COPIAR O CORTAR Este primer código evita que copien los textos de tu página o blog Este segundo código evita que copien las imágenes y gif COPIAR O CORTAR Yo también lo tuve! Nostalgia y Recuerdos de los años 60 - 70 - 80 - 90's

sábado, 13 de junio de 2026

LAS POSTALES 3D: PEQUEÑAS VENTANAS A UN MUNDO MÁGICO

Estos días es imposible encender la televisión o abrir los periódicos sin encontrarse con las imágenes de la visita del Papa León XIV a España. Lo hemos visto rodeado de multitudes en Madrid y, posteriormente, en Barcelona, enmarcando su viaje en dos acontecimientos históricos de inmensa carga espiritual y cultural: el Centenario de la muerte de Antoni Gaudí y la celebración del Milenario de la fundación del Monasterio de Montserrat. Ver al Pontífice bendiciendo la imponente Torre de Jesucristo en una Sagrada Familia que ya roza su culminación, o subiendo a la icónica montaña santa antes de continuar su viaje hacia las Islas Canarias, estremece. Sin embargo, hoy la forma en que el mundo congela esos hitos es idéntica: miles de brazos alzados sosteniendo pantallas de teléfonos móviles, capturando píxeles que probablemente se perderán en la inmensidad de la nube digital.

Ver esas escenas me empujó a hacer un viaje particular. Fui a rebuscar en mi propio "baúl de los recuerdos" y, de manera curiosa, pasado y presente parecieron darse la mano. Entre fotografías, recortes y pequeños objetos de otra época, volvieron a mis dedos unas postales casi mágicas, y entre ellas dos piezas muy especiales de mi colección: dos postales lenticulares en 3D, una dedicada a la Virgen de Montserrat y otra a la Sagrada Familia.

Al moverlas bajo la luz y ver cómo cobraba vida su relieve con esa gran profundidad, no pude evitar sonreír ante la ironía del tiempo. Esos mismos escenarios que hoy celebran efemérides tan formidables y se fotografían con tecnología de última generación, descansaban en mis manos impresos en el formato que fascinó a nuestra infancia en los años 70's. En aquella época, no hacían falta pantallas ni grandes despliegues digitales; el recuerdo de los lugares sagrados, monumentos y escenarios de la naturaleza se llevaba a casa en forma de una cartulina rugosa que parecía obrar un pequeño milagro tridimensional.

Pero para mí, estas dos piezas tienen un significado todavía más profundo. Crecí a escasa distancia de la Sagrada Familia. Durante mi infancia jugué incontables veces en el parque de enfrente, a la sombra de las torres del templo (ese sueño de piedra que Gaudí ideó y que hoy, cien años después de su partida, el mundo contempla al fin casi terminado), las cuales formaban parte de mi paisaje cotidiano. Al salir de casa estaban allí, dominando el horizonte como una presencia familiar que uno acaba dando por sentada, sin imaginar que algún día se convertirían en uno de los recuerdos más entrañables de toda una vida.

Montserrat también ocupa un lugar igualmente sagrado en mi memoria familiar. Que el monasterio cumpla ahora mil años de historia viva nos recuerda la cualidad eterna de un destino que siempre estuvo cargado de emoción; uno de esos rincones que conservan algo difícil de explicar con palabras. La montaña recortada contra el cielo, el santuario milenario, la imagen de la Moreneta y el silencio de sus senderos han acompañado muchos momentos importantes de nuestras vidas. Para nosotros, Montserrat siempre ha tenido algo de mágico, una espiritualidad que ha resistido el paso de los siglos y que hoy resuena con más fuerza que nunca.

Y es que, en aquellos años de nuestra niñez, bastaba inclinar un poquito esas postales para que ocurriera el prodigio. Un paisaje nevado ganaba fondo, unos ojos de niña parecían moverse o guiñarte un ojo, un ramo de flores se adelantaba hacia quien lo miraba. Las postales lenticulares (aquellas que llamábamos simplemente postales 3D) no eran meras fotografías. Eran pequeños teatros de papel y plástico que guardaban un secreto, despertando la imaginación y convirtiendo el correo en una ceremonia pequeña, casi íntima.

