COPIAR O CORTAR Este primer código evita que copien los textos de tu página o blog Este segundo código evita que copien las imágenes y gif COPIAR O CORTAR Yo también lo tuve! Nostalgia y Recuerdos de los años 60 - 70 - 80 - 90's

sábado, 1 de febrero de 2025

EL MICROSCOPIO 2002: PEQUEÑOS DESCUBRIMIENTOS, GRANDES RECUERDOS

Hoy os contaré una historia que me ocurrió hace unos añitos... Una de esas historias de "abuelo cebolleta", y nunca mejor dicho, jejejeje.

Este microscopio fue un juguete clásico de los años 70's, fabricado por 2002 Juguetes Instructivos. Con él descubrimos un mundo invisible a simple vista: hormigas, alas de mariposas y moscas, raíces de plantas y muchas otras cosas fascinantes. Fue un auténtico tesoro para pequeños aprendices de investigador, yo entre ellos.

El microscopio 2002 tuvo varios modelos: uno con espejo para capturar la luz y dirigirla hacia el objeto de observación, otro con luz propia alimentada por pilas, e incluso, en los años 80's, lanzaron un modelo con visión en pantalla, como un pequeño monitor de TV. ¡Todo un lujo!

Pero hoy quiero hablaros del que yo tuve: el segundo modelo, el que tenía luz propia a pilas. Es como el que aparece en las imágenes del 2002 (que, por cierto, no son mías; las saqué de Internet, así que los créditos corresponden a sus autores).

Tengo un par de anécdotas que contaros sobre este juguete, pero antes quiero recalcar que era, simplemente, un juguete. Si leéis hasta el final, entenderéis por qué lo enfatizo.

Recuerdo un día de verano de casi finales de los 70's aquella tarde fui a casa de mis amigos y vecinos, los hermanos Fortea: José María y Ángel. Al entrar, los vi reunidos en la mesa del comedor, concentrados en algo que no distinguí de inmediato. Me acerqué y pregunté:

—¿Qué hacéis?

Me enseñaron un microscopio que le habían regalado a Ángel.

—¡Ostras, qué chulada! —exclamé—. Déjame ver… ¿Qué se ve, Ángel?

Me dijo que tenía una hormiga en el portaobjetos (la lámina de cristal donde se coloca lo que quieres observar), pero que ya habían examinado muchas otras cosas.

—A ver, a ver… ¡Déjame mirar!

Acerqué el ojo al ocular y… ¡qué pasada! Así que así eran las hormigas. ¡Vaya pinzas tenían y qué enormes parecían! Aquello era un universo nuevo para cualquier niño.

Ángel cogió el portaobjetos con la hormiga medio aplastada y lo metió en un vaso de agua que tenía sobre la mesa.

—Siempre hay que limpiarlos después de usarlos… Lo dicen las instrucciones —me comentó.

Pensé para mis adentros: Eso de limpiarlos durará dos o tres días, como mucho mmmm con lo guarrete que era Ángel…

En ese momento, la Sra. Ángeles, la madre de mis amigos, se me acercó y me preguntó:

—¿Quieres beber algo?

—Sí, gracias. Un vasito de agua…

—Ahora mismo te lo traigo —me respondió.

Seguimos explorando: un trocito de azúcar, un pelo, un ala de mosca recién capturada, una pluma del canario del Sr. Vicente, padre de Ángel… Estábamos totalmente absortos en nuestro pequeño laboratorio improvisado, emocionados con cada nuevo descubrimiento.

El entusiasmo me resecó la garganta, así que cogí el vaso de agua y me lo bebí de un trago. Ya estaba listo para seguir con la investigación microscópica. De mayores, los tres seríamos químicos investigadores… O eso nos decíamos el uno al otro.

Al poco rato, llegó la Sra. Ángeles y me dijo:

—Lo siento… Me distraje con la novela y se me olvidó traerte el vaso de agua.

En ese instante, mi mente se llenó de dudas y preguntas: ¿Pero entonces… qué vaso me bebí? ¿El de la limpieza? ¿Cristales, insectos machacados, alas de mosca…?

Mi cerebro no quería procesarlo, pero mi estómago sí. ¡Ay, mi estómago! Salí corriendo al baño y lo eché todo… y un poco más, jajajaja.

