martes, 19 de octubre de 2021
viernes, 15 de octubre de 2021
FIGURILLAS RELLENAS DE BOLITAS DE ANÍS
Hoy estoy de celebración, es mi cumpleaños así que… Que mejor día para subir un dulce recuerdo de aquellas diminutas peladillas de colores, los anisetes con su original envase en forma de juguete mmmm.
Aún se pueden encontrar y comprar sobre todo en páginas que vendan retrogolosinas, pero alguno he probado y su sabor nada tiene que ver con aquellas que me comí de niño, las que se pueden encontrar a la venta son de azúcar puro y duro, sin aquel sabor anisado de nuestra infancia.
Nos metíamos a la boca toda aquella figurilla y a base de golpecitos nos poníamos morados de bolitas de anís, eso sí siempre intentando no chupetear la boquilla por donde salían las bolitas, que rara vez se conseguía, con las desastrosas consecuencias que eso acarreaba, bolitas mojadas y pegadas entre sí, con estrambóticos y difuminados colores que por culpa de la saliva formaban una gran piña imposible de sacar por aquellas pequeñas aberturas de salida.
Si llegábamos a ese extremo de obturación (que la verdad era casi siempre) existía una solución aunque parezca contradictorio, si querías recuperar aquella figurilla-envase vacía sin las demacradas y descoloridas peladillas, podías añadir agua tibia en su interior y pegarle cuatro meneos, bien agitadas las bolitas se iban soltando entre sí o bien dejando que se disolvieran totalmente, quedando un brebaje un poco asquerosillo de aspecto, que muchos no dudaban en ventilárselo de un solo trago, de esta manera te quedaba la botellita limpia y lista para jugar.
Si eras niña tenías los biberones, chupetes, sonajeros, muñequitos, etc. Y para los niños teníamos los botijos, porrones, martillos, etc. Eran los roles de género de la época, estereotipos sexistas de aquellos días que nos tocaron vivir, aunque reconozco que yo más de un biberón o chupete de los que regalaban en los bautizos con la cigüeña coronando la tetina me ventilé sin ninguna contemplación, ya fuera rosa o azul que más da, lo que interesaba era meterte en la boca aquel dulce y colorido tutifruti de mini peladillas.
Pues nada amigos, aquí invito a unas añejas golosinas por mi cumpleaños mmmm daros prisa no vaya a ser que el ratón chiquitín de Susanita se entere de esta convidada y entre en nuestro blog como elefante en una cacharrería arrasando con todas las bolitas de anís jajajajaja
sábado, 9 de octubre de 2021
CERBATANAS DE PETARDOS
Se puede leer en la Wikipedia que los guerreros jíbaros (principalmente los Shuar y otros pueblos jivaroanos como los Achuar, Aguaruna y Huambisa), famosos por la reducción de cabezas "tsantsa", utilizaban cerbatanas con dardos a menudo envenenados con "curare".
La cerbatana o pucuna es un arma compuesta de un canuto en el que se introducen dardos, "bodoques", pequeñas flechas u otros elementos punzantes, que se disparan soplando con fuerza desde uno de los extremos. Estaríamos hablando, por lo tanto, de la antecesora de las armas de aire comprimido. Muchas culturas repartidas por el globo han empleado esta arma, pero las variadas tribus de la selva tropical de América y Asia Suroriental son las que poseen los tiradores más conocidos.
—No, no y no, eso de que poseen los tiradores más conocidos mmmm tengo que decir que ¡NO!, ya que eso también se puede interpretar como los mejores tiradores y tengo que decir que no nos vieron a nosotros a aquellos niños de los 70’s y 80’s, soplando esos canutos (entiéndase por canutos, tubos utilizados como cerbatanas y no de los otros que algunos pueden estar pensando jajajaja).
Pues eso, los niños de aquellos años no teníamos nada que envidiar a ningún jíbaro experto en esto de soplar el canuto. Dominábamos este arte ancestral, desde una buena cerbatana con dardos de ventosa, pasando por los canutos de boli BIC con munición de arroz o bolitas de papel mascado, a estas estruendosas cerbatanas que hoy saqué de "EL BAÚL DE HAL".
Estas cerbatanas que os enseño estuvieron entre mis baratijas preferidas de kiosco, soplido y PIM, PAM, PUM como petaban aquellos dardos dejando en el ambiente ese tufillo a pólvora quemada.
Eran juguetes simples, pero ingeniosos, en la punta del dardo les ponían un pequeño hierro al que se le acoplaba el fulminante, como los de las pistolitas de pistones, un fuerte soplido ¡FIUUUUU - PUM! Pedazo de sustos que nos pegábamos a petardazos, hasta ahí la cosa se podía aceptar, aunque en los tiempos que corren sea un juguete que seguro está mal visto por esta sociedad en la que vivimos...
Lo malo venía cuando te quedabas sin la correspondiente munición petardera que llevaba la cerbatana ¡SOS me quedé sin munición y no me refiero al arroz! Jejeje, tenías tres opciones, una era comprarte una caja nueva de fulminantes (esta era la opción más lógica), también podías recurrir a los discos de fulminantes que tenías guardados en casa, los de los rifles o pistolas de petardos, y con ayuda de unas tijeras podías salirte del apuro.
Y ya por último la tercera opción, a la que debo añadirle que era muy poco apropiada y peligrosa al mismo tiempo y que algunas mentes infantiles un poco inquietas solían emplear, aunque descarto que hubiera maldad alguna, ya que sus víctimas solían ser árboles, tableros de corcho o puertas de madera, pero los accidentes existen y...
