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domingo, 4 de mayo de 2025

AROMA DE UNA NOCHE DE VERANO

Como cada primer domingo de mayo, llega el Día de la Madre. Este post quiero dedicárselo a todas las madres, y hoy, con una mención especial para una en particular.

Corría el mes de julio de 1989. La televisión aún era un armatoste enorme con pantalla abombada, la música se grababa en cassettes que rebobinábamos con un bolígrafo BIC jajajajaja, y los teléfonos estaban anclados a la pared del salón o aposentados en una pequeña mesita, con su base bien conectada con un cable sujeto a la pared. A su vez, el teléfono estaba unido a la base con aquel cable enroscado que parecía tener vida propia. Yo tenía poco más de veinte años y hacía ya un par de meses que me había licenciado del servicio militar.

La "mili", como todos la llamábamos, me había dejado más que recuerdos: me había cambiado. Atrás quedaban los días de instrucción, las botas que dolían, las guardias, los madrugones sin sentido y ese sargento que se creía John Rambo y que parecía disfrutar gritando más que respirando. Pero también me dejó algo bueno: una pizca de orden, cierta templanza, y, como decía mi padre con tono entre serio y burlón: "Echaste más formalidad, hijo". Y puede que tuviera razón.

Antes de la mili, la vida era un desfile de fiestas, amigos, risas fáciles y resacas heroicas. Salía cada fin de semana como si no hubiera un lunes. Me gustaba conocer chicas, coquetear con ellas o lo que surgiera, reír, escuchar música… y, sobre todo, sin atarme a nada ni a nadie. Nada de corazones entrelazados; no quería compromisos que seguro no cumpliría. La libertad era mi única compañera, y me bastaba.

Pero al volver, todo empezó a saber diferente. Las fiestas ya no tenían el mismo sabor. Las conversaciones se me hacían repetitivas, y las noches largas empezaban a parecerme más vacías. Algo dentro de mí había girado, aunque yo aún no sabía qué estaba buscando. Quizá solo esperaba que la vida, en su misterioso vaivén, me sorprendiera.

Y vaya si lo hizo.

Un veraniego sábado noche cualquiera, de esos en los que uno sale sin esperar nada, ocurrió algo que lo cambió todo. Una amiga me presentó a una amiga suya, y, como dice la canción, "la amiga de mi amiga se convirtió en mi amiga" jejejejeje.

—Mira, esta es Judith. Es una amiga del trabajo —dijo con naturalidad mi conocida.

Nos dimos los dos besos de rigor, uno en cada mejilla, como marcaba la costumbre. Y ahí comenzó todo. No fue su sonrisa, aunque era bonita, ni sus ojos, aunque tenían una chispa especial, ni siquiera su voz, que era suave y me encantaba. Fue su olor.

Un aroma fresco, juvenil, desenfadado… como ella. Un perfume que parecía tener personalidad propia. No sé cómo explicarlo, pero ese olor me golpeó como una ola fresca en aquella calurosa noche de verano. Me quedé un segundo en el aire, como atontado, aspirando ese aroma que quedó flotando incluso después de que ella se apartara. Fue como si algo se activara en mí, algo dormido, algo que no sabía que estaba esperando a despertar.

Esa noche no pasó mucho que digamos, pero hubo momentos muy mágicos. Charlamos un poco, reímos, compartimos alguna copa. Nada de promesas de amor eterno. Eso sí, sí que hubo algún beso robado y alguna sonrojada sonrisa. Cuando comenzó a salir el sol, nos despedimos. Yo me fui a casa como quien ha visto un amanecer inesperado: confundido, emocionado, queriendo más. Eso no era habitual en mí. ¿Qué me estaba pasando…?

Por suerte, la vida y esa amiga en común se encargaron de que volviéramos a coincidir. Y poco a poco empezamos a hablarnos más, a buscarnos sin que pareciera intencionado, a conocernos sin prisas. Cada vez que nos acercábamos, ese perfume me recordaba que estaba justo donde quería estar.

Perdonad, aún no dije qué perfume o, mejor dicho, qué colonia era esa… Eau Jeune Senteurs Fraîches. Esa fue una fragancia que me marcó y también marcó una época. Esta colonia fue lanzada en 1977 y rápidamente se convirtió en parte del imaginario de una generación. Su aroma fresco, cítrico y atemporal, con toques sensuales y contrastes entre notas florales, amaderadas y especiadas, dejaba una estela inolvidable, mmmm, que me lo digan a mí jajajaja.

En 1979, un anuncio televisivo emitido en España ayudó a consolidar la popularidad de Eau Jeune. Aquel spot es especialmente recordado por su melodía breve y pegadiza, con una letra que decía: ♫♪♫♪ Vísteme, Eau Jeune… Vísteme con tu frescor, a flor de piel (Eau Jeune), ven, acércate a mi piel… Viste, Eau Jeune ♫♪♫♪. 

