Si creciste en los años 80's, seguro recuerdas aquel sobre de brillantes colores espaciales que contenía pequeñas cápsulas de diversión. Al abrirlo y colocar los gránulos en la boca, podían hacer estallar tu paladar con un chisporroteo que parecía decir: "¡bienvenido al espacio!". Los Peta Zetas no eran simples caramelos; eran diminutas explosiones de felicidad que nos hacían sonreír y soñar.
Antes de que existieran los Peta Zetas, en 1956 un químico estadounidense, William A. Mitchell, creó los primeros caramelos explosivos en América, comercializados años más tarde como Pop Rocks. Estos pequeños dulces ya contenían burbujas de dióxido de carbono (CO₂) que, al disolverse en la boca, provocaban aquel chisporroteo tan especial que maravilló a niños y adultos por igual. Sin embargo, su historia en Estados Unidos tuvo altibajos. A pesar del éxito inicial, rumores urbanos sobre supuestas explosiones estomacales al combinarse con refrescos provocaron que la producción se detuviera temporalmente en 1983.
En España, la historia dio un giro. Inspirados por los Pop Rocks y por los antiguos cubitos de hielo del hotel Waldorf Astoria en Nueva York, cubitos traídos del Polo Norte que contenían burbujas atrapadas durante siglos y que estallaban al sumergirse en líquido, copas o cócteles, Ramón Escolà, ingeniero químico, y Antonio Asensio, empresario del Grupo Zeta, decidieron crear un caramelo que replicara esa sensación. Tras meses de pruebas, lograron encapsular burbujas de dióxido de carbono (CO₂) dentro de azúcar, pero con un proceso mejorado que aumentaba la seguridad, la efervescencia y la durabilidad del dulce. Así nació en 1979 Peta Zetas, el caramelo que revolucionaría la infancia de toda una generación.
El primer sobre de Peta Zetas mostraba un astronauta rodeado de estrellas. Esta imagen no fue un capricho de los diseñadores; se basó en lo que un niño dijo al probar el caramelo por primera vez: "¡Es como caramelo del espacio, como meteoritos que explotan en la boca!". Esa frase quedó inmortalizada en el diseño, y desde entonces el pequeño astronauta se convirtió en un símbolo de diversión y fantasía que acompañaría a millones de niños en sus recreos y meriendas.
Cada gránulo de Peta Zetas es un pequeño milagro científico. Durante su fabricación, los azúcares, sacarosa, lactosa y jarabe de glucosa, se calientan casi hasta 150 °C para formar un jarabe espeso. Luego se introduce dióxido de carbono (CO₂) a presión en un reactor, creando diminutas burbujas que quedan atrapadas en el caramelo. Al contacto con la saliva, estas burbujas estallan, liberando un chisporroteo y un crujido que despiertan todos los sentidos. Cada gránulo es un espectáculo efervescente, un pequeño estallido de alegría que hace cosquillas en la boca y en el oído.
Los Peta Zetas no solo conquistaron la infancia, también entraron en las cocinas más creativas del mundo. Chefs como Ferrán Adrià, Paco Roncero, Oriol Balaguer, Arzak y Heston Blumenthal han incorporado los caramelos en helados, chocolates, pralinés y postres innovadores, jugando con la sorpresa y la textura. Espolvoreados sobre helados, mezclados con crema pastelera, integrados en galletas o presentados como chupitos que estallan en la boca, los Peta Zetas aportan un toque de magia y diversión que transforma cualquier plato en un juego de sensaciones. La versatilidad de estos caramelos demuestra que lo divertido y lo sofisticado pueden coexistir; un gránulo puede ser al mismo tiempo un recuerdo de la infancia y un ingrediente de alta cocina. Esta creatividad ha llevado a que Peta Zetas reciba premios como el Sabor del Año 2013, en reconocimiento a su capacidad de sorprender en la gastronomía moderna.
Los Peta Zetas son mucho más que caramelos; son cápsulas de nostalgia que nos transportan a tardes de juegos, risas y travesuras de patio. Cada chisporroteo evoca emociones puras, momentos de felicidad que quedaron guardados en la memoria. Los colores brillantes, la textura crujiente y la sensación efervescente en la lengua hacen que cada estallido sea un viaje en el tiempo, un regreso a la infancia donde la sorpresa y la diversión eran parte de la rutina.
Los adultos que buscan revivir esos recuerdos encuentran en los Peta Zetas un dulce puente hacia su pasado. La marca ha sabido aprovechar esta nostalgia ofreciendo nuevos sabores, formatos masticables, combinaciones con chocolate, chicles o piruletas, manteniendo viva la chispa original mientras sorprende con innovaciones.
Tras su éxito en España, Peta Zetas comenzó a expandirse internacionalmente a principios de los 80's. La compañía Zeta Espacial estableció filiales en México y Estados Unidos, consolidando su presencia en más de 60 países. En Estados Unidos, los Peta Zetas se comercializan como Pop Rocks, mientras que en Latinoamérica mantienen su nombre original. La marca se ha diversificado también en productos como Fizz Wiz, Frizzy Pazzy y Magic Gum, llegando a millones de consumidores y estableciéndose como referencia mundial en caramelos efervescentes. Durante años se ganó la reputación de ser un caramelo divertido y seguro, a pesar de los rumores urbanos sobre su supuesta peligrosidad combinada con refrescos, que solo aumentaban su mística y la fascinación de los niños por experimentarlo.
Curiosamente, los beneficios iníciales de los Peta Zetas estaban ligados indirectamente al mundo editorial. La empresa de Antonio Asensio también lanzó la revista Interviú en 1976. Aquella primera portada mostraba a una modelo británica con una camiseta mojada y semitransparente, provocando sorpresa y admiración en el público. Aunque los productos eran totalmente distintos, el nombre "Zetas" quedó en el caramelo como un guiño discreto a la editorial, un detalle que conecta al caramelo con la historia cultural de la España de los 70's y 80's y que pocos recuerdan, pero que añade un toque entrañable a su historia.
Hay algo profundamente poético en un caramelo que explota. Cada burbuja liberada es un instante de sorpresa, un recordatorio de que la felicidad se encuentra en pequeñas explosiones: en la risa compartida, en la dulzura inesperada, en la memoria que vuelve a la infancia. Los Peta Zetas nos enseñan que la magia existe incluso en lo más cotidiano y que un gránulo de azúcar puede ser un pedacito de cielo en la boca.
Hoy, los Peta Zetas siguen siendo un símbolo de diversión, creatividad y nostalgia, un dulce que atraviesa generaciones y que nos recuerda que, de vez en cuando, todos necesitamos escuchar un pequeño "pum" en el corazón.

























