COPIAR O CORTAR Este primer código evita que copien los textos de tu página o blog Este segundo código evita que copien las imágenes y gif COPIAR O CORTAR Yo también lo tuve! Nostalgia y Recuerdos de los años 60 - 70 - 80 - 90's: FUERTE COMANSI: UN PORTAL ENTRE GENERACIONES

sábado, 10 de enero de 2026

FUERTE COMANSI: UN PORTAL ENTRE GENERACIONES

Las mágicas fiestas navideñas ya han quedado atrás y, tras unos días de silencio por culpa de un señor gripazo que me dejó completamente fuera de juego, también aproveché para tomarme unos días más de descanso. Días tranquilos, de parar, vivir las fiestas, ordenar ideas y preparar algunas cosillas que pronto iréis viendo. Entre todo eso, apareció un regalo que me trajeron sus majestades los Reyes Magos de Oriente y que, sin esperarlo, me llevó de golpe muchos años atrás.

Hay juguetes que no eran solo juguetes. Eran portales. Puertas abiertas a mundos enteros que cabían en el suelo del comedor, en una habitación compartida o en la mesa grande de casa de los abuelos. Hoy quiero rescatar uno de esos grandes clásicos que, a quienes crecimos en determinadas generaciones, nos despierta recuerdos muy, muy agradables y entrañables… o al menos eso espero. Hablo del Fuerte Comansi, mi regalo de Reyes.

Nada más verlo, algo hizo clic. De repente ya no estaba en el presente. Volví a aquellas tardes eternas jugando en el suelo del salón, a las batallas interminables, al Séptimo de Caballería, a los vaqueros y los indios, a la imaginación desbordada y a las historias que nacían sin guion ni reglas. La infancia tiene eso: se esconde durante años y reaparece cuando menos lo esperas.

No recuerdo exactamente de dónde salió aquel viejo fuerte. No sé si perteneció a mis hermanos, si me lo regalaron en algún momento o si, como tantos otros juguetes de mi infancia, llegó a casa gracias a la señora Cinta, mi vecina. En mi caso bien pudo venir de los hijos o incluso nietos de la señora Cinta, que fue una auténtica proveedora de juguetes con historia. Ella fue, sin saberlo, una pieza clave de muchos de nuestros recuerdos. Cuando hacía limpieza, aparecían juguetes que habían sido de sus hijos y más tarde de sus nietos, y que acababan encontrando una segunda o tercera vida en mis manos.

Gracias a ella heredé muchos juguetes que hoy son auténticas reliquias. El Fuerte Comansi creo que fue uno de ellos. No llegó en una caja nueva, pero venía cargado de historias, y eso lo hacía aún más especial.

Era un fuerte sólido, de madera, con ese olor tan característico que mezclaba serrín, polvo y aventuras. Pasaba horas y horas jugando con él. Organizaba mi Séptimo de Caballería, colocaba a los vaqueros estratégicamente y, enfrente, los indios. ¿Apaches? ¿Sioux? A saber… daba igual. En aquel universo no importaban los nombres, solo la imaginación y las batallas que se montaban una tras otra.

En 2011 escribí sobre él para nuestra vieja página de Facebook, en plena oleada de reediciones míticas (Geyperman, la Señorita Pepis, Madelman o el propio Fuerte Comansi). Parecía que la industria juguetera había decidido mirar atrás y guiñarnos un ojo a los que ya peinábamos alguna cana. Hoy, en 2026, está claro que aquella nostalgia no era una moda pasajera: era una necesidad.

Recuerdo perfectamente cómo podía pasar una tarde entera sin darme cuenta del tiempo. El suelo del salón se convertía en el Lejano Oeste: murallas que defender, ataques sorpresa, huidas a caballo y rescates imposibles. Todo ocurría en silencio muchas veces, concentrado, como si realmente de aquello dependiera el destino del fuerte.