Esa fue una adaptación de la canción "Many Rivers to Cross" del músico jamaicano Jimmy Cliff. El anuncio se mantuvo en emisión durante varios años, convirtiéndose en uno de los más recordados de la época. Seguro que lo recuerdas, pero si quieres volver a verlo y escucharlo, te lo dejo aquí: ANUNCIO COLONIA EAU JEUNE. Hoy, al evocarlo, no solo recordamos un perfume, sino también un fragmento de la memoria colectiva ligado a la juventud de muchos, y en este caso, a la mía y a la de Judith.

Pasó el tiempo, y aquella chica (Judith) se convirtió en mi compañera de vida. La mujer con la que construí un hogar, con la que formé una familia, con la que comparto risas, silencios, enfados tontos y reconciliaciones sabias. La madre de mis hijos, mi amiga, mi cómplice, mi amor.

Y ese perfume… ese perfume siguió en mi memoria, aunque con el tiempo fue una de esas colonias intermitentes que aparecían y desaparecían del mercado, y que, con los años, volvieron a fabricarse con una continuidad más asidua, mmmm, pero por mucho que la botella se pareciera o que llevara el mismo nombre, ya no olía como yo la recordaba. Como si fuera aquel hilo invisible que unía el pasado con el presente. Por eso, un día busqué y encontré esta botella de los 80’s. La que recuerdo de nuestra época, con aquel recordado perfume, y la guardé. Por nostalgia, por amor, por memoria, por ternura, por ilusión.

La metí en una cajita y, a su vez, en lo que llamo "EL BAÚL DE HAL". Mi baúl mágico. Baúl lleno de recuerdos del pasado, donde guardo mis pequeños tesoros: y dentro de esa cajita, una carta de amor leída mil veces, un par de entradas de Pink Floyd, una foto descolorida de mi 21 cumpleaños celebrándolo juntos… y esa botellita de colonia.

A veces, cuando me invade la melancolía, la abro y la huelo. Y en ese instante, viajo en el tiempo. Vuelvo a esa noche de 1989. A esos besos de presentación o a los dulces besos robados. A ese clic invisible. A ese punto exacto donde mi vida tomó el rumbo más importante sin que yo me diera cuenta.

Hoy, que se celebra el Día de la Madre, quiero contarte esto, mi amor. Porque no solo eres una madre maravillosa, generosa y luchadora, que lo eres, sino que fuiste, eres y serás la mujer que cambió mi vida con solo un saludo y un aroma inolvidable a mandarina.

Gracias por aquella noche. Gracias por cada día desde entonces. ¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!





miércoles, 19 de marzo de 2025

VARÓN DANDY: EL LEGADO DE UNA FRAGANCIA ETERNA

Hay perfumes que no solo huelen, sino que cuentan historias. Historias de épocas pasadas, de personas que ya no están, de costumbres olvidadas y de ideales que hoy nos parecen tan lejanos como extraños. Varón Dandy es uno de esos perfumes. No es una simple colonia; es un testigo mudo con más de un siglo de vida, un frasco que guarda entre sus notas el alma de un país que luchaba por reinventarse.

Hoy, 19 de Marzo, Día del Padre, quiero compartir contigo recuerdos sobre esta joya olfativa. Un símbolo que, para muchos, sigue siendo tan controvertido como fascinante. Y añadiría algo más: un aroma muy familiar que seguramente muchos compartimos en nuestra memoria.

Pero antes de contaros esa parte entrañable del post, permitidme hablar, o mejor dicho, escribir un poco sobre la historia de esta colonia ambarina. Una colonia que, al abrir el frasco, te golpea de lleno con su aroma. Es como abrir un baúl polvoriento lleno de recuerdos: notas de lavanda vigorizante, bergamota amarga y un clavel tenaz que se abre paso entre las maderas nobles y oscuras, junto al musgo de roble.

 

Varón Dandy: Un Clásico con Historia:

Varón Dandy, un perfume que rompió estereotipos, es mucho más que una colonia; es un icono de la perfumería española que supo romper con los viejos prejuicios sobre la masculinidad. Nació en 1922, en una época en la que perfumarse se consideraba un acto casi exclusivamente femenino e, incluso, estaba asociado de manera peyorativa a la homosexualidad y a ser visto como algo "demasiado afeminado" o directamente "gay". En este contexto, esta fragancia se presentó como la primera opción verdaderamente masculina en España.

Su creador, Joan Parera i Casanovas (1884-1939), fue el artífice de este revolucionario perfume. Impulsada por Perfumerías Parera, la marca apostó por un concepto radical: un perfume que, a pesar de sus matices florales y delicados, reafirmaba el ideal del varón elegante y con carácter. Su imagen publicitaria mostraba a un hombre distinguido, con sombrero de copa, guantes y bastón, consolidando la idea de que el perfume podía ser un símbolo de sofisticación masculina.

Su lanzamiento marcó una revolución en una España donde el uso de fragancias estaba cargado de estereotipos. La publicidad de la época lo dejó claro: "El hombre que usa este perfume es un verdadero varón".