Creo que incluso estuve unos días malo del asco que me dio. Ahora lo recuerdo con humor, pero mi estómago aún me dice que cambie de tema… Será mejor que le haga caso.

Afortunadamente, no sufrí ningún efecto secundario: no se me cayó ninguna oreja, ni me salieron largos colmillos, sigo teniendo diez dedos en las manos y diez en los pies, no me salieron antenas de hormiga ni alas de insecto y ni mucho menos alitas como a Tobi… Aunque desde entonces hago unos ruidos un poco extraños: "BZZZZZ, BZZZZZ". Nada grave, es broma, jajajaja.

Dejando de lado esa anécdota del vaso de agua, el microscopio me encantó. Tanto, que insistí hasta que mis padres me lo compraron. No recuerdo si fue para Reyes o por mi cumpleaños, pero finalmente mmmm... Yo también lo tuve!

La segunda anécdota, ya con mi microscopio fue algo más frustrante, aunque debo de decir que aquel juguete me dio muchas horas de juego. En clase de Ciencias Naturales, nuestro profesor, Josep Algueró (al que envío un gran saludo, ya que gracias a Facebook hemos retomado contacto con antiguos alumnos y profesores), nos habló sobre microorganismos y el mundo microscópico.

Antes de terminar la clase, nos preguntó:

—¿Os apetece hacer algún experimento con un microscopio?

No recuerdo si dijo que tenía uno o que podía conseguirlo, pero mencionó que un solo microscopio sería insuficiente para los 20 o 30 alumnos de la clase.

—¿Alguien tiene alguno más que pueda traer?

Nadie levantó la mano, excepto yo.

—¡Josep, yo tengo el microscopio 2002!

—¡Estupendo! Para la próxima clase tráelo y haremos un par de grupos.

Yo, emocionado, pensaba: Seguro que me sube nota con el detallazo del microscopio, jejejeje.

Llegó el día y llevé mi "súper microscopio 2002". Sin embargo, al compararlo con el de Josep, noté grandes diferencias: el suyo era de metal y casi el doble de grande que el mío, entre otras ventajas. Pero no le di mucha importancia hasta que Josep propuso observar una cebolla bajo el microscopio.

—Veremos su membrana, su pared celular y su núcleo —nos explicó.

Cortó un trocito de cebolla y me dio una muestra para colocarla en mi microscopio. Lo ajusté y… sí, algo se veía. Pero no era nada espectacular. Apenas unos filamentos borrosos.

Mientras tanto, en el otro grupo, escuchaba exclamaciones como:

—¡Qué pasada! ¡Se ve increíble! ¡Parece una colmena!

Me acerqué al microscopio de Josep y… ¡eso sí que era una pasada! Se veían claramente todas las particiones y las paredes celulares de la membrana de la cebolla, (como las de la imagen microscópica que subí).

Fue entonces cuando entendí que mi microscopio era tan solo un juguete. De hecho, una buena lupa probablemente habría hecho mejor trabajo que aquel 2002.

Años después, sobre finales de los 90's, le compré a mi hijo un microscopio, un poquito mejor que el que yo tuve (El del maletín de las últimas fotos, que aun guardo, para cuando mi nieta sea más grande contemplar ese mundo en miniatura desde su lente, con ella). Pero como curiosidad... ¿Sabéis lo primero que pusimos mi hijo y yo en el portaobjetos?

Exacto: un trocito de piel de cebolla.

Miré por la lente y sonreí al ver las células perfectamente nítidas y definidas, con toda claridad, como aquel día en clase con Josep. Respiré tranquilo y aliviado y exclamé:

— ¡Ahora SÍ!.

Aquella frustración infantil se esfumó por completo, siendo reemplazada por la risa y la complicidad de compartir aquel descubrimiento junto a mi hijo.
















sábado, 18 de enero de 2025

DIBUJOS DE TERCIOPELO

Ah, los años 80's, qué época tan mágica y peculiar. No sé si te pasaba lo mismo, pero para mí, una de las diversiones más simples y, a la vez, más hipnotizantes era pasar la mano por el sofá del salón. No era un sofá cualquiera, claro, sino ese que estaba forrado con lo que parecía ser el material más sofisticado de la época: una especie de terciopelo sintético o algo que mis padres llamaban "piel de melocotón" mmmm creo recordar que incluso sacaron pantalones con aquel tipo de tela. Pero la verdadera magia estaba en el efecto direccional de la tela: debido a su estructura suave de alta densidad, la tonalidad podía verse modificada con tan solo pasar la mano en distintas direcciones y ángulos. Cada vez que lo hacía, las fibras se "aplastaban" o se "levantaban", creando un espectáculo visual que convertía un simple sofá en un lienzo interactivo.

