COPIAR O CORTAR Este primer código evita que copien los textos de tu página o blog Este segundo código evita que copien las imágenes y gif COPIAR O CORTAR Yo también lo tuve! Nostalgia y Recuerdos de los años 60 - 70 - 80 - 90's: PELUSÍN, EL MICO DE JUDITH

sábado, 26 de septiembre de 2026

PELUSÍN, EL MICO DE JUDITH

Hace ya unos años, poco más de tres, para ser exactos, ya que esto ocurrió en agosto de 2023, una muy buena amiga de la familia, Montse, me preguntó con ilusión:

—Tú que eres coleccionista y te mueves en este mundo de los juguetes antiguos y objetos vintage... ¿sería posible encontrar una muñeca "chochona" de los años 80's en buen estado?

Le dije que encontrarla no sería problema. Otra cosa bien distinta sería su estado de conservación... Pero eso fue una historia que ya conté y no quiero que este post se alargue más de la cuenta. Si algún día quieres leer ese artículo y saber si nuestra amiga Montserrat consiguió su añorada Chochona, te dejo aquí el enlace de este entrañable post: "Una Chochona para Montse"

El caso es que, a raíz de aquella pregunta de Montse, se produjo un auténtico efecto dominó... y Judith, mi esposa, de repente, también empezó a recordar un juguete muy querido de su infancia. Judith me contó que uno de sus juguetes preferidos había sido un mono que le regalaron cuando cumplió cuatro años.

El mono y una pequeñita tarta de manzana con cuatro velas solamente para ella. Y eso, en una casa con tres hermanas mayores, era todo un privilegio, ya que a todas les volvían locas los dulces. Pero las mayores tenían que conformarse solamente con el pastel. La tartita especial de manzana era solamente para Judith.

Ufffff, me imagino la escena y le pongo incluso música de Guns N' Roses con el tema "WELCOME TO THE JUNGLE" (BIENVENIDO A LA JUNGLA... mmmm, y no precisamente por el mono jajajajaja). Lo recordaba perfectamente, pero había un misterio.

Judith, no recordaba ni su nombre exacto ni de qué marca era aquel juguete. Y yo, con esa chulería cariñosa de quien quiere impresionar, le solté:

—Te lo conseguiré. Palabra.

Durante esos tres años, cada vez que visitaba un mercadillo o buceaba por páginas de coleccionismo, en cuanto veía un mono de peluche, se lo enseñaba a Judith. Pero mi gozo en un pozo. Aquel nunca era el mono de brazos y piernas largas, aquel que tenía una esponjosa cola, piel suave y un cuerpo blandito que parecía relleno de arroz.

Ese mono que ella siempre llevaba abrazado o colgado al cuello. Y así pasaban los meses. Y los años. Veía un mono, el corazón me daba un pequeño brinco, se lo enseñaba a Judith y ella lo miraba con cariño... pero negaba con la cabeza.

—No, este no es.

Y vuelta a empezar. No sabía dónde me metía cuando hice aquella promesa. Pero una promesa es una promesa.

No hace mucho, navegando por una conocida página de compraventa de antigüedades, vi un gracioso mono de peluche. Al mirarlo, tuve la extraña sensación de que me decía:

—Al fin me encontraste.

El corazón me dio un vuelco. —¿Será este el mico de Judith? —pensé. Después de tantas veces creyendo haberlo encontrado para descubrir que no era él, me quedé un rato quieto, con el móvil en la mano, sin atreverme a ilusionarme del todo.

Pero aquella vez había algo diferente. La mirada de aquel Pelusín de ojos verdes me devolvía una esperanza renovada. Aquel podía ser, por fin, el fiel compañero de aquella Judith de cuatro años.

—¡Pelusín! —Gritó Judith nada más ver la foto—. ¡Es él, es mi mico! Reconoció su nombre al instante. Pelusín. Su nombre había estado dormido durante décadas en algún rincón de su memoria, esperando encontrar la imagen que lo despertara.

—Al fin —dije yo, soltando un largo suspiro—. Después de estos años, te lo encontré. Me gusta cumplir mis promesas. Pero la anécdota no terminaba ahí.

No me conformé con mostrarle la foto. Como se acercaba su santo, el siete de septiembre, decidí jugar en secreto. Sin decirle nada, se lo compré.

Hace tan solo unos pocos días, el paquete con Pelusín llegó a casa. Judith pensaba que era uno de los habituales paquetes con juguetes de los míos, esos que pido de vez en cuando, pero esta vez la sorpresa fue monumental. Le pedí ayuda para desenvolver la caja mientras la miraba disimuladamente con una sonrisa pícara.

Al abrirla y descubrir al viejo amigo, su mirada y su abrazo fueron, sin duda, el mejor pago del mundo. Y entonces pensé que aquel pequeño mono no era solamente un juguete antiguo. Era un pedacito de infancia que había conseguido sobrevivir al paso de los años.

Este simpático muñeco que os enseño es el Mono Pelusín, un clásico juguete fabricado en la década de 1970 por VIR (Peluches Vir), una emblemática juguetera española fundada en Valencia por Don Virgilio Pérez y Doña Celia Machancoses, cuya trayectoria abarcó desde los años 60's hasta bien entrados los 90's.

Aquellos entrañables peluches de alta calidad se caracterizaban por tener la cara y las extremidades (manos y pies) de goma o plástico duro, un detalle muy singular que, unido a sus grandes y expresivos ojos verdes, mejillas coloradas y una característica sonrisa traviesa (al menos en este modelo), les otorgaba una expresividad única y entrañable.

Pero había algo más. Al conservarse la caja original, aparecían en ella ilustraciones de una pequeña selva de verdes paisajes y, entre aquellos escenarios, otros miembros de la familia Pelusín: un orangután, mono, cordero, perro, oso, conejo, etc. Todo parece indicar que aquel simpático mico no estaba solo, sino que formaba parte de un conjunto de animales de la época.

Y quizá por eso me gusta tanto esta historia. Porque detrás de un viejo peluche, de una fotografía encontrada en una página de compraventa y de una promesa hecha casi sin pensarlo, había algo mucho más importante. Hay recuerdos que se pierden en el tiempo como barquitos de papel, y luego el mar los devuelve a la orilla cuando menos se espera.

Así volvió el mico de Judith: con el pelo cansado de tantos inviernos pasados, pero con la sonrisa intacta. Y la niña de cuatro años, que nunca se había ido del todo, le sonrió y le dijo:

—Bienvenido, bienvenido a casa. 












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