La evolución de la opinión pública, de ver en la perfumería un acto afeminado a valorarla como una expresión de identidad y elegancia, habla de una transformación social. La fragancia se convirtió en un símbolo de ruptura y reafirmación de la masculinidad. Además, su formato de gran tamaño y precio accesible permitió que llegara a un público amplio, consolidándose como un emblema de identidad y rebeldía contra las normas rígidas de la sociedad.

En los años 70's, Varón Dandy alcanzó una popularidad masiva, llegando a vender hasta dos millones de litros al año. Aunque Perfumerías Parera tenía otros productos, esta colonia, creada por Joan Parera i Casanovas, fue su estrella. Desde su fábrica en Badalona conquistó mercados nacionales y también internacionales, siendo un éxito en México, Argentina y, especialmente, en Puerto Rico, donde se decía que se vendía tanto que parecía que la gente se duchaba con ella.

Más de un siglo después, Varón Dandy sigue vigente, aunque con menor entusiasmo que antaño. Sin embargo, su legado permanece como un recordatorio de que los aromas pueden ser una poderosa herramienta de identidad, capaces de desafiar prejuicios y aportar sofisticación a la imagen del hombre moderno.

Quizá, en el futuro, lo más innovador sea volver a oler como en 1922.

 

Hace tiempo que quería conseguir una de estas botellas:

Hace unos días visité una pequeña y antigua perfumería de mi viejo barrio en Barcelona, un lugar donde aún vendían Varón Dandy añejo en botellas de litro, originalmente de Parera, y no de Coty como es en la actualidad.. Digo "vendían" porque me llevé la última botella de la época que les quedaba.

El dueño, un hombre ya muy mayor, me contó que todavía llegaban clientes jóvenes y curiosos que querían probar "el perfume de los abuelos". Algunos se reían al principio, otros fruncían el ceño al oler la botellita de prueba, pero muchos, por no decir casi todos, regresaban semanas después para comprar una nueva. "Es como el vino —me dijo—, hay que aprender a apreciarlo".

"¿Y usted, por qué se la lleva?", me preguntó aquel buen hombre.

"Para el Día del Padre", le contesté. Él asintió solemnemente con la cabeza.

"Para mí", continué. "Para mí, esta botella está llena de recuerdos, y quiero compartirlos con quien quiera escucharlos".

 

Es un aroma que conozco bien, me transporta al pasado:

Aquella pequeña botella de colonia ámbar siempre estuvo allí, reinando en el estante superior del armario Romí del baño, junto a la maquinilla de afeitar de mi padre, como un testigo silencioso del paso de los años. Ese tapón parecía contener siglos de tradición, y aquella inconfundible etiqueta dorada incorporaba los elementos icónicos que representaban su esencia tradicional y la elegancia masculina que buscaba transmitir la marca, componentes clave del emblema de Varón Dandy.

Sombrero de copa: simbolizaba la sofisticación y el estilo clásico asociado a la figura del "Dandy" (hombre refinado y elegante).

Bastón: representaba la distinción y el carácter caballeroso, reforzando la idea de virilidad y elegancia tradicional.

Guantes: evocaban el cuidado personal y el detalle en el vestir, asociados al hombre meticuloso y de buen gusto.

Para muchos, es un símbolo de la infancia, el aroma de su padre o incluso de su abuelo, un aroma muy familiar.

Desde niño, lo veía como un objeto casi sagrado. Era de papá. Su ritual matutino no estaba completo sin unas gotas de aquella colonia, que frotaba con maestría entre las manos antes de pasarlas por su rostro recién afeitado. Aquel olor era él. No había otra manera de describirlo. Era el aroma de mi padre, el aroma de los días de escuela, cuando, de buena mañana, entraba al baño para asearme antes de marchar al colegio y, en el ambiente, se notaba que mi padre ya se había afeitado y perfumado antes de marchar a trabajar.

También era el aroma de aquellas festivas y entrañables mañanas de domingo que tanto recuerdo, en las que salíamos juntos a comprar La Vanguardia o el semanario de El Caso. Luego, él tomaba su café y yo una Fanta de naranja en el Bar Montferry (Bar del Sr. Pascual) o en el Cala (el Bar Antonio). ¡Qué recuerdos! mmmm, Fanta y alguna moneda para jugar al PinBall, mientras mi padre se enfrascaba en la tertulia con los otros parroquianos de aquellos bares del barrio.

A los doce o trece años, la tentación fue más fuerte que yo. En secreto, empecé a usar unas gotas de Varón Dandy antes de salir a la calle, aunque solo fuera para comprar un paquete de arroz en la tienda de la esquina. Me hacía sentir mayor, importante, diferente. Pero claro, mi economía infantil, como mucho, daba para chicles y pipas, no para caprichos perfumados, así que el frasco de papá iba bajando más rápido de lo normal, con mi ayuda. Jajajajaja.

No tardó en darse cuenta. Un día, mientras me miraba con esa media sonrisa cómplice, me dijo:

—Si vas a usar mi colonia, al menos póntela bien. Así, mira...