El truco se llamaba impresión lenticular: una fina lámina de plástico con diminutas lentes que, al cambiar el ángulo de visión, revelaban distintas perspectivas de una misma imagen. Para la época, aquello parecía sacado de un laboratorio de efectos especiales. En unos años en los que la ciencia ficción aún habitaba las páginas de las novelas y las televisiones en blanco y negro, aquellas cartulinas traían un pedazo de futuro a la palma de la mano.

Pero su encanto iba mucho más allá de la técnica; pertenecían a un mundo donde las cosas se contemplaban despacio. Llegaban dentro de sobres que se abrían con cuidado, se sostenían como un tesoro y se inclinaban una y otra vez, bajo la luz de la ventana o el flexo del salón, solo por el placer de ver cómo la magia se repetía. Los motivos eran tan variados como evocadores: paisajes alpinos con nieve perpetua, ramos de flores imposibles, cachorros de mirada tierna, vírgenes con niño y felicitaciones navideñas repletas de velas, campanas y ramas de abeto, entre otros muchos. Muchas estaban bañadas en colores intensos y un aire idealizado que hoy, al verlas, resulta inconfundiblemente setentero.

En Navidad alcanzaban su momento cumbre. Llegaban por correo para felicitar las fiestas y se ganaban un lugar de honor sobre el aparador, junto al belén o apoyadas en el espejo del recibidor. Durante semanas formaban parte de la decoración de la casa. Los niños las observaban fascinados, intentando adivinar dónde se escondía el truco, mientras los mayores admiraban aquella innovación que marcas como Top Stereo, producida por la japonesa Toppan Printing, llevaron a medio mundo. Se vendían en papelerías, kioscos y tiendas de recuerdos; eran económicas, llamativas y representaban un lujo pequeño, alcanzable, una manera especial de decir "te recuerdo" con un mensaje que se movía o que tenía una gran profundidad.

Contemplar hoy una de esas postales produce una emoción difícil de explicar. Quizá porque aún conservan su capacidad de asombrar, o porque en ellas se adivina una época en la que la novedad tecnológica podía ser todavía inocente y hermosa. O tal vez, simplemente, porque cada postal encierra una historia: unas vacaciones lejanas, una felicitación escrita con esmero, la letra de unos padres que ya no están, un recuerdo de infancia que se inclina entre los dedos.

Sirvan estas líneas como un tierno rescate de esa geografía sentimental. Las postales 3D son mucho más que piezas de coleccionismo: son fragmentos de memoria impresos en cartón y plástico, pequeñas cápsulas del tiempo que conservan intacta la ilusión de una generación. Al moverlas entre las manos, la imagen sigue transformándose igual que hace cincuenta años. Y de pronto, mientras la profundidad aparece ante nuestros ojos, en el gran centenario de un genio y en el milenario de un monasterio en una montaña sagrada, junto a la presencia de la Virgen negra de Montserrat, la humilde belleza de una cartulina se une en un mismo pensamiento: la certeza de que la verdadera magia sigue viva en aquello que el tiempo no desea borrar. 








sábado, 6 de junio de 2026

DONALD F. DUNCAN Y LA REVOLUCIÓN DEL YO-YO

Hoy, 6 de junio, se celebra el Día Mundial del Yo-Yo, un juguete conocido en todo el mundo por su técnica particular y su forma característica de juego, disfrutado tanto por niños como por adultos.

Me habría gustado enseñaros toda mi colección de yo-yos, especialmente algunos modelos clásicos de Fanta. Son piezas que tienen para mí un valor muy especial, no solo por lo que representan dentro del mundo del juguete, sino también por la nostalgia que despiertan y por lo que significaron en una época en la que este tipo de promociones tenían un encanto único.

Sin embargo, por falta de tiempo, y ya que hoy también se celebra el cumpleaños del Sr. Duncan (otro de los grandes protagonistas de esta historia), vamos a centrarnos un poco más en su papel en la popularización del yo-yo tal y como lo conocemos hoy en día. Y también mencionaré y enseñaré algunos de sus modelos más emblemáticos, que forman parte de la evolución tan curiosa y divertida de este juguete.

En cualquier caso, si hay algo que quiero destacar, es que mis favoritos dentro de la colección son los yo-yos promocionales de Fanta. Sus colores y su estética tan reconocible los convierten en piezas especialmente significativas para mí, ligadas tanto a mi infancia como a mi afición por este mundo.