Le sacábamos la punta de hierro al dardo y rellenábamos el hueco que nos quedaba con pegamento, hasta aquí se podría decir que la cosa era aceptable, lo malo es que no nos limitábamos a rellenar el hueco solamente con el "Imedio o con el bú", no... Seguidamente le poníamos un alfiler bien centradito y afilado en aquel orificio relleno de pegamento y lo dejábamos secar mmmm lo siguiente ya os lo podéis imaginar...
Aunque os aseguro que yo jamás de los jamases hubiera hecho algo así... (García si lees este post acuérdate que te pedí perdón entonces y te lo pido ahora, no te chives que me dejas mal en el blog, lo del dardo en el culo fue un accidente, yo no quería... jajajaja).
Pues eso, hoy os enseño estas cerbatanas de principios de los 80’s, baratijas que gozaron de un gran éxito en los kioscos de aquellos años, gustaron tanto que casas reconocidas como la de Pedro Miras también sacó sus cerbatanas (estas últimas unos años más tarde) en unos bonitos blísters, eran algo más pequeñas y todo hay que decirlo mmmm con todo mi respeto y que me perdone Pedro Miras, pero a mí me gustaban más las de kiosco pipero, como la de color amarillo que me regaló mi buen amigo Juan Pedro de El Kiosko de Akela o la roja que conseguí hace unos días, aquellas que simplemente iban en unas bolsitas transparentes con todos sus fulminantes en el interior de la cerbatana, bien tapaditas con sus respectivos tapones y eran un poco más grandes.
Aquí os dejo unas imágenes de cerbatanas de mi colección, son los dos tipos que os menciono en este post, las de baratija de kiosco y las de la casa Pedro Miras de casi finales de los 80’s con formato más pequeño.
lunes, 4 de octubre de 2021
sábado, 2 de octubre de 2021
BROCHES DE LA MÍTICA SERIE DE TV KUNG FU
Es
sabido por todos que muchos juguetes y baratijas se fabricaron y se fabrican
gracias a series y películas de éxito de la pequeña y gran pantalla, el
merchandising juguetero siempre ha estado a la orden del día aprovechando el
tirón de fama para poder vender más sus productos o el mismo juguete en sí.
En
esta ocasión quiero compartir con vosotros unos coleccionables que si la
memoria no me falla, salían dentro de las bolsas de pipas Churruca, se tratan
de unos alfileres, broches, pines o como queráis llamarlos, de la mítica serie
de TV "Kung Fu" que pudimos ver a mediados de los 70's. Con un total
de 63 capítulos, divididos en 3 temporadas.
Una
serie de televisión de moda que nos encantaba a todos, especialmente a la chiquillería
de la época, nos quedábamos literalmente abobados frente al televisor viendo
aquellas aventuras increíbles de aquel monje chino de Shaolín llamado
"Kwai Chang Caine" también conocido y recordado como el pequeño
saltamontes, que viajaba a través del peligroso y viejo Oeste de los Estados
Unidos, en la década de 1870, usando como únicas armas su destreza en artes
marciales y la fuerza interior de su filosofía de vida, el Taoísmo.
Su
propósito era encontrar a su medio hermano, Danny Caine y empezar una nueva
vida en familia, ya que Kwai Chang había huido de China tras poner las
autoridades precio a su cabeza, por asesinar al sobrino del Emperador.
A
medida que se interna en la frontera de los Estados Unidos, Kwai Chang Caine
fue dejando una larga estela de amigos agradecidos por su ayuda, por sus
bondades y también por sus enseñanzas taoístas, pero también dejó muchos
enemigos en su camino, personajes racistas y hostiles o maleantes,
administradores de la ley que Kwai desenmascaró y que ofrecieron grandes
recompensas por su captura, vivo o muerto.
Prueba
del gran éxito que la serie tuvo entre nosotros, fue que en los kioscos no
tardaron en aparecer los broches con los rostros de los personajes, como los
que hoy saqué de mi baúl.
Un
recuerdo que guardo en los cajones de mi memoria y que tiene mucho que ver con
estos pines, es el de que en el cole solía pintar el relieve de estos broches
con un rotulador y seguidamente ¡zaaas! lo presionaba en el brazo del cliente
(entiéndase por cliente, algún amigo pardillo del cole) y liiiiiiiisto, alguna
pesetilla me saqué de esta forma haciendo de tatuador improvisado jajajaja y
después al colmado a comprarme algún chicle u otra bolsa de pipas y así
intentar conseguir otro broche diferente para ampliar el negocio jajajajaja.
Ya
para terminar este post, quiero recordar o mejor dicho hacer una mención a los
que me echaron por tierra el negocio del tatú oriental jejejeje fueron unas
calcomanías de kiosco, esas sí que duraban en nuestros brazos, eran tope de
guapas, las calcomanías del tigre y del dragón que distinguían a los grandes
luchadores, contra esas calcomanías mi Kung Fu empresarial no tenía nada que
hacer, pero no les guardo rencor alguno, todo lo contrario, yo mismo me puse en
los antebrazos aquellos símbolos legendarios de efecto inmediato mmmm y a pegar
saltos y patadas por ahí como un poseso jajajajaja.
Para el que no recuerde estas calcomanías o quiera volver a verlas... No os preocupéis, queda pendiente una segunda parte de este post y ese día, sacaré de mi baúl las mencionadas calcomanías de la mítica serie del pequeño saltamontes que identifican a los grandes luchadores del Kung Fu.







