Dicen los supersticiosos que en martes 13 no te cases ni te embarques. Lo que no aclara el refrán tradicional es qué demonios hacer si te vence el contrato de alquiler este mes. Porque hoy en día, encontrar un piso y ya no digamos una casa, con un precio razonable en la ciudad no es cuestión de suerte: es directamente un expediente X.
Hay algo maravillosamente nostálgico en recordar los años 70's y 80's. Aquella época en la que los mayores se preocupaban por cosas entrañables como la subida de la gasolina o si el coche consumiría demasiado en el viaje a la playa. En aquellos tiempos, las películas de terror nos asustaban con casas encantadas de fachadas imponentes, techos de madera y ventanales con personalidad. La mansión de Terror en Amityville, por ejemplo: un caserón estilo holandés con jardín, chimenea y un toque arquitectónico único. ¿El problema de la vivienda? Que crujían los suelos y las paredes susurraban "fueraaaa" a las tres de la madrugada.
Sinceramente, visto lo visto en los portales inmobiliarios actuales, ¿a quién le importa un espectro volando por el pasillo?
Echando la vista atrás con una sonrisa gamberra, la definición de "casa de pesadilla" ha cambiado drásticamente. En los 80's, el horror era un espíritu chocarrero moviendo las sillas del salón. Hoy, el verdadero pánico es abrir la app de alquileres y descubrir que un "estudio diáfano y acogedor" no es más que un antiguo cuarto trastero reconvertido, sin ventana, donde la ducha está prácticamente encima de la vitrocerámica y por el que te piden el sueldo entero y el riñón de un pariente cercano.
Por eso, en un día tan señalado como este martes 13, la verdadera ganga no es que la casa esté reformada; es que tenga metros cuadrados reales. Si la mansión de Amityville saliera hoy al mercado por un precio decente, la cola para la visita daría la vuelta a la manzana. Ni psicofonías, ni luces que se apagan solas, ni moscas en el cristal van a asustar a una generación que ha aprendido a convivir con caseros voraces y fianzas de tres meses. Es más, hasta le encontraríamos el lado positivo al asunto:
—Oye, ¿no te da miedo que el espíritu del antiguo dueño haga flotar los platos?
—¡Qué va! Si nos ahorramos el lavavajillas y encima nos entretiene el fin de semana.
Al final, reírnos de nuestra propia suerte es el mejor refugio que nos queda. Nos consuela recordar las películas con las que crecimos y darnos cuenta de que los verdaderos monstruos no llevan sábana ni flotan en el aire: llevan un contrato con cláusulas abusivas bajo el brazo. Así que, si hoy en tu martes 13 encuentras un piso o una casa con luz natural, balcón y un precio que no te obligue a alimentarte a base de arroz el resto de tu vida... no preguntes si la casa tiene historia. Firma rápido, saluda educadamente al fantasma del pasillo y dile que, si va a quedarse, le toca pagar la mitad de la comunidad y parte de la factura de la luz jajajaja.

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