Hoy, en nuestra sección de Minutos Musicales, un "hasta siempre" a Rodway y un merecido homenaje
a una banda imprescindible: Triana. A su auténtica y original formación, a
aquella vieja banda que hizo historia y dejó una huella imborrable en nuestra
música.
Hay
despedidas que no terminan cuando se cierra una vida. Algunas permanecen
suspendidas en el aire, escondidas entre acordes, en una canción que vuelve a
sonar muchos años después y nos devuelve, por un instante, aquello que creíamos
perdido.
Estos días
Triana tiene un silencio distinto. Eduardo Rodríguez Rodway,
"Rodway", se ha marchado. Falleció el pasado sábado, 26 de septiembre
de 2026, en Puerto Real (Cádiz), a los 81 años, dejando detrás una historia
escrita con seis cuerdas, sensibilidad y esa manera tan nuestra de entender la
música como un lugar donde caben las raíces, el Rock, la libertad, la poesía y
la emoción.
Con él se
despide también el último miembro de la formación original de Triana, aquella
banda que abrió una puerta que hasta entonces parecía difícil de atravesar: la
que unía el alma del flamenco con la fuerza y la búsqueda del Rock progresivo.
Junto a Jesús de la Rosa y Juan José Palacios, "Tele", Eduardo formó
parte, desde 1974, de una aventura musical que acabaría convirtiéndose en algo
mucho más grande que un grupo.
Porque Triana
no fue solamente música. Fue atmósfera. Fue Andalucía mirando hacia adelante
sin renunciar a sus raíces. Fue psicodelia, electricidad y memoria. Fue poesía
convertida en sonido. Fue Rock Andaluz.
Y allí estaba
la guitarra de Rodway, acompañando aquel viaje con delicadeza unas veces,
inquietud otras, pero siempre cargada de sentimiento. Quizá por eso basta con
que empiecen a sonar los primeros compases de "Abre la puerta",
"En el lago", "Rumor" o "Tu frialdad" para que
algo se despierte dentro de nosotros.
Ya no son
únicamente canciones. Son lugares a los que regresamos. Recuerdos que tienen
melodía. Noches, amores, personas especiales y queridas, momentos y emociones
que encontraron refugio en aquellos discos.
El tiempo
pasa, los músicos se van y las generaciones cambian, pero hay canciones que se
niegan a envejecer. Hoy escucharemos de nuevo a Triana con la tristeza
inevitable de quien sabe que uno de sus protagonistas ya no está. Con Eduardo
desaparece también el último miembro de aquella formación original que ocupa un
lugar único en nuestra memoria y que resulta fundamental para comprender la
historia del Rock Andaluz.
Pero también
lo haremos con una profunda gratitud. Eduardo, Jesús y Tele dejaron algo que el
tiempo no ha conseguido borrar: una música que continúa respirando cada vez que
alguien coloca un disco, pulsa una canción o descubre por primera vez aquellos
sonidos.
Quizá ese sea
el verdadero privilegio de un músico: poder marcharse y, sin embargo, seguir
estando. Eduardo se ha ido, pero su guitarra permanece. Y mientras Triana siga
sonando, una parte de él seguirá caminando por esas calles de Andalucía, entre
la memoria y la noche, buscando siempre una puerta que abrir.
Gracias,
Eduardo, por la música, por la sensibilidad y por formar parte de una historia
que ya pertenece para siempre a nuestra memoria. Que descanses en paz, Rodway.
Tu guitarra
seguirá sonando en mi memoria y en mi corazón.
Abre la puerta
En el lago
Luminosa mañana
Sé de un lugar
Rumor
Hijos del agobio
Sentimientos de amor
Quiero contarte
Cae fina la lluvia
Una historia
Tu frialdad
Una noche de amor desesperada
Un nido en mi ventana
Corre
Un mal sueño
Desnuda la mañana
De una nana siendo niño
Llegó el día

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