De hecho, todavía conservo algunos de ellos guardados con mucho cuidado en “EL BAÚL DE HAL”, un rincón muy especial donde guardo estas pequeñas piezas de historia del juguete, junto a otros yo-yos de marcas clásicas como "Russell" y otras que también forman parte de mi colección.

En próximos posts os iré enseñando poco a poco todo ese material relacionado con los yo-yos y con otros objetos que, aunque no sean estrictamente yo-yos, están directamente vinculados a este fascinante mundo del juguete y su historia mmmm fijo que queda pendiente para futuras entradas.

Este juguete fue muy popularizado por Donald F. Duncan, quien eligió la fecha de su nacimiento (6 de junio de 1892) para conmemorar esta efeméride. Se cree que el término "yo-yo" tiene origen filipino; en tagalo significa "viene-viene", en referencia al movimiento de ida y vuelta que realiza el juguete a lo largo de la cuerda.

El yo-yo existe desde hace miles de años (hay referencias históricas y piezas antiguas en Grecia y otras culturas desde alrededor del 500 a. C., aunque no está del todo claro si funcionaban exactamente como los modernos).

El verdadero pionero en Estados Unidos fue Pedro Flores, un inmigrante filipino que trabajaba como botones en un hotel de Santa Mónica, California, en la década de 1920. En sus ratos libres, Pedro tallaba bloques de madera y jugaba con ellos, dando forma a un juguete compuesto por dos discos de madera (o de otros materiales) unidos por el centro con un eje.

Este iba sujeto a un cordón que se enrollaba y se ataba al otro extremo al dedo índice o corazón de la mano, permitiendo hacerlo subir y bajar. Los huéspedes se quedaban embobados mirándolo, fascinados por aquellos movimientos y por las auténticas virguerías que hacía con aquellos juguetes. Pedro se dio cuenta del negocio y fundó la Flores Yo-Yo Company.

Pero su verdadera aportación a la humanidad (y no es broma) fue el sistema de cuerda con lazo (lo que después se conocería como slip-string o cuerda en bucle): antes de Pedro, la cuerda se ataba firmemente con un nudo fijo al eje de madera. El yo-yo bajaba y subía inmediatamente.

La genialidad de Pedro fue que, en lugar de un nudo, hizo un lazo suelto alrededor del eje. Esto reducía el roce y permitía que el yo-yo se quedara girando abajo sin subir de inmediato. Acababa de nacer el "sleeping" (el yo-yo "dormido" o "dormilón"), la base de absolutamente todos los trucos modernos, como pasear al perro o la vuelta al mundo.

Aquí entra nuestro protagonista: Donald F. Duncan, un hombre de negocios de pies a cabeza. De hecho, antes de los yo-yos, el tipo ya se había hecho de oro inventando y comercializando con éxito el parquímetro y las franquicias de helados Good Humor.

En 1929, Duncan vio el yo-yo de Flores en acción y olió el dinero. Le compró la empresa y los derechos a Flores por una suma estimada de unos cientos de miles de dólares de la época (la cifra exacta varía según las fuentes; se suele citar alrededor de 250.000 $), una auténtica fortuna en plena Gran Depresión.

¿Y qué hizo Duncan para que un trozo de madera circular se convirtiera en una obsesión nacional? Marketing agresivo y campañas muy inteligentes. Duncan se alió con el magnate de los medios William Randolph Hearst.

Idearon una campaña en la que, en algunos concursos locales de yo-yo donde se regalaban bicicletas y juguetes, los niños debían conseguir suscripciones nuevas para el periódico de Hearst para poder participar o mejorar su posición en el concurso. El resultado fue un enorme impulso tanto para el periódico como para las ventas de yo-yos.

Duncan contrató a decenas de jóvenes filipinos (incluyendo al propio Pedro Flores durante un tiempo) y los mandó por todo el país. Llegaban a las plazas de los pueblos mostrando trucos imposibles. Los niños, al verlos, querían el juguete inmediatamente.

La nostalgia de los años 60's llevó a Duncan a su época dorada. En 1962, Duncan lanzó una campaña masiva en televisión con el eslogan "If it isn't a Duncan, it isn't a yo-yo", que se traduce como "Si no es un Duncan, no es un yo-yo".

Ese año se vendieron decenas de millones de yo-yos en EE. UU., en un mercado infantil gigantesco. La frase de "más yo-yos que niños" es una expresión publicitaria, no un dato literal verificable. De hecho, el 6 de junio se celebra el Día Mundial del Yo-Yo precisamente en honor al cumpleaños de Donald F. Duncan, como reconocimiento a su papel en la popularización global del juguete.