Y con la paciencia de quien entiende los pequeños rituales de la vida, me enseñó cómo aplicarla sin parecer que me había caído dentro de la botella.

Con los años, mis gustos cambiaron y descubrí nuevos aromas. Floïd Blue llegó a mi vida gracias a mi hermano mayor (como cuento en esta otra historia de mi querida Floïd Blue), y luego vinieron otras fragancias que marcaron diferentes etapas. Pero Varón Dandy siempre estuvo ahí. A veces, en un rincón, olvidado por un tiempo, pero nunca ausente del todo, ya que era un aroma familiar.

Los años pasaron. Regalé Varón Dandy a papá cada Día del Padre, mientras mis hijos hacían lo mismo conmigo y me sorprendían con mi querido fluido azul. Hasta que un día desapareció del mercado, pero esa historia ya la conté en el enlace que dejé, por si queréis leerlo y echar unas risas.

Años atrás, mi hija pequeña solía preguntarme:

—Papá, ¿por qué tienes dos colonias, una azul y la otra amarilla?

Mi contestación era siempre la misma. Señalaba la botellita de Floïd Blue y le decía:

—La azul es para las aventuras del día a día.

Después señalaba la de Varón Dandy con una sonrisa y, guiñándole el ojo a mi hija, le decía:

—La de color ámbar, para los recuerdos.

En la actualidad, Varón Dandy se sigue fabricando, aunque su color es más claro. El aroma se podría decir que es el mismo, pero mucho más débil, como los abrazos que, por desgracia, ya no puedo darle a mi padre. Por eso guardo este set de colonia Varón Dandy de la época, con el auténtico y penetrante perfume.

Cuando papá se fue, una de las pocas cosas que quise conservar fue aquel frasco. De vez en cuando, lo destapo y dejo que el pasado me abrace, aunque sea solo por un momento. Cierro los ojos y respiro hondo... Por unos instantes, creo oír su risa entre las notas amaderadas, cálidas y especiadas, y me suele parecer escuchar sus palabras, como cuando era niño, diciéndome:

"Póntela como yo te enseñé y recuerda cerrar bien la botella. Siempre se te olvida y se evaporará."

Jajajajaja. Ahí está él... En esos consejos, en esos recuerdos, en ese perfume, en esos instantes que me transportan al pasado, volviendo a las mañanas de escuela, a los paseos mañaneros de domingo, de periódicos, de Fantas y partidas de PinBall, o a las tardes de domingo en las que salíamos los tres, mi madre, mi padre y yo, a comernos una rica tarrina de helado.

 

Feliz Día del Padre:

Estoy seguro de que hoy Varón Dandy sigue siendo un regalo recurrente en el Día del Padre en España, aunque muchos lo buscan más por nostalgia que por otra cosa. Y lo mejor de todo es que, en muchas barberías, ha vuelto a ponerse de moda, con la clásica botella de litro en sus estantes y el placer de un refrescante masaje en la cara después de un buen afeitado mmmm, eso no tiene precio.

Espero seguir guardando ese aroma durante muchos años, en mi baúl especial de los recuerdos y en mi corazón.

¡Feliz Día del Padre, papá! Allí donde estés, estoy seguro de que seguirás dejando tu inconfundible rastro de Varón Dandy.














sábado, 19 de octubre de 2024

JABÓN LAGARTO: LIMPIEZA CON OLOR A RECUERDOS

Ah, el famoso Jabón Lagarto, ese icónico bloque marrón que, para muchos de nosotros, fue un símbolo de la infancia, junto al olor del caldo casero con hueso de jamón y el sonido de las radionovelas en casa de la abuela. Este post va dirigido a aquellos que, como tú o yo, de pequeños pensábamos que el jabón se hacía con las escamas y la piel de algún pobre lagarto, tal vez el mismísimo "Lagarto Juancho". La historia del Jabón Lagarto es un viaje lleno de nostalgia y momentos entrañables.

El Jabón Lagarto tiene sus raíces en la España de principios del siglo XX, aunque la historia de la fábrica que lo originó va más allá. Fue fabricado por "Lizariturry y Rezola", una de las industrias más antiguas de San Sebastián, que comenzó su actividad en 1864. Así que podríamos decir que, en este año 2024, la fábrica hubiera cumplido nada más y nada menos que 160 años.

Esta empresa no solo se dedicaba a la fabricación de jabones, sino también de bujías, velas, glicerinas y parafinas. Aunque Lizariturry y Rezola cerró en la década de los 90's, el Jabón Lagarto, que vio la luz por primera vez en 1914, sigue siendo uno de sus productos más emblemáticos. Hoy en día continúa su fabricación de la mano de la empresa "Euroquímica", lo que significa que este año el mítico jabón también está de aniversario, mmmm un momento que pillo la calculadora jejejeje, y celebra 110 años de existencia. ¡Nada mal! Como los reptiles, que pueden vivir tanto tiempo que parecen sacados de la prehistoria, tal vez el Jabón Lagarto heredó esa longevidad de algún antepasado dinosaurio.