Recuerdo cómo solía sentarme en aquel sofá para ver la tele, o en sus reposabrazos, simplemente para jugar con el "efecto de cambio de color". Dibujaba líneas, cuadrados y hasta intentaba escribir mi nombre y apellidos, aunque la "O" nunca me salía bien porque, al intentar cerrar el círculo, arruinaba la parte inicial. ¡Era frustrante y divertido al mismo tiempo! A veces mi madre me encontraba tan concentrado en esa tarea que se reía y decía: "Deja de maltratar el sofá, que lo vas a desgastar." Pero, para mí, aquel "sofá mágico" era mucho más que un mueble: era una herramienta de entretenimiento casera que no necesitaba baterías ni enchufes, perfecta para esos días en los que la tecnología punta era un televisor de tubo y dos canales de programación.

Y no sé por qué, pero ese simple acto de pasar la mano por la tela tenía algo casi terapéutico. Había algo profundamente satisfactorio en ver cómo la dirección del "pelo" de la tela se alteraba con el roce, como si me estuviera respondiendo, como si el sofá y yo compartiéramos un pequeño secreto que nadie más entendía. Por supuesto, también estaba el desafío de dejarlo "todo del mismo color" antes de que alguien lo notara, porque mi hermano mayor siempre me acusaba de ser el culpable de las marcas en el tapizado, mmmm, y la verdad es que, el 99,9% de las veces, el soplón acusica de mi hermano tenía razón. Cualquier cosa rara que pasara en casa, yo tenía todos los números para ser el ganador, o mejor dicho, el culpable, jajajajaja.

Hoy en día, cuando veo un sofá parecido, aunque ahora los llaman "microfibra" y dicen que son más resistentes, no puedo evitar sonreír. Me detengo, paso la mano como lo hacía de niño y, por un momento, regreso a aquel salón de los 80's, con su alfombra peluda y las cortinas de estampados vibrantes, donde los problemas eran más simples y la diversión podía encontrarse en un simple juego de luces, texturas y la magia de un sofá que cambiaba de color al acariciarlo con tu mano.

sábado, 11 de enero de 2025

UNOS MINUTOS MUSICALES CON ROD STEWART

Ayer, uno de mis cantantes favoritos de la infancia celebró su 80 cumpleaños. ¿Qué mejor ocasión para dedicarle un espacio en nuestra sección de "Minutos Musicales"? Hoy recordamos algunos de sus temas más emblemáticos y populares.

Supongo que la gran mayoría sabréis quién es este señor, Rod Stewart, ya sea porque en vuestra juventud lo escuchabais o porque vuestros padres o hermanos mayores solían poner su música en casa. En mi caso, fue lo segundo: mi hermano era un gran fan del señor Stewart y siempre tenía su música sonando en su equipo. Pasaba horas con aquellos enormes auriculares puestos, escuchando una y otra vez al rebelde de Rod.

Claro, como buen hermano pequeño, yo quería hacer todo lo que él hacía. Así que no paraba de pedirle que me dejara los auriculares y que me pusiera alguna canción. Y bueno, ya os imaginaréis que muchas veces me decía que no. ¿Qué hacía entonces? Pues nada, esperaba a que se fuera de casa y... ¡zas! Me metía a hurtadillas en su cuarto. Ahí estaba yo, toqueteando todo: su equipo de música, sus discos, y por supuesto, poniéndome esos auriculares que, os juro, que casi eran más grandes que mi cabeza jajajajaja parecían diseñados para un astronauta más que para un niño como yo.

