE VACASIONE

Como alguno de los míticos cromos de Bollycao decían: "TOI DE VACASIONE".

Ha llegado ese momento del año en el que toca desconectar un poco, cerrar el portátil, dejar el reloj a un lado y cambiar el teclado por unas chanclas.

Me marcho unas semanas a recargar pilas y recuperar el modo lento, como hacíamos en los veranos de antes: sin prisa, sin Wi-Fi, sin móvil y con ganas de no hacer nada… desconectar, parar y dejar que los días pasen sin reloj.

Gracias por seguir ahí, por leer, comentar o simplemente pasar de vez en cuando. A la vuelta, más nostalgia, más historias y, quién sabe, quizás más Tois, jejejejeje.

Nos vemos a la vuelta. Hasta entonces...

¡TOI OFF, PERO TOI BIEN 

sábado, 8 de marzo de 2025

FELICIDADES MUJERES DE LA TIERRA… Y DE MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS

Hoy es 8 de Marzo, hoy es tu día, hoy es el día internacional de la mujer, aunque seamos sinceros, todos los días son tuyos. Has conquistado cada rincón del mundo (y quién sabe, tal vez también de la galaxia), demostrando que la verdadera fuerza no está solo en los músculos, sino en la valentía, la inteligencia y esa increíble habilidad de hacer mil cosas a la vez… y sin despeinarte.

¿Trabajar, estudiar, cuidar, luchar y aún tener energía para seguir soñando? Hecho.

¿Resistir, romper barreras, cambiar la historia y de paso dejarlo todo en su sitio? Hecho.

¿Salvar el día, organizar el caos y brillar con luz propia? Hecho.

¿Recordar cumpleaños, equilibrar cuentas, manejar crisis existenciales ajenas y aún así llevar la agenda al día? Más que hecho.

¿Sacar tiempo de donde haga falta para poder compartirlo con los tuyos? Hecho y requetehecho.

Si en el espacio hay civilizaciones avanzadas, seguro aprendieron de las mujeres. Porque si alguien sabe enfrentarse al mundo, desafiar lo imposible y seguir adelante con la cabeza en alto, esa eres tú.

A lo largo de la historia, muchas veces intentaron hacerte creer que no podías, que no eras lo bastante fuerte o lo bastante capaz. Y sin embargo, aquí estás, rompiendo barreras, cambiando el mundo y demostrándole a la vida que si puedes.

Así que hoy, como todos los días, es un buen momento para recordarte lo que ya sabes: eres poderosa, eres increíble y nadie puede detenerte.

¡Feliz día a todas las mujeres que siguen conquistando el mundo… y las estrellas! 

viernes, 14 de febrero de 2025

EL BANCO DE LOS AMORES

Hoy es un día especial. Un día para celebrar el amor en todas sus formas, para recordar esas historias que dejaron huella en el alma. Y qué mejor manera de hacerlo que trayendo al presente una de esas antiguas costumbres que, poco a poco, se han ido perdiendo con el tiempo.

¿Recordáis los árboles con corazones grabados en sus troncos? Nombres unidos por la flecha traviesa de Cupido, eternamente enlazados en la corteza de un árbol. O aquellos corazones de tiza en las paredes (como bien decía Radio Futura en una de sus más recordadas canciones), o en la pizarra de la escuela, testigos inocentes de primeros amores que latían en secreto.

¿Cuántas veces dibujamos un corazón en la arena de la playa, solo para verlo desvanecerse con la llegada de una ola? Amores efímeros, como la espuma del mar, que desaparecían con el tiempo, pero que en su momento fueron intensos y verdaderos. Otros, en cambio, resistían como tatuajes en la piel, marcados para siempre, sin importar el paso de los años.

El amor siempre ha buscado la manera de dejar su rastro. Desde los suspiros escritos en los márgenes de un cuaderno hasta cartas perfumadas escondidas entre las páginas de un libro. Desde promesas susurradas en una noche estrellada hasta nombres escritos en el vaho de una ventana en invierno. Pequeñas huellas de sentimientos que querían ser eternos.