Pero aquí llegó el giro trágico: Duncan había registrado la palabra "yo-yo" como marca comercial en 1932. Durante años tuvo un control casi total del término en el mercado estadounidense.

En 1965, la empresa rival Royal Tops los demandó. El juez federal dictaminó que la palabra "yo-yo" se había vuelto tan común en el lenguaje popular que ya era un término genérico (lo que hoy se llama vulgarización de marca, como pasó con Aspirina o Celofán). Duncan perdió los derechos exclusivos del nombre "yo-yo".

Entre los gastos legales y la presión del mercado, la compañía entró en una fuerte crisis en esa época y la estructura original de Duncan desapareció como empresa independiente.

El nombre e historia de Duncan no murieron ahí. Los activos y la marca fueron adquiridos por Flambeau Plastics, una compañía que ya fabricaba modelos de plástico para Duncan. Ellos mantuvieron viva la marca y la orientaron hacia yo-yos clásicos de plástico como el Duncan Imperial o el Duncan Butterfly, introducido como un diseño más moderno pensado para facilitar trucos avanzados gracias a su forma más abierta y estable en la cuerda.

Como datos curiosos: si lees en algún sitio que el yo-yo se usaba como arma de caza en Filipinas en el siglo XVI, es falso. Fue una historia de marketing creada por el equipo de Duncan en los años 30's para darle un aire exótico y llamativo al juguete.

En 1974, el presidente Richard Nixon participó en un evento donde se le enseñó a usar un yo-yo. Existen imágenes famosas de él practicando de forma bastante torpe. Uno de aquellos yo-yos relacionados con ese evento llegó a subastarse años después por una muy elevada cifra económica.

En 1985, un yo-yo de Duncan viajó al espacio a bordo del transbordador Discovery. En microgravedad, el comportamiento cambia completamente: no se puede mantener el "sleep" como en la Tierra, ya que el yo-yo no permanece en tensión de la misma forma y flota en la cuerda.

Y ya para terminar, os enseño estos modelos clásicos de Duncan pertenecientes a mi colección y que saqué de "EL BAÚL DE HAL".

Los bonitos, brillantes y coloridos Duncan Imperial, el ágil y acrobático Duncan Butterfly, de refinadas líneas aerodinámicas, el enigmático Duncan Midnight Special, tan oscuro y negro como las profundidades del espacio sideral, y el fluorescente y majestuoso Duncan Glow, que resplandece en la oscuridad como si fuera radiactivo.

¡Feliz Día Mundial del Yo-Yo!










domingo, 31 de mayo de 2026

EXÁMENES, DEBERES… Y DRAGON BALL

¿Quién necesita pasar tardes enteras encerrado en su cuarto, dejándose la vista intentando memorizar las capitales de Europa o peleándose con las tablas de multiplicar a última hora?

Seamos honestos: cuando llegan los exámenes finales y junio aprieta, los métodos de estudio de toda la vida se quedan un poco… cortos.

Por suerte, existía una estrategia mucho más sencilla, legendaria y sospechosamente infalible. Una técnica que, si creciste en los 90's, probablemente recuerdas mejor que cualquier tema de ciencias naturales jajajajaja.

El plan perfecto no estaba en los libros… estaba en otra parte.

Padre: — Dime, hijo… ¿Cómo piensas aprobar el curso si no te veo abrir un solo libro y te pasas el día pegado al televisor?

Hijo: — Muy fácil, papá… ¡Shenron, aparece y concédeme mi deseo! 

Admítelo: si creciste en los 90's, esa frase te acaba de desbloquear un recuerdo automático.

De repente estás otra vez en casa, tirando la mochila al suelo al llegar del cole, encendiendo la televisión de tubo a toda velocidad y llegando justo a tiempo para la intro de "Luz, fuego, destrucción". Era casi un ritual sagrado.

Tardes en las que el mundo se detenía media hora exacta. Media hora en la que no existían los deberes, ni los dictados, ni los exámenes del día siguiente… solo tú y la televisión.

Y ahí estaba: Dragon Ball.