Recuerdo que me sentía como si estuviera entrando en una misión secreta. A veces me asustaba si oía algún ruido y corría a dejar todo como estaba, aunque seguro que mi hermano se daba cuenta porque nunca dejaba nada exactamente igual. Pero esas travesuras valieron la pena: gracias a esos momentos, conocí no solo a Rod Stewart, sino también a otros músicos increíbles de los 70's y 80's.

Ahora, cada vez que escucho canciones como "Maggie May" o el precioso tema "Sailing", no puedo evitar sonreír al recordar esos días. Quién iba a decir que mi hermano, sin querer, se convertiría en mi maestro musical, al menos en los inicios de mi educación musical y en mi melomanía jejejeje, mmmm eso sí, ¡nunca le confesé cuánto usé su equipo sin permiso y también aquellos grandes auriculares! Ufffff si el supiera jajajajaja


Rod Stewart - Maggie May 

Rod Stewart - Sailing 

Rod Stewart - Da Ya Think I'm Sexy  

Rod Stewart – Tonight's The Night (Gonna Be Alright)   

Rod Stewart - Forever Young

Rod Stewart - Baby Jane  

Rod Stewart - Young Turks   

Rod Stewart- Have i told you lately that i love you

Rod Stewart - Rhythm of My Heart    

Rod Stewart - Some Guys Have All the Luck    

Rod Stewart - Downtown Train

Rod Stewart - You're in My Heart (The Final Acclaim)  

Rod Stewart - I Don't Want To Talk About It    

Rod Stewart - Faces - Stay With Me   

Rod Stewart - The First Cut Is The Deepest   

domingo, 5 de enero de 2025

¡UN ÚLTIMO ESFUERZO! EL ROSCÓN DE REYES NOS ESPERA

¡Ánimo, que ya falta menos! Solo queda el roscón de Reyes para cerrar otra Navidad llena de recuerdos. Al ver a Mazinger Z así, no puedo evitar pensar en aquellas tardes de infancia, cuando lo veíamos salvar al mundo con sus icónicos "¡Puños Fuera!" y soñábamos con tener su fuerza. Ahora, con los años, parece que hasta él se ha rendido a los excesos de las fiestas… ¡ni los héroes se libran del roscón! Pero, entre tanta nostalgia y risas, recordemos que la verdadera magia no está solo en los regalos o la comida, sino en seguir disfrutando como niños. ¡Un último empujón y cerremos esta temporada con broche de oro! ¡FELICES REYES!

sábado, 4 de enero de 2025

LA CARTA A LOS REYES MAGOS MÁS ANTIGUA DE ESPAÑA

En diciembre de 1899, la niña almeriense Amalia Yebra hizo eso que los niños españoles llevan décadas haciendo cuando se acercan las Navidades: escribirles una carta a los Reyes Magos. Pidió "una muñeca de China", una "caja de dulce" y un "cabá" (un cabás, una maleta pequeña en la que llevar los libros u otros utensilios al colegio).

Desde la perspectiva del siglo XXI, parece una carta bastante realista e incluso comedida, aunque la pequeña pertenecía a una de las familias más ricas de Almería y esas peticiones eran lujos para la mayor parte de la población. Esas primeras cartas a los Reyes que se conservan provienen de casas burguesas y adineradas. Alejandro Buendía, director del Museo de Terque (Almería), cuyo Museo de Escritura Popular alberga una colección de más de 20.000 cartas, de las que muchas son para pedir regalos para el 6 de enero, asegura: "Normalmente, los pobres poco tenían que pedir y poco tenían que escribir".

La de Amalia Yebra es la carta a los Reyes más antigua que se conserva con una niña como remitente, pero en el museo atesoran, además, otra anterior, de 1892. Quienes escriben en este caso son sus propias majestades de Oriente. Le dicen al pequeño José María Guillén-García y Gómez que saben que los quiere mucho y que ama "con delirio al Niño Jesús y a la Virgen Santísima". Le explican que le han dejado unas cuantas cosas, pero que habría tenido más regalos si se hubiese portado mejor. De cada uno de los regalos le cuentan para qué es: las "pastillas del Congo" y agua de colonia para que no le cueste lavarse la cara y sea dócil; el coche y el columpio "para que no grites y saltes tanto"; la pizarra "para que juegues quietecito".