Pero de todas estas formas de inmortalizar el amor, hay una que guardo con especial cariño. Una tradición de mi infancia, en un rincón de Barcelona, en el Paseo de San Juan. Allí, entre parques y columpios, existían unos bancos de pino verde. Eran bancos corrientes, desgastados por el tiempo… pero uno de ellos tenía algo especial. La pandilla lo llamábamos el banco de los amores.

No hacía falta papel ni tinta, solo un pequeño punzón y un corazón latiendo fuerte en el pecho. Nos sentábamos allí, con la cabeza llena de sueños y el estómago con inquietas mariposas revoloteando, y con la paciencia de quien quiere que algo dure para siempre. Con cuidado, grabábamos los nombres de aquellos amores que, en ese momento, sentíamos eternos.

Aquel banco se llenó de historias. Nombres superpuestos, escritos con dulzura, con nervios, con ilusión. Algunas inscripciones apenas visibles bajo nuevas capas de pintura, otras grabadas con tanta fuerza que ni los años lograron borrar. No importaba cuántos nombres se sumaran, cuántas capas de barniz intentaran ocultarlos… el banco de los amores seguía allí, testigo fiel de secretos compartidos, de risas nerviosas, de silencios cómplices.

A veces volvíamos a sentarnos en él, incluso cuando el amor que habíamos grabado se había esfumado. Pasábamos los dedos sobre los nombres, recordando lo que sentimos en aquel momento. Quizá con nostalgia, quizá con una sonrisa, o tal vez con alguna lágrima y la certeza de que, por fugaz que fuera, aquel amor existió y mereció ser recordado.

Hoy me pregunto qué habrá sido de aquel banco, el banco de los amores. ¿Seguirá allí, en algún rincón, testigo silencioso de tantos suspiros y promesas? ¿O tal vez desapareció, llevándose consigo todos esos amores que un día fueron escritos con tanto fervor?

Lo único que sé es que, en mi memoria, sigue intacto. Como si el tiempo no hubiera pasado. Como si aún pudiera ver, entre aquellos nombres grabados, el tuyo y el mío.

Feliz Día de San Valentín. Feliz Día de los Enamorados.










domingo, 5 de enero de 2025

¡UN ÚLTIMO ESFUERZO! EL ROSCÓN DE REYES NOS ESPERA

¡Ánimo, que ya falta menos! Solo queda el roscón de Reyes para cerrar otra Navidad llena de recuerdos. Al ver a Mazinger Z así, no puedo evitar pensar en aquellas tardes de infancia, cuando lo veíamos salvar al mundo con sus icónicos "¡Puños Fuera!" y soñábamos con tener su fuerza. Ahora, con los años, parece que hasta él se ha rendido a los excesos de las fiestas… ¡ni los héroes se libran del roscón! Pero, entre tanta nostalgia y risas, recordemos que la verdadera magia no está solo en los regalos o la comida, sino en seguir disfrutando como niños. ¡Un último empujón y cerremos esta temporada con broche de oro! ¡FELICES REYES!

sábado, 4 de enero de 2025

LA CARTA A LOS REYES MAGOS MÁS ANTIGUA DE ESPAÑA

En diciembre de 1899, la niña almeriense Amalia Yebra hizo eso que los niños españoles llevan décadas haciendo cuando se acercan las Navidades: escribirles una carta a los Reyes Magos. Pidió "una muñeca de China", una "caja de dulce" y un "cabá" (un cabás, una maleta pequeña en la que llevar los libros u otros utensilios al colegio).

Desde la perspectiva del siglo XXI, parece una carta bastante realista e incluso comedida, aunque la pequeña pertenecía a una de las familias más ricas de Almería y esas peticiones eran lujos para la mayor parte de la población. Esas primeras cartas a los Reyes que se conservan provienen de casas burguesas y adineradas. Alejandro Buendía, director del Museo de Terque (Almería), cuyo Museo de Escritura Popular alberga una colección de más de 20.000 cartas, de las que muchas son para pedir regalos para el 6 de enero, asegura: "Normalmente, los pobres poco tenían que pedir y poco tenían que escribir".