En una época en la que el analfabetismo era elevado, muchas personas no sabían leer ni escribir, por lo que las marcas comerciales recurrían a imágenes o símbolos fácilmente reconocibles. Un símbolo como el de un animal en el empaque era clave para atraer a los consumidores. Por ejemplo, una fábrica de cigarrillos podía usar un bisonte o un dromedario en su paquete, o una marca de papel higiénico, un elefante, simbolizando fuerza y limpieza. En el caso del Jabón Lagarto, su nombre y el dibujo del reptil lo hacían fácilmente reconocible para todos, incluso sin saber leer. No es difícil imaginar cómo, para más de un niño, el lagarto esculpido en cada pastilla de jabón desataría la imaginación, haciéndonos pensar que, en verdad, había un reptil involucrado en su fabricación. Ufffff si los visitantes de V se enterasen de esto... Estaríamos arreglados, la mala malísima Diana nos haría la vida imposible, jajajajaja.

Recuerdo perfectamente el olor penetrante del Jabón Lagarto, ese aroma inconfundible que invadía la casa de mi abuela cada vez que lavaba la ropa. Todavía hoy, cuando lo percibo, me transporta al pasado. El Jabón Lagarto era una herramienta infalible para las amas de casa, incluyendo a mi abuela, que se reunían en el lavadero del pueblo para lavar la ropa a mano, antes de que las lavadoras ocuparan un lugar privilegiado en los hogares.

Ah, el lavadero… casi un lugar sagrado en algunos pueblos, en mi caso en Cantoria, Almería. Era un sitio lleno de vida, un lugar que recuerdo con mucho cariño, donde las mujeres del pueblo se reunían mientras sus maridos trabajaban fuera. Allí, entre charlas y risas, mi abuela y sus vecinas frotaban sin descanso la ropa contra las piedras o las tablas de lavar, creando una sinfonía cotidiana con la ayuda del infalible Jabón Lagarto.

Los niños que acompañábamos a nuestras madres, abuelas o hermanas mayores solíamos meternos en el agua, chapoteando en la acequia mientras ellas luchaban contra las manchas difíciles. Pero ese espacio era más que un lugar para lavar; era un rincón lleno de vida donde se compartían chismorreos, historias, recetas, consejos y sobretodo secretos a voces, mientras las pastillas de jabón se iban desgastando.

Aunque su uso principal era para lavar la ropa, el Jabón Lagarto servia para todo. Si alguna vez te metías en un charco de barro, bien podías terminar frotado de pies a cabeza con aquel jabón. ¡Incluso para la higiene personal servía! Y no lo digo solo yo; hay casos en los que más de un dermatólogo llegó a recomendarlo para el cuidado personal, e incluso era mano de santo para el cabello graso. Más de uno pensará que me estoy inventando esto, pero nada más lejos de la realidad. Investigad en la red y encontraréis muchos testimonios que lo confirman.

Era un remedio infalible contra la suciedad, y las madres y abuelas lo sabían bien. El Jabón Lagarto era un todoterreno que resolvía cualquier situación, desde manchas imposibles en la ropa hasta las más rebeldes en nosotros, los chiquillos. Aunque estaba pensado principalmente para la limpieza de la ropa, en muchas casas se usaba también como un jabón multiusos.

Recuerdo que si me ensuciaba jugando en la calle o en el campo, no era raro que mi abuela me frotara con él para quitarme la roña, (como ya os mencioné anteriormente), incluso detrás de las orejas, esa zona que siempre parecía ser un imán para la suciedad. Claro que escocía un poco si te entraba en los ojos, pero no había mancha que se le resistiera, ya lo cantaba Caponata y Perezgil: ♫♪♫♫♪… Cuando te manches las manos en el barro y te tapen los chorretes la visión, si no quieres que te digan, ¡ANDA GUARRO! Abre el grifo, dale al agua y al jabón... ♪♫♪♫♪. Ellos en la canción no nombraban marcas, pero yo estoy seguro de que se referían al Jabón Lagarto, jajajaja.

Quizás lo más nostálgico era el grabado del lagarto en cada pastilla, un emblema icónico que parecía tener vida propia. Y mientras ese grabado se iba desgastando con cada uso, el jabón seguía allí, firme, dispuesto a batallar contra la suciedad. Mi abuela solía guardar los pequeños pedacitos que quedaban y los derretía para formar una nueva pastilla de jabón, un truco que muchas amas de casa aprendieron para alargar la vida útil del querido Lagarto.

Para mí, ese lagarto simbolizaba algo misterioso, aunque en realidad era solo el logotipo de la marca. Su fórmula, basada en grasa y sosa cáustica, era simple pero tremendamente efectiva. De niño, estaba convencido de que el pobre Lagarto Juancho debía haber sido víctima de algún proceso industrial que no comprendía.