Y claro, muchas de esas batallas no se entienden sin mi primo Esteban. Cuando venía a visitarnos desde Zaragoza, el ritual era siempre el mismo. Llegaba a casa, nos saludábamos rápido y, casi sin dar tiempo a nada más, soltaba:

—¿Dónde está ese pedazo de fuerte?

Y ya estaba todo dicho. El fuerte colocado en algún rincón de casa que no estuviera muy transitado y comenzaba la guerra. Él solía coger los indios y yo me quedaba con los vaqueros. Así, sin discutirlo. Batallas largas, intensas, a veces caóticas, pero siempre divertidas. Recuerdo incluso que, cuando sabía que iba a venir, sacaba el fuerte antes y lo dejaba preparado, como quien organiza tropas antes de una gran ofensiva.

No hacían falta más jugadores. Éramos suficientes. Dos imaginaciones, un fuerte y una tarde por delante. Nada más.

Esteban Sanz Alcázar. Golfo, se te echa de menos. En la próxima batalla que nos toque librar algún día en otro bonito lugar, te dejaré ser de los vaqueros. Porque con los años he aprendido que, de vez en cuando, no está nada mal hacer un poco el indio en la vida jajajaja.

Te mando un abrazo, primo, allí donde estés.

El Fuerte Comansi nació en los años 60's y se convirtió en uno de los grandes iconos del juguete español. Durante los años 70's fue, sin duda, uno de los productos estrella de la marca, acompañado de su mítico eslogan: "Juguete completo, juguete Comansi". Y lo era. No necesitaba nada más para crear un mundo entero.

Hubo muchos fuertes del Oeste, de madera o de plástico, grandes y pequeños. Pero el Fuerte Comansi fue, sin duda, el más emblemático. Y no era casualidad. Un muy buen amigo mío, el mismo que me regaló el cartucho pequeño de indios y vaqueros de Comansi (Juan Pedro Akela de El Kiosko de Akela), comentó una vez que gran parte de su éxito venía de aquellas películas del Oeste que veíamos cuando éramos pequeños. Y tenía razón.

Décadas después llegaron reediciones, materiales mejorados y figuras más detalladas, pero la esencia seguía siendo la misma: ofrecer un escenario donde todo era posible. Un juguete que no te decía cómo jugar, sino que te invitaba a inventarlo todo.

Gran parte de la magia de aquellos juegos tenía mucho que ver con las películas del Oeste que veíamos de pequeños. Aquellos sábados por la tarde, las sesiones dobles, los clásicos que hoy apenas se ven en televisión. Sin saberlo, esas imágenes se colaban en nuestros juegos.

En mi cabeza, muchas de aquellas batallas tenían algo del Spaghetti Western de Sergio Leone, de sus silencios tensos, de los duelos eternos y de esas melodías inconfundibles de Ennio Morricone que parecían sonar incluso cuando el salón estaba en silencio. Estaban ahí, flotando, marcando el ritmo de cada historia inventada, como si los paisajes de mi querida Almería, la tierra que me vio nacer y donde se rodaron tantas películas de este género, envolvieran aquel pequeño fuerte de madera.

El Séptimo de Caballería del general Custer defendía el fuerte como podía, siempre al límite, siempre rodeado. Todo ocurría en miniatura, sobre una alfombra, pero la épica era real.

Hoy, en 2026, el Fuerte Comansi ya no es solo un juguete ni un simple recuerdo personal. Es un portal entre generaciones, un punto de encuentro invisible entre padres, hijos y abuelos. Los que un día jugamos con él en el suelo del salón ahora lo miramos con otros ojos, conscientes de que en esas piezas de madera viajan historias, imaginación y tiempo compartido. Es la prueba de que los juguetes también pueden ser herencia emocional, capaces de unir a distintas generaciones alrededor de un mismo recuerdo.

Y así, el Fuerte Comansi sigue siendo más que un juguete: es un portal al pasado, un recuerdo vivo y una lección de imaginación que nunca se olvida, es un ¡Juguete completo, juguete Comansi!

















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