La de Amalia Yebra es la carta a los Reyes más antigua que se conserva con una niña como remitente, pero en el museo atesoran, además, otra anterior, de 1892. Quienes escriben en este caso son sus propias majestades de Oriente. Le dicen al pequeño José María Guillén-García y Gómez que saben que los quiere mucho y que ama "con delirio al Niño Jesús y a la Virgen Santísima". Le explican que le han dejado unas cuantas cosas, pero que habría tenido más regalos si se hubiese portado mejor. De cada uno de los regalos le cuentan para qué es: las "pastillas del Congo" y agua de colonia para que no le cueste lavarse la cara y sea dócil; el coche y el columpio "para que no grites y saltes tanto"; la pizarra "para que juegues quietecito".

Esas son las dos únicas cartas que el museo conserva del siglo XIX, cuando los Reyes Magos llevaban apenas unas décadas dejando regalos. El autor Pepe Rodríguez recoge en su libro Mitos y ritos de la Navidad que la tradición parece haber nacido como un intento de competir contra San Nicolás, el obispo turco que es el antecedente directo de Papá Noel y cuya fama de benefactor dio pie a la leyenda e hizo que, desde el siglo XIII más o menos, empezase a dejar regalos a los niños de varios países europeos el 6 de diciembre.

Al principio, solo los niños de las familias más pudientes escribían cartas y recibían regalos de los Reyes, pero "conforme el nivel de vida va siendo más elevado, a partir de los años 50's o 60's, con más acceso a dinero para dedicarlo a los juguetes, empiezan a aparecer más cartas", explica Buendía.

Pero pongamos otros entrañables ejemplos que guardan en el museo de Terque, como la carta del 1 de enero de 1939. Jaime Quiros pide desde Oviedo "una buena caja de lápices de colores", ya que ha sido "bastante bueno y obediente", aunque "algo lloroncín" (pero "poca cosa").

El día de Reyes de 1944, el alicantino Paquito Segrelles ya se va trabajando los regalos del año siguiente y agradece a Melchor, Gaspar y Baltasar todo lo que le han traído. Promete que aprenderá mucho, será "un hombre", bueno y obediente con sus papás y querrá mucho al Señor: "Que es a quien tengo que agradecerle todo esto", escribe.

Todos los niños saben que los Reyes Magos solo te traen regalos si te has portado bien durante el año y suelen dedicar algunas palabras a convencerlos de su bondad. Cuando son conscientes de que a lo mejor no cuela, se deshacen en promesas. "Este año he sido algunos días muy bueno, pero otros… he sido regular", admitía Rafael Martínez Oña y López en 1961. Aun así, prometía que el año siguiente sería "todos los días muy bueno y estudioso", razón que consideraba suficiente para que le llevasen todas las cosas que iba a pedir ("ya que sus Majestades son tan buenos").

Este asegurar haber sido bueno o, en su defecto, prometer serlo es de las pocas cosas que no han cambiado en las cartas. Las cartas a los Reyes Magos son un testimonio fantástico a través del que leer entre líneas cómo ha cambiado la sociedad, y es también "un reflejo de los juguetes de cada época", indica Buendía. La niña Pepita Navajas pedía en 1961 "unas zapatillas, un misal, unos zapatos, una cartera y una medallita de plata", una lista aparentemente sin juguetes y solo con regalos de tipo práctico entre los que llama la atención el misal.

¿Era extraño en el momento? "Jugar a juegos con temas religiosos era recurrente", explica el director de los Museos de Terque. "Los niños jugaban a decir misa, a hacer de cura, y había juguetes que se hacían con toda la parafernalia de la iglesia", asegura. En cuanto a los objetos prácticos como la ropa, solían tener detrás la influencia de los progenitores.

Además de para uno mismo, era también habitual pedir cosas para el resto de la familia, para miembros del servicio o incluso para niños pobres. Es lo que hizo Mari Carmen Navarro en 1959. Tras enumerar lo que quería para ella, pidió también agua de colonia para su abuela y su madre, una pluma estilográfica para su hermana, una rebeca nueva para su cocinera, ya que la llevaba rota y le daba "mucha lástima", y un paraguas para su costurera. También se acordaba de "esos niños y niñas pobres que se quedan mirando a los escaparates y tienen tanto frío y que no tienen qué comer" y pedía que los Reyes se acordaran de ellos.