Hoy en día, el Jabón Lagarto ha resistido la prueba del tiempo. Aunque ya no lo veamos en todos los hogares, sigue siendo el preferido de quienes buscan un jabón natural, sin aditivos, y con esa capacidad mágica para quitar manchas. Hay algo reconfortante en ese olor que te transporta directamente a la infancia, al lavadero del pueblo, al calor de la cocina de la abuela, donde todo era simple y auténtico.

Lo curioso es que, ahora, muchos de nosotros buscamos precisamente eso: lo artesanal, lo puro, lo de siempre. A veces, la modernidad no puede competir con el poder de un recuerdo. Así que este es como otros de esos pocos productos que perduran, cada vez que veo una pastilla de Jabón Lagarto en alguna tienda, no puedo evitar sonreír. Es un pedazo de historia, un fragmento de nuestra infancia y de la vida de nuestras abuelas o madres, que sigue aquí, firme, como un viejo amigo que nunca se fue.

Y quién sabe, tal vez aún quede algún chiquillo que sigue pensando que hay un pobre Lagarto Juancho involucrado en su fabricación. Pero eso, querido amigo, es parte del encanto y del misterio del Jabón Lagarto.

Para finalizar, me gustaría mostraros las pastillas de Jabón Lagarto que guardo en "EL BAÚL DE HAL", junto a unas publicidades de archivo, así como un par de láminas enmarcadas que son una pasada. Una de ellas conmemora los 100 años de la empresa "Lizariturry y Rezola" (1864 - 1964), y la otra es una copia del famoso cartel publicitario de Jabón Lagarto, pintado por Pedro Antequera Azpiri en 1924.

Este cartel es una auténtica obra maestra del diseño gráfico, que aún hoy se estudia en escuelas de diseño y se menciona en tesis doctorales sobre mercadotecnia. Alrededor de él se llevó a cabo una campaña publicitaria integral, que vinculaba el dibujo del lagarto tanto en los anuncios como en la propia pastilla de jabón. Fue uno de los primeros ejemplos en España de un concepto publicitario coherente y unificado, lo que lo convierte en un hito en la historia de la publicidad española.

Pues nada, solo me queda deciros que, cuando os duchéis, no olvidéis lavaros detrás de las orejas. Y como decía una buena amiga mía: "mmmm... ¡Entre los dedos de los pies!" jajajaja.









domingo, 5 de mayo de 2024

LA COLONIA DE MAMÁ. MADERAS DE ORIENTE

En el vasto mundo de los sentidos, el olfato destaca como un poderoso portal hacia el pasado. A lo largo de los años, los perfumes y colonias han trascendido su mero propósito de embellecer nuestro ser para convertirse en auténticos puentes emocionales, conectando momentos, personas y emociones.

Específicamente, su capacidad para evocar recuerdos es una maravilla que no deja de sorprendernos. El simple acto de inhalar una fragancia familiar puede desencadenar una cascada de recuerdos que parecían dormidos en el rincón más íntimo de nuestra mente.

Ya sea el aroma floral que solía impregnar el vestido de nuestra madre o abuela o la fragancia amaderada que caracterizaba a nuestro padre, los perfumes se convierten en cápsulas del tiempo, conservando instantes y relaciones que, de otro modo, podrían desvanecerse en el flujo constante del tiempo.

La estrecha relación entre el olfato y la memoria emocional ha sido objeto de estudio por parte de la ciencia, demostrando que el olfato está intrínsecamente ligado a la memoria emocional. Por ello, cuando inhalamos una fragancia que asociamos con un ser querido, el cerebro se activa, trayendo a la superficie recuerdos y emociones que creíamos sepultados en lo más profundo de nuestra mente.

Sin embargo, más allá de su capacidad para evocar recuerdos, los perfumes y colonias pueden ser mucho más que simples herramientas nostálgicas. Representan, para muchos, una forma de mantener viva la presencia de aquellos que ya no están físicamente con nosotros. Al usar la fragancia de un ser querido ausente, podemos sentirnos más cerca de él, como si estuviera presente en espíritu.

En un mundo donde la distancia y el tiempo pueden separarnos de quienes amamos, esta conexión emocional puede ser profundamente reconfortante. Para algunos, los perfumes y colonias no solo son una forma de recordar a aquellos que han partido, sino también una herramienta para sanar y seguir adelante.

Utilizar la fragancia de un ser querido que ya no está entre nosotros puede ser una forma de mantener viva su memoria y encontrar consuelo en momentos de duelo. Es como llevar una parte de ellos con nosotros, recordándonos que, aunque puedan haberse ido físicamente, su influencia y amor perduran.

En un mundo cada vez más dominado por lo digital y lo efímero, los perfumes y colonias representan una conexión tangible con nuestro pasado y con aquellos que han dejado una marca indeleble en nuestras vidas. Son recordatorios constantes de que las personas que amamos nunca están realmente perdidas mientras las recordamos y las llevemos en nuestros corazones.