Curiosamente, sabías perfectamente cómo lanzar un Kame Hame Ha, entendías lo que significaba convertirse en Superguerrero y te sabías de memoria las batallas contra Célula o el monstruo Bú… pero las matemáticas seguían siendo otro universo mucho más complicado.

Porque cruzar el Camino de la Serpiente parecía más fácil que un examen sorpresa. Entrenar bajo una gravedad cien veces superior sonaba más razonable que un control de lengua sin avisar. Y buscar las Bolas de Dragón con el radar de Bulma era, sinceramente, más sencillo que estudiar todo el temario la noche antes de un examen final en junio jejejeje. 

sábado, 23 de mayo de 2026

GERONI, EL GIGANTE QUE CANTABA COPLAS

♫♪♫♫♪…Yo iba de peregrina y me cogiste de la mano, me preguntaste el nombre y me subiste a caballo. Fuimos contando las flores que salen nuevas en mayo, y me di cuenta enseguida de que estabas enamorado. Cántame, me dijiste, cántame, cántame por el camino, y, agarrada a tu cintura, te canté a la sombra de los pinos. ¡Y ¡oléeeeee!... ♪♫♪♫♪

Jajajaja, tranquilos, no se me fue la pinza. Todo tiene una explicación: para empezar este post, me he venido arriba y he acabado arrancando casi por bulerías. Lo primero, enseñaros estas figuras tan simpáticas y setenteras-ochenteras de kiosco, similares a las de indios y vaqueros, pero en versión muy a lo María del Monte. Y luego, qué mejor mes que este de mayo para este post, que me trae tantos recuerdos de un buen compañero de colegio… Si leéis el artículo, entenderéis el porqué.

Lo conocí en cuarto de primaria, o puede que fuera en quinto. Con el tiempo, las fechas exactas, las tablas de multiplicar, los exámenes, los ríos de España y las capitales de provincia se van difuminando en la memoria hasta borrarse del todo, pero Geroni no. Geroni es imborrable. Cuando entraba en clase era como si cambiara la escala del mobiliario: los pupitres se encogían, la pizarra perdía autoridad y el maestro, sin comerlo ni beberlo, pasaba a ser el segundo más alto de la clase, después de Geroni.

Y claro… era imposible no fijarse en él.

Gerónimo, aunque nadie le llamaba así. Para todos era simplemente Geroni.

Nos sacaba dos cuerpos de ancho y, por lo menos, dos palmos de altura a cualquiera. Tenía unas manos enormes, unos hombros de armario ropero y una voz que no pegaba absolutamente nada con aquel cuerpo de gigante. Porque Geroni hablaba como si estuviera presentando una gala de copla en Canal Sur. Una voz potente, fina, teatral… muy a lo Rocío Jurado. Y sus maneras… mmmm, bueno… digamos que discretas no eran precisamente.

Geroni era un poquito afeminado o, más que afeminado, era una folclórica atrapada dentro de un titán.

Y qué arte tenía el condenao.

Mientras los demás hablábamos de fútbol, bicicletas o videojuegos, él te soltaba:

— Niño, eso no tiene sentimiento ninguno…

Y acto seguido se arrancaba cantando una copla de Lola Flores, imitaba a Concha Piquer o se emocionaba hablando de Manolo Caracol, que era su favorito. También adoraba a Carmen Sevilla e Imperio Argentina. Se sabía canciones enteras, coplas antiquísimas, y las cantaba en el patio como si estuviera actuando en un teatro lleno.

Y claro… los niños son crueles.

Muchos se metían con él por sus gestos, por cómo hablaba o por las cosas que le gustaban. Y lo más curioso era que, aunque Geroni parecía capaz de arrancar una portería del suelo solo con un soplido, nunca se defendía. Bajaba la cabeza. Callaba. A veces hasta lloraba.

Y daba pena y, al mismo tiempo, rabia verlo así.

Porque en el fondo era más bueno que el pan.

Así que, poco a poco, algunos empezamos a juntarnos con él. A protegerlo. Y aquello era ridículo y entrañable al mismo tiempo: cuatro renacuajos intentando defender a un gigante de casi dos metros. Parecía que un grupo de ratones escoltara a un elefante.

Pero Geroni nos apreciaba de verdad. Se notaba muchísimo.

Cuando cogía confianza y se animaba a jugar con nosotros, era un espectáculo… y también un deporte de riesgo. Porque no controlaba su fuerza. Ni un poco.