Y entraba de lleno en el debate infantil sobre si los Reyes existen o no: "Ya sabéis que hay niños muy malos y dicen que los Reyes son los padres, pues no les llevéis juguetes", sentenciaba.

Los buenos deseos para otras personas y para la sociedad siguen apareciendo también en las cartas actuales que tiene el museo, aunque Buendía advierte de que hay que recordar que son cartas para un concurso y que "todo el mundo quiere quedar bien".

Aun así, a través de ellas se pueden ver también las preocupaciones de los niños en cada momento. "En los momentos duros de crisis económica, que los niños pidan trabajo es recurrente", pone como ejemplo Buendía, que cuenta que en las cartas se ve muy bien cómo "los problemas de los mayores se trasladan a los niños".

No solo se ven los cambios en el contenido de las cartas: la forma y el material también cuentan una historia. El propio papel utilizado para escribir la carta muestra cómo la tradición de los Reyes Magos se fue popularizando. En las primeras cartas que se conservan, el papel es una simple hoja, pero a partir de los años 30's y 40's aparece ya el papel específico para la carta a los Reyes con su iconografía, explica Buendía.

En los 50's y 60's, las jugueterías y fábricas de muñecas ya crean sus propios papeles para la carta, en los que introducen sus productos. "De ahí a lo de ahora, casi catálogos en los que los niños pueden marcar con una X los juguetes que quieren", indica el director del museo.

En las cartas antiguas son evidentes también otros dos cambios que tienen que ver con la educación. Por un lado, en la caligrafía. Incluso cuando son cartas claramente escritas por una mano adulta, "tienen una letra muy parecida porque se enseñaba así", cuenta Alejandro Buendía. Más angulosa e inclinada y menos redonda que la actual. Por otro lado, muchas fórmulas de la comunicación epistolar también llaman la atención cuando el remitente es un niño.

En 1939, Jaime Quiros cerraba su carta deseándoles a sus Majestades de Oriente un feliz viaje y con algo que nadie se imagina a un niño (ni a un adulto) del 2025 escribiendo: "Les saluda este pequeño servidor que les besa sus reales manos".

Alejandro Buendía explica que en los cuadernos de escuela de los años 20's, 30's o 40's suelen aparecer ejercicios relacionados con la escritura de cartas en los que se aprecian esas fórmulas hiperformales que encontramos no solo en cómo se dirigen los niños a los Reyes Magos, sino también los adultos en cartas o postales a personas con las que muchas veces tienen una relación íntima.

La comunicación postal es prácticamente inexistente en el universo de los niños y las niñas de la actualidad, y esa es una de las razones principales por las que el Museo de la Escritura Popular de Terque decidió organizar su concurso de cartas a los Reyes Magos hace ya algunos años. "Nos interesa que el género epistolar tenga un espacio", explica Buendía, "que los niños sepan qué es una carta, conozcan el papel de carta, dónde se escribe la dirección y el remite, y que hace falta un sello…".

Quieren evitar que todo esto se olvide y que dentro de pocos años no sepan qué es una carta, un sello o qué es un buzón.

Alejandro Buendía es consciente de que las cartas que conservan ellos en el museo son una muestra muy pequeña de las que se han escrito desde finales del siglo XIX: se trata únicamente de cartas que han sido guardadas por los padres y las familias y que luego han sido donadas al museo.

Perdidas para siempre quedan las que no fueron atesoradas año tras año y también las muchas que los niños enviaron a los Reyes Magos por correo: todas esas que acabaron en un buzón ordinario o en alguno especial puesto por Correos o una juguetería fueron en su mayoría destruidas.

Después están las cartas no escritas, los deseos de los niños más pobres que no han quedado registrados. Las cartas, especialmente hasta los años 50's o 60's, cuentan solo la historia de los niños más acomodados. El director de los Museos de Terque señala que muchas veces la gente más humilde del pueblo recuerda cómo eran sus Reyes: "Por la mañana aparecía en el zapato una naranja, unas peladillas, un mantecado o un dulce".