Lo que menciono es lo que me ocurre con esta colonia. Ciertamente, no necesito ningún perfume para recordar a mi querida madre, y menos en un día como el de hoy, el "DÍA DE LA MADRE", pero al añadir el aroma de esta colonia, mis recuerdos de ella se intensifican aún más, mucho más, trayendo a mi mente infinidad de bonitas historias vividas junto a ella. Historias que, aunque no están olvidadas, pueden estar dormidas en algún cajón archivador de mi memoria.

Fue ella quien nos inculcó que antes de salir de casa siempre debíamos estar bien aseados, bien peinados y ponernos un poquito de colonia, ¡ni el gato salía de casa sin estas normas jajajajaja! De diario, mi madre utilizaba una colonia sencilla y familiar, ya fuera una S-3 de Legrain, una Clair Matin, Heno de Pravia, etc.

Estas eran para el día a día, pero llegado el fin de semana y más si salíamos a dar un paseo o teníamos algún otro compromiso, a ella siempre le gustaba improvisar con otras colonias más duraderas y de más calidad, como bien podían ser de la casa Avon, aquella colonia que te vendía la amiga o vecina pesada de turno que llamaba a tu puerta incesantemente y a cualquier hora y una vez habrías te decía "Avon llama a tu puerta" con un pedazo sonrisa dibujada en su cara Ufffff qué grima jajajajaja.

Pero no son los perfumes de Avon ni de sus originales envases lo que hoy recordamos. Otras veces mi madre también usaba una clásica colonia que seguro muchos recordaréis, una colonia que a mí me tenía cautivado, con aquel frasco escalonado, con aquellas maderitas orientales buceando en su interior (algo que fue imitado con gran éxito en otras colonias, estas que os menciono para bebé, pero en vez de maderitas, estas otras llevaban un pequeño muñequito, seguro que lo recordaréis mmmm, prometo que pronto escribiré un post sobre esta mítica y entrañable colonia para bebes, ya que también es un gran clásico).

Ese perfume, junto a todo el resto de conjunto: etiqueta, botella, tapón, incluso las maderitas de su interior, le daban un aire de misterio y sumaban misticismo, en definitiva, todo el conjunto rebosaba magia, la magia de las mil y una noches.

La historia de esta colonia, la historia de Maderas de Oriente, es un ejemplo vivo de cómo una fragancia puede trascender en el tiempo y convertirse en un verdadero icono cultural. Esta colonia fue creada en 1918 por la compañía de perfumes "Myrurgia", y es una esencia influida por el orientalismo que a principios del siglo XX imperaba en el mundo de la moda y los perfumes.

Desde su lanzamiento, esta agua de colonia ha sido mucho más que un simple producto de belleza, siendo un símbolo de elegancia y buen gusto, capturando la esencia de una época y perdurando a lo largo de los años como un tesoro cultural. El genio creativo detrás de Maderas de Oriente fue Esteve Monegal, un artista y empresario visionario que supo combinar arte y negocio para crear una obra maestra olfativa.

Junto con el talentoso diseñador gráfico Eduard Jener, Monegal ideó no solo la fragancia en sí, sino también el diseño del envase que se convertiría en un ícono del estilo Art Decó. El frasco de Maderas de Oriente es más que una simple botella de perfume, es una pieza de arte que ha capturado la imaginación de generaciones.

Su elegante diseño está presente en colecciones de prestigiosos museos de todo el mundo. Ejemplares del frasco forman parte de la colección permanente del Museo de las Artes Decorativas, del Disseny Hub Barcelona, y del Museo Nacional de Arte de Cataluña. La fragancia de Maderas de Oriente es una fusión exquisita de maderas especiales y aromas orientales, creando una experiencia olfativa única que ha resistido el paso del tiempo.

Como ya ves es más que una simple colonia, es un viaje a través de la historia y la cultura, un testimonio de la capacidad del ser humano para crear belleza perdurable, como me ocurre a mí con este perfume y su envase piramidal escalonado. En conclusión, como ya os dije, los perfumes y colonias son mucho más que simples fragancias, son portales a través de los cuales podemos viajar en el tiempo y revivir los recuerdos más preciados.

Son testigos vivientes de nuestra historia y de las personas que han dejado una marca indeleble en nuestras vidas. Cada gota de perfume encierra una historia, un amor y un vínculo que trascienden el tiempo y el espacio, recordándonos que, aunque los seres queridos puedan haber partido, su legado vive en nosotros para siempre.

¡FELIZ DÍA DE LAS MADRES! ¡Feliz día, mamá! Besos allí donde estés, con todo mi cariño.














 

martes, 19 de marzo de 2024

UNA COLONIA PARA EL DÍA DEL PADRE. FLOÏD BLUE

♫♪♫♫♪…Tu primer viaje, tus primeros aplausos.

Tu primer trabajo ¡Qué duro es!

Tu primera amiga, tu primera canción.

Tu primera colonia, Chispas.