Esas son las dos únicas cartas que el museo conserva del siglo XIX, cuando los Reyes Magos llevaban apenas unas décadas dejando regalos. El autor Pepe Rodríguez recoge en su libro Mitos y ritos de la Navidad que la tradición parece haber nacido como un intento de competir contra San Nicolás, el obispo turco que es el antecedente directo de Papá Noel y cuya fama de benefactor dio pie a la leyenda e hizo que, desde el siglo XIII más o menos, empezase a dejar regalos a los niños de varios países europeos el 6 de diciembre.

Al principio, solo los niños de las familias más pudientes escribían cartas y recibían regalos de los Reyes, pero "conforme el nivel de vida va siendo más elevado, a partir de los años 50's o 60's, con más acceso a dinero para dedicarlo a los juguetes, empiezan a aparecer más cartas", explica Buendía.

Pero pongamos otros entrañables ejemplos que guardan en el museo de Terque, como la carta del 1 de enero de 1939. Jaime Quiros pide desde Oviedo "una buena caja de lápices de colores", ya que ha sido "bastante bueno y obediente", aunque "algo lloroncín" (pero "poca cosa").

El día de Reyes de 1944, el alicantino Paquito Segrelles ya se va trabajando los regalos del año siguiente y agradece a Melchor, Gaspar y Baltasar todo lo que le han traído. Promete que aprenderá mucho, será "un hombre", bueno y obediente con sus papás y querrá mucho al Señor: "Que es a quien tengo que agradecerle todo esto", escribe.

Todos los niños saben que los Reyes Magos solo te traen regalos si te has portado bien durante el año y suelen dedicar algunas palabras a convencerlos de su bondad. Cuando son conscientes de que a lo mejor no cuela, se deshacen en promesas. "Este año he sido algunos días muy bueno, pero otros… he sido regular", admitía Rafael Martínez Oña y López en 1961. Aun así, prometía que el año siguiente sería "todos los días muy bueno y estudioso", razón que consideraba suficiente para que le llevasen todas las cosas que iba a pedir ("ya que sus Majestades son tan buenos").

Este asegurar haber sido bueno o, en su defecto, prometer serlo es de las pocas cosas que no han cambiado en las cartas. Las cartas a los Reyes Magos son un testimonio fantástico a través del que leer entre líneas cómo ha cambiado la sociedad, y es también "un reflejo de los juguetes de cada época", indica Buendía. La niña Pepita Navajas pedía en 1961 "unas zapatillas, un misal, unos zapatos, una cartera y una medallita de plata", una lista aparentemente sin juguetes y solo con regalos de tipo práctico entre los que llama la atención el misal.

¿Era extraño en el momento? "Jugar a juegos con temas religiosos era recurrente", explica el director de los Museos de Terque. "Los niños jugaban a decir misa, a hacer de cura, y había juguetes que se hacían con toda la parafernalia de la iglesia", asegura. En cuanto a los objetos prácticos como la ropa, solían tener detrás la influencia de los progenitores.

Además de para uno mismo, era también habitual pedir cosas para el resto de la familia, para miembros del servicio o incluso para niños pobres. Es lo que hizo Mari Carmen Navarro en 1959. Tras enumerar lo que quería para ella, pidió también agua de colonia para su abuela y su madre, una pluma estilográfica para su hermana, una rebeca nueva para su cocinera, ya que la llevaba rota y le daba "mucha lástima", y un paraguas para su costurera. También se acordaba de "esos niños y niñas pobres que se quedan mirando a los escaparates y tienen tanto frío y que no tienen qué comer" y pedía que los Reyes se acordaran de ellos.

Y entraba de lleno en el debate infantil sobre si los Reyes existen o no: "Ya sabéis que hay niños muy malos y dicen que los Reyes son los padres, pues no les llevéis juguetes", sentenciaba.

Los buenos deseos para otras personas y para la sociedad siguen apareciendo también en las cartas actuales que tiene el museo, aunque Buendía advierte de que hay que recordar que son cartas para un concurso y que "todo el mundo quiere quedar bien".

Aun así, a través de ellas se pueden ver también las preocupaciones de los niños en cada momento. "En los momentos duros de crisis económica, que los niños pidan trabajo es recurrente", pone como ejemplo Buendía, que cuenta que en las cartas se ve muy bien cómo "los problemas de los mayores se trasladan a los niños".