Jajajajaja me viene a la memoria una historia que me contó mi padre, sobre una mañana de Reyes siendo él muy niño y que tiene mucho que ver con esto último que os cuento, lo de los zapatos y los dulces, os dejaré el enlace al final del post, ya que en su día también la escribí, fijo que os sacará unas risas.

Otras situaciones en las que "todos los años se repetía el mismo regalo", siempre la misma muñeca "que se guardaba para que no se estropeara". Este tipo de regalos "no precisaban de una carta".

Aunque las cartas y los regalos han cambiado con los años, la magia de los Reyes Magos sigue viva. Al fin y al cabo, si nos hemos portado bien, todos merecemos un toque de ilusión y un saco lleno de sueños.

¿Y tú, ya escribiste la carta a Sus Majestades los Reyes de Oriente?

¡FELICES REYES MAGOS!

CUENTO DE NAVIDAD PARA UNA MAÑANA DE REYES





martes, 31 de diciembre de 2024

COMIENZA LA CUENTA ATRÁS ¡FELIZ 2025!

¡Os deseo un Feliz Año Nuevo! Que este año vuestros sueños se inflen como estas pasas de camino a ser uvas, recordándonos que siempre es posible regresar a nuestra mejor versión, incluso cuando la vida nos haya secado un poco. Porque sí, a veces nos sentimos como esas pasas, cargando con los días pasados, pero no olvidemos que dentro de nosotros siempre está la semilla de la esperanza y la superación.

Este año nuevo es como ese soplo de aire fresco que necesita el alma: un momento para hidratar lo que parecía perdido, para inflar nuestras metas con ganas renovadas y para darnos permiso de soñar a lo grande. Y mientras lo hacemos, ¡brindemos por las risas, las lágrimas, los errores y las victorias del año que dejamos atrás! Todo eso nos hizo quienes somos hoy.

Porque, al fin y al cabo, ¿qué sería la vida sin un poquito de humor? Si estas pequeñas pasas pueden soñar con ser uvas de nuevo, ¿por qué no podríamos nosotros alcanzar lo que nos proponemos? Así que toma aire, sueña en grande y déjate llevar por la magia del nuevo año. Que el 2025 esté lleno de aventuras, risas y momentos que se conviertan en memorias inolvidables.

¡Feliz Año Nuevo! A inflar esos sueños, brindar con el corazón y disfrutar de lo que está por venir.

lunes, 5 de agosto de 2024

MODO VACACIONES

¡Es hora de un pequeño descanso! Ya estoy de vacaciones y, durante unas semanas, nuestro blog estará inactivo. Pero no os preocupéis, mientras tanto podéis explorar todo lo publicado en nuestro entrañable rincón. ¡Hay un montón de recuerdos y muchas historias esperando a ser redescubiertas!

Regresaré con nuevas viejas historias y sorpresas frescas para compartir con todos vosotros, y lo que es más importante, con "EL BAÚL DE HAL" lleno, llenito de nostalgia. Gracias por acompañarme en este viaje. ¡Hasta pronto y que cada día de este verano os traiga momentos especiales!

sábado, 6 de enero de 2024

¿QUÉ OS HAN TRAÍDO LOS REYES?

Esta mañana del 6 de enero, corrí hacia el árbol lleno de expectativas, ya que este año, en mi carta a los Reyes, pedía un Tesla para sumarme a la revolución eléctrica.

Al abrir el regalo, me sorprendí al encontrar un auto de choque de feria y una nota que decía: Prepárate para zigzaguear por la vida con diversión garantizada. Aunque este coche eléctrico no sea un Tesla, te recordará que la travesía puede ser emocionante.

¿Listo para un viaje lleno de giros, choques y risas en la pista de la vida?

¡Pues a disfrutar de la inesperada travesía eléctrica y de sus sorpresas!

Firmado: Melchor, Gaspar y Baltasar, SusMajestades los Reyes Magos de Oriente. 