Tu primera colonia, Chispas... ♪♫♪♫♪

Un momento, un momento mmmm rebobinemos la cinta, ÑIIIIII, PRRRRR, ÑAC, TAC,TAC,TAC,POF... Ufffffff. Me parece que una buena limpieza de cabezales no vendría nada mal jejejejeje. Bueno, lo que quería decir es que, en mi caso, mi primera colonia para nada fue "Chispas", pero no niego que otro día le dediquemos un post a esa colonia tan recordada cariñosamente por muchos. Hoy quiero recordar un clásico aún más añejo que Chispas, y esta que hoy recordamos en la sección de "EL OLOR DE LOS RECUERDOS", sí, puedo decir que fue mi primera colonia de verdad y la usé durante muchos años, a decir verdad, desde antes de mediados de los 80's, y hasta bien entrado el 2000 si no recuerdo mal. Después, la dejaron de fabricar durante 10 o 15 años y sí, la volvieron a sacar al mercado y volví a utilizarla un tiempo, pero aunque olía igual como la recordaba, su olor para nada duraba lo mismo que la que yo utilizaba en los 80's.

Recuerdo muy bien cómo empecé a utilizar aquella colonia. A mi padre y sobre todo a mí, nos gustaba ponernos unas gotas de colonia, y no precisamente antes de acostarme como hacía la rubia Marilyn jejejejeje, a mí me gustaba antes de salir a la calle, aunque solo fuera para ir a la tienda de la esquina a comprar un paquete de lentejas. Pero claro, la economía de un niño de 13 o 14 años no daba para mucho, así que ayudaba a bajarle los mililitros a la botella de Varon Dandy de mi padre, hasta que un buen día mi hermano Rafa llegó con un nuevo aroma que me cautivó y mi pregunta fue: ¿Qué usas? Su contestación fue: Canoe. -¿Qué te pones? -Canoe. -¿Qué llevas? -Canoe. mmmm, un momento, un momento, ya estoy mezclando churras con merinas otra vez, esa marca "Canoe" es de otra colonia, la del anuncio ochentero de un amor en cada puerto jajajajaja, telita.

Bueno, intentaré centrarme un poco más en la colonia protagonista de hoy, mi querida Floïd Blue, o la podríamos llamar Fluido Azul, ¿no?. Con tantos aromas y fragancias con alcohol ya me estoy mareando y no sé qué me digo, jejejejeje. Llegó mi hermano dejando aquel olor tan peculiar, un aroma refrescante, elegante, intemporal y diferente y la verdad, no recuerdo que le preguntara de qué aroma se trataba, fui directamente a su cuarto en busca de su nueva colonia, y como yo era de la opinión de que lo que hay en casa es de todos, eso sí, si eran cosas mías se tenía que estudiar el tema jajajajaja. En definitiva, cambié el mítico Varon Dandy por Floïd Blue, pasé de mangarle la colonia a mi padre, a mangársela a mi hermano, jejejejeje.

Durante muchos años utilicé aquel aromático Fluido Azul. Mi hermano, a mediados de los 80's se independizó y marchó de casa, así que tuve que rascarme el bolsillo y empezar a comprarme mi propia colonia con el dinerillo de mi primer trabajo, si no quería volver al Varon Dandy de mi padre. Cada mes aproximadamente me pasaba por la mercería perfumería del barrio, donde también, poquitos años atrás, compraba mis artículos de broma, pero esta vez cambiaba las bromas olorosas, olor eau de toilette a huevos podridos de las bombas fétidas, por aquel fantástico olor de Floïd Blue. (Y hablando de bromas, os recomiendo un par de posts de nuestro blog, solo tienes que poner en nuestro buscador las palabras "ARTÍCULOS DE BROMA" y saldrán dos posts muy divertidos e interesantes, y también os adelanto que pronto tendremos una tercera parte sobre estos artículos de broma).

Para ir terminando este escrito que, en cierta manera, está dedicado al "Día del Padre" porque seguro que muchos o casi todos nosotros hemos regalado a nuestros padres o nos han regalado colonias por este día, en mi caso, yo regalé en varias ocasiones algunas de aquellas olorosas botellas de Varon Dandy a mi querido padre y yo recibí más de una de aquellas míticas botellas de Floïd Blue por parte de mis hijos o de mi esposa, como la botella que hoy os estoy enseñando y que también guardo en "EL BAÚL DE HAL".

Por cierto, como bien dije, durante muchos años usé Floïd Blue, pero también debo confesar que a finales de los 80's, de vez en cuando me gustaba darle un descanso a esta colonia azul y combinarla con otro clásico oloroso del que seguro hablaremos en otros post. ¿Recuerdas la colonia "BOSTON MAN"? Esa quedará para otro día en esta olorosa sección titulada "EL OLOR DE LOS RECUERDOS".

Besos, papá, allí donde estés. Te echamos mucho de menos. Ojalá hoy pudiera regalarte una botella de tu colonia preferida "Varon Dandy" y un fuerte abrazo… Te queremos, papá.

¡FELIZ DÍA DEL PADRE 2024!