No solo se ven los cambios en el contenido de las cartas: la forma y el material también cuentan una historia. El propio papel utilizado para escribir la carta muestra cómo la tradición de los Reyes Magos se fue popularizando. En las primeras cartas que se conservan, el papel es una simple hoja, pero a partir de los años 30's y 40's aparece ya el papel específico para la carta a los Reyes con su iconografía, explica Buendía.

En los 50's y 60's, las jugueterías y fábricas de muñecas ya crean sus propios papeles para la carta, en los que introducen sus productos. "De ahí a lo de ahora, casi catálogos en los que los niños pueden marcar con una X los juguetes que quieren", indica el director del museo.

En las cartas antiguas son evidentes también otros dos cambios que tienen que ver con la educación. Por un lado, en la caligrafía. Incluso cuando son cartas claramente escritas por una mano adulta, "tienen una letra muy parecida porque se enseñaba así", cuenta Alejandro Buendía. Más angulosa e inclinada y menos redonda que la actual. Por otro lado, muchas fórmulas de la comunicación epistolar también llaman la atención cuando el remitente es un niño.

En 1939, Jaime Quiros cerraba su carta deseándoles a sus Majestades de Oriente un feliz viaje y con algo que nadie se imagina a un niño (ni a un adulto) del 2025 escribiendo: "Les saluda este pequeño servidor que les besa sus reales manos".

Alejandro Buendía explica que en los cuadernos de escuela de los años 20's, 30's o 40's suelen aparecer ejercicios relacionados con la escritura de cartas en los que se aprecian esas fórmulas hiperformales que encontramos no solo en cómo se dirigen los niños a los Reyes Magos, sino también los adultos en cartas o postales a personas con las que muchas veces tienen una relación íntima.

La comunicación postal es prácticamente inexistente en el universo de los niños y las niñas de la actualidad, y esa es una de las razones principales por las que el Museo de la Escritura Popular de Terque decidió organizar su concurso de cartas a los Reyes Magos hace ya algunos años. "Nos interesa que el género epistolar tenga un espacio", explica Buendía, "que los niños sepan qué es una carta, conozcan el papel de carta, dónde se escribe la dirección y el remite, y que hace falta un sello…".

Quieren evitar que todo esto se olvide y que dentro de pocos años no sepan qué es una carta, un sello o qué es un buzón.

Alejandro Buendía es consciente de que las cartas que conservan ellos en el museo son una muestra muy pequeña de las que se han escrito desde finales del siglo XIX: se trata únicamente de cartas que han sido guardadas por los padres y las familias y que luego han sido donadas al museo.

Perdidas para siempre quedan las que no fueron atesoradas año tras año y también las muchas que los niños enviaron a los Reyes Magos por correo: todas esas que acabaron en un buzón ordinario o en alguno especial puesto por Correos o una juguetería fueron en su mayoría destruidas.

Después están las cartas no escritas, los deseos de los niños más pobres que no han quedado registrados. Las cartas, especialmente hasta los años 50's o 60's, cuentan solo la historia de los niños más acomodados. El director de los Museos de Terque señala que muchas veces la gente más humilde del pueblo recuerda cómo eran sus Reyes: "Por la mañana aparecía en el zapato una naranja, unas peladillas, un mantecado o un dulce".

Jajajajaja me viene a la memoria una historia que me contó mi padre, sobre una mañana de Reyes siendo él muy niño y que tiene mucho que ver con esto último que os cuento, lo de los zapatos y los dulces, os dejaré el enlace al final del post, ya que en su día también la escribí, fijo que os sacará unas risas.

Otras situaciones en las que "todos los años se repetía el mismo regalo", siempre la misma muñeca "que se guardaba para que no se estropeara". Este tipo de regalos "no precisaban de una carta".

Aunque las cartas y los regalos han cambiado con los años, la magia de los Reyes Magos sigue viva. Al fin y al cabo, si nos hemos portado bien, todos merecemos un toque de ilusión y un saco lleno de sueños.

¿Y tú, ya escribiste la carta a Sus Majestades los Reyes de Oriente?

¡FELICES REYES MAGOS!

CUENTO DE NAVIDAD PARA UNA MAÑANA DE REYES