Parece que los Reyes Magos tienen una forma única de recordarme que la transición hacia lo verde puede ser emocionante y llena de sorpresas jejejejeje.


¡FELIZ DÍA DE REYES MAGOS!

domingo, 31 de diciembre de 2023

¡FELIZ AÑO NUEVO 2024!

En este nuevo año, deseo que todos tus sueños y deseos se hagan realidad, que los recuerdos de nuestro blog te envuelvan con la nostalgia de viajar en una máquina del tiempo. Que cada entrada sea un portal a momentos inolvidables y que el nuevo año te reserve experiencias aún más extraordinarias.


¡FELIZ AÑO NUEVO 2024!

sábado, 23 de diciembre de 2023

ESTOS MUÑECOLATES ¿LLEGARÁN A NAVIDAD?

Mi hermana me preguntó: "¿Qué quieres que te traiga de la panadería cuando salga de trabajar?" Quise ponérselo difícil y le pedí un muñeco de chocolate, además de que vistiera como un Rey Mago, ya que estábamos en plenas fiestas navideñas… Por pedir que no quede. Cuál fue mi sorpresa cuando aquella tarde, mi hermana al salir de la panadería donde trabajaba me trajo el muñeco que le pedí. Me dejó con la boca abierta, puesto que desconocía por completo la existencia de los "muñecolates". Creo que salieron ese mismo año, en 1975, pero palabrita del niño Jesús jejejejeje, que nunca los había visto y desconocía por completo su existencia. Desde ese día, pensé: "Tengo una hermana que, además de ser guapísima y cariñosa, es mágica, es como un hada". Y la verdad es que sigo pensándolo… ¡Feliz Navidad, hermana! Te quiero y te envío muchos besos allá donde estés.

Fue a mediados de los 70's cuando, gracias a mi querida hermana, conocí y saboreé esos deliciosos muñecolates de Elgorriaga. Aquella dulce casa nos ofrecía diversos productos basados en el chocolate, como lingotes, monedas de chocolate, trufas, lenguas de gato y, especialmente, los muñecolates. Las figuras que os muestro no son las originales que acompañaron a varias generaciones de españoles durante las fiestas navideñas, pero también son de una casa más que centenaria, con unas chocolatinas riquísimas y son las que adornan mi árbol navideño aunque en las imágenes solo os muestro un trocito de árbol, una cuarta parte de él, y sin decoración, ya que he querido hacerlo lo más parecido al del anuncio de los mencionados muñecolates.

Ya le gustaría a Willy Wonka estar al frente de "Simón Coll". Esta fábrica de chocolate deja un sugerente aroma a cacao tostado que inunda las calles del centro de Sant Sadurní d’Anoia, considerada la cuna del cava en el Penedés. Tabletas, monedas, huevos de Pascua, calendarios de adviento, turrones, bombones, paraguas, botellas de cava de chocolate o estos atractivos y deliciosos muñecolates, que no se quedan mancos jejejejeje. Aunque en mi recuerdo estén los de Elgorriaga, no le puedo hacer ascos a estos deliciosos muñecolates de Simón Coll, son una pasada de buenos.

Intentaré resistir la tentación de comérmelos, pero fijo que no todos llegarán al final de las fiestas. Siempre podemos recurrir al socorrido y picaresco truquillo de dejar en el árbol el papel de envoltorio colgado. No os hagáis los tontos o tontas, no os escandalicéis, que disimuláis muy mal. Seguro que también os comisteis algún muñecolate y dejasteis el papel disimuladamente moldeado para intentar que no se notara la carcasa vacía jajajajaja. 

Y ya terminamos este post con un cuento de Navidad, dedicado a los dulces muñecolates.

LA LEYENDA DE LOS MUÑECOLATES EN EL ÁRBOL DE NAVIDAD.

Hace muchos años, en un pequeño pueblo rodeado de montañas cubiertas de nieve, existía una mágica tradición durante la temporada navideña. La leyenda decía que cada año, los duendes navideños preparaban pequeños muñecos de chocolate con sus hábiles manos y los colgaban en los árboles de Navidad de las casas.