Jugando a fútbol, una carga suya te mandaba directamente a la otra punta del patio. Y jugando a tocar y parar, un simple palmetazo suyo podía desmontarte media espalda. Si se emocionaba demasiado porque se lo estaba pasando bien, aquello ya era supervivencia pura.

—¡Geroni, más flojooooo!

—¡Ay, perdón, niño, que no mido!

Y cinco segundos después… ¡PUM! Otro viaje.

Pero qué bien nos lo pasábamos.

A veces, cuando ordeno "EL BAÚL DE HAL" y encuentro algunas de estas figuras que enseño, o escucho alguna copla antigua por la radio o en la tele, todavía me acuerdo inevitablemente de él. Me quedo mirando al vacío durante unos minutos y me pregunto qué habrá sido de su vida, dónde andará ese torbellino de dos metros.

Me gusta pensar, con una gran sonrisa en la cara, que el mundo exterior no logró apagarlo ni cambiarlo. Me lo imagino viviendo en una gran ciudad, subido a un escenario importante iluminado por focos de mil colores, vistiendo las lentejuelas más brillantes de la tienda, cantándole al amor y al desamor con esa voz maravillosa que merecía ser escuchada por todo el mundo. Me gusta pensar que acabó siendo exactamente quien le dio la santa gana ser, sin esconderse de nadie, sin pedir perdón y sin pedir permiso a los intolerantes.

Porque Geroni tenía algo precioso que a la mayoría de la gente se nos olvida en el camino gris hacia la madurez: era un tipo auténtico. No fingía otra personalidad para caer bien. No intentaba parecer un tipo duro para que los demás lo respetaran. No quería encajar en la sociedad a base de codazos. Él solo quería cantar sus coplas en algún tranquilo rincón, regalar un poco de su arte a quien quisiera escucharlo y que lo dejaran ser feliz a su manera.

Ojalá la vida, después de aquellos inviernos largos de mocos, frío y patio de colegio de cemento, le haya tratado con el mismo amor limpio y la misma generosidad con la que él nos miraba a nosotros. Brindo por ti, mi querido amigo gigante del folclore español. Allá donde estés ahora mismo, que nunca te falte aquel auténtico sentimiento que tenías cuando te conocí. 


sábado, 16 de mayo de 2026

LAS 20 REGLAS DEL FÚTBOL CALLEJERO

Vistas desde hoy, algunas de estas reglas pueden parecer injustas, poco éticas o incluso absurdas. Pero pertenecen a otra época… a esos años de infancia en los que no había móviles ni demasiadas preocupaciones, solo un balón, una calle y las ganas de jugar hasta que se hiciera de noche.

LAS 20 REGLAS DEL FÚTBOL CALLEJERO

1.- El gordito siempre es el portero.
2.- El partido acaba cuando todos están cansados.
3.- Aunque el partido vaya 20-0, se decide por "el que meta gana".
4.- No hay árbitro.
5.- Solo se pita falta si es muy muy clara o alguien sale llorando.
6.- No existe el fuera de juego.
7.- Cuidado: si el dueño del balón se enfada, se nos acaba el partido.
8.- Los dos mejores no pueden estar en el mismo equipo y son los que eligen quién juega en él.
9.- Si eres el último en ser elegido es una gran humillación.
10.- En las faltas directas, la barrera siempre estará bastante cerca del balón.
11.- Se detiene el partido cuando pasa una persona mayor o una madre con carrito de bebé.
12.- Los jugadores del barrio vecino siempre serán nuestros enemigos.
13.- Los que son unos patatas jugando se quedan de suplentes o, como mucho, de defensas.
14.- Si llegan los mayores para jugar, hay que abandonar la pista o el campo, pero no sin antes protestar.
15.- Siempre hay un vecino que no te deja jugar y además te amenaza con quitarte la pelota.
16.- Si se apuesta algo, hay que ponerse muy serio... Es como jugar una final.
17.- Las porterías son dos piedras, dos carteras o dos chaquetas de chándal, pero siempre habrá un equipo que tenga la portería más pequeña.
18.- Cuando un equipo mete gol pasando el balón por encima del portero, todos los del equipo contrario gritan "ALTAAAAA" (suele dar resultado para que el gol no valga).
19.- Si hay penalti, quitan al gordo y ponen al más bueno.
20.- Y por supuesto, la ley de la botella: el que la tira va a por ella.