Cuenta la historia que estos muñecos, llamados cariñosamente "muñecolates", eran portadores de buena fortuna y alegría. Se decía que los duendes los colocaban en secreto durante la noche antes de la víspera de Navidad, para que las familias se despertaran con una sorpresa mágica.

La tradición comenzó hace generaciones, cuando una niña del pueblo se encontró con un duende que estaba triste porque no tenía regalos para ofrecer durante la temporada festiva. La niña, con un corazón generoso, le regaló un pequeño muñeco de chocolate que había hecho ella misma. Agradecido, el duende le prometió que cada año, en vísperas de Navidad, él y sus amigos duendes harían muñecos de chocolate para regalar a las familias del pueblo.

Desde ese día, los muñecolates se convirtieron en una tradición apreciada. Cada año, las familias esperaban con anticipación la llegada de los pequeños muñecos mágicos, que colgaban delicadamente de las ramas del árbol de Navidad. Los niños se despertaban con ojos llenos de asombro y sonrisas radiantes al descubrir los deliciosos tesoros que adornaban el árbol.

La tradición de los muñecolates se transmitió de generación en generación, y el pequeño pueblo se convirtió en conocido por su festiva y encantadora costumbre. Los muñecolates no solo eran una deliciosa delicia navideña, sino también un recordatorio de la generosidad y la magia que puede florecer cuando compartimos nuestra alegría con los demás.

Así, la leyenda de los muñecolates en el árbol de Navidad perduró, llevando consigo el espíritu navideño y la conexión entre los habitantes del pintoresco pueblo y los amigables duendes de la Navidad. Y por eso hoy le dedico este post a los muñecolates. Un post que me llena de ilusión compartirlo con todos vosotros. 






ANUNCIO TV MUÑECOLATES DE ELGORRIAGA - AÑO 1975


¡Feliz Navidad y felices fiestas para todos! Y que esta Navidad despierte la esperanza de un mañana mejor. 






lunes, 21 de agosto de 2023

LLEGARON MIS VACACIONES!!!

Una entrada rápida para anunciar que el blog estará unos días inactivo, voy a tomarme unas pequeñas vacaciones, unos días de relax me va a venir genial para recargar pilas, que el año es muy largo... Hasta la vuelta. Nos vemos muy prontito.

viernes, 23 de junio de 2023

NOCHE DE SAN JUAN, LA NOCHE MÁS CORTA Y MÁGICA DEL AÑO

La noche del 23 al 24 de junio es una de las más mágicas del año, pues se celebra la llegada del solsticio de verano con ritos y tradiciones ancestrales. 

El fuego, el agua y lo místico son los protagonistas de esta fiesta que se vive con intensidad en toda España.

Una noche que en muchas ciudades celebrarán de forma especial con hogueras, petardos, ritos y tradiciones. Aprovecha el fuego para pedir deseos y quemar todo aquello que ya no deseas en tu vida. 

Esta es la noche que dura menos en todo el año, diviértete, ríe, baila y disfrutar y sobre todo ten mucho cuidado con los petardos, seguro que esta noche hay demasiados sueltos jejejeje.

¡FELIZ VERBENA DE SAN JUAN Y FELIZ VERANO!  

lunes, 4 de julio de 2022

¡YA ESTÁN AQUÍ LAS VACACIONES!

Llegaron las vacaciones para mí, así que carretera y manta, este año nada frenara mi aventura vacacional, viajaré a Marte, a la Aconcagua y también al fondo del Océano jejejejeje.

Recargaré las pilas a tope y pensaré en las viejas nuevas entradas para futuros post de nuestro Blog "Yo también lo tuve!". Si me sobra tiempo le dedicaré un rato bien merecido a "EL BAÚL DE HAL" el físico, tengo mi colección un poco desordenada mmmm aunque a decir verdad dentro de mi desorden tengo mi orden jejejejeje.

Acordaros que las llaves del baúl las dejo donde siempre, debajo del felpudo… No hace falta decir que estáis todos invitados a ver las viejas entradas de nuestro nostálgico Blog.

HASTA LA VUELTAaaaAAAaaaAAA!!!