COPIAR O CORTAR Este primer código evita que copien los textos de tu página o blog Este segundo código evita que copien las imágenes y gif COPIAR O CORTAR Yo también lo tuve! Nostalgia y Recuerdos de los años 60 - 70 - 80 - 90's: BÚ: EL PEGAMENTO VAMPIRO QUE UNIÓ NUESTRA INFANCIA

sábado, 17 de enero de 2026

BÚ: EL PEGAMENTO VAMPIRO QUE UNIÓ NUESTRA INFANCIA

Si creciste en la España de los años 70's, hay algo que seguramente reconoces al instante: ese pequeño tubo de pegamento con un nombre tan simple como inolvidable… BÚ. Pero no nos engañemos: este no era un pegamento cualquiera. Era el vampiro de los adhesivos, listo para morder (pero solo para unir papel, cartón y, si eras valiente, hasta las piezas de alguna maqueta).

Tener en tus manos un tubo del original y terroríficamente divertido pegamento BÚ, de mediados de los 70's, es como tener una llave para abrir esa puerta directa a la infancia, a una época en la que todo era más sencillo y en la que muchos objetos tenían magia. Hace unos años hice un pequeño artículo para mi vieja página de Facebook "Yo también lo tuve! Nostalgia y Recuerdos de los años 60 - 70 - 80 - 90's", enseñando mi pegamento favorito, el mismo que hoy os enseño y que saqué de "EL BAÚL DE HAL", un auténtico regalazo que me envió Sergio Ruiz De Oliveira, amigo y seguidor de aquella primigenia y ya vieja página.

A pesar de los gratos recuerdos que me trae el pegamento Imedio (a este otro también le dedicaremos otro día un merecido post), debo decir que, aunque fue el que más utilicé (porque era el que más se comercializaba y el más fácil de encontrar en cualquier sitio), no fue mi preferido. Siempre que podía escoger a la hora de comprar pegamento, elegía el BÚ. Tenía algo especial, algo que lo hacía diferente, mmmm… está claro el porqué. Qué le vamos a hacer, soy fan desde niño del Conde Drácula y de Christopher Lee, y aquel tubito ya despertaba mi imaginación incluso antes de desenroscarlo jejejeje.

Su envase era icónico: un vampiro caricaturesco, con colmillos puntiagudos y capa, que parecía más dispuesto a robar tu merienda que a ayudarte a pegar la tarea del colegio. Sin embargo, había algo entrañable en esa mirada divertidamente amenazante. Cada vez que abrías el tubo y olías ese aroma a pegamento fuerte, sabías que estabas en buenas manos (bueno, en buenas garras).

Y ¿qué me decís del tapón puntiagudo del BÚ? Merecería un capítulo propio en la historia del diseño setentero… o directamente en la del terror simpático infantil. Porque no era un tapón: era un colmillo. Largo, negro, afilado, amenazante y elegante. Cerrabas el tubo y parecía que el vampiro del pegamento te miraba fijamente, como diciendo: "mmmm cuidado, que te hinco el diente" jejejeje.

A estas alturas está claro que el tapón del BÚ no fue diseñado: fue invocado jajajaja. Cuesta imaginar a alguien, sentado ante una mesa de diseño, proponiendo en voz alta: "¿Y si lo hacemos afilado, negro y amenazante, como un colmillo?"… y que el resto del equipo asintiera en silencio, convencido de que aquello era una gran idea. Porque ese tapón no cerraba el tubo: lo coronaba. Era la guinda vampírica (un cono perfecto, elegante y afilado, que parecía susurrarte: "tranquilo, solo muerdo si aprietas"). Y claro, apretabas. Siempre apretabas.

Visto hoy, el tapón del BÚ parece la punta de un misil gótico. Negro, estilizado y perfectamente alineado con toda la estética del envase. Nada de tapones redondeados, blandos, ñoños y seguros: en los 70's se apostaba sin complejos por el "si te pinchas, aprendes". Y cuando el pegamento se secaba (porque siempre se secaba), aquel colmillo se transformaba en algo todavía más inquietante: podía ser una estaca, incapaz de resucitar el pegamento, pero siempre dispuesta a dejarte una mancha, un pinchazo o un tierno recuerdo imborrable.

No era un pegamento tímido. Se promocionaba como resistente al agua, al ácido, al aceite y hasta a la gasolina. Imagina eso en manos de un niño de siete años: un tubo diminuto que prometía poder casi sobrenatural. Sí, era como tener un pequeño vampiro doméstico listo para salvar tus proyectos escolares, tus manualidades secretas y tus aventuras de cromos, cartón, papel y pegamento.

Y, además de ser más barato que otros pegamentos como el archiconocido Imedio, en el pack venían piezas y letras de colores, tipo pasta de sopa, con las que pasábamos horas interminables haciendo trabajos manuales, pegando, creando y manchándonos los dedos sin preocuparnos de nada más. Momentos sencillos, inocentes, que hoy se recuerdan con una sonrisa y un pequeño nudo en la garganta, mmmm, o puede que en la yugular jajajajaja.

Como todo buen vampiro, BÚ tenía su lado travieso. Muchas veces se nos olvidaba cerrar bien el tubo, dejando que el pegamento se secara y endureciera. Abrirlo después era casi un acto de magia: un pequeño "¡ahhh!" de frustración seguido de risas al intentar sacar el pegamento reseco. Y no hablemos de la ropa o las manos… ¡el pegamento vampiro no perdonaba!

Pero, a pesar de esos pequeños desastres, BÚ logró algo que ningún otro pegamento logró: unir recuerdos. Cada proyecto escolar, cada pegatina mal colocada, cada muñeco de cartón reparado llevaba la marca invisible del vampiro que todos conocíamos y, de alguna manera, queríamos.

Hoy, décadas después, los tubos de BÚ son objetos de coleccionista. No por su pegamento (que seguro está más seco que la mojama), sino por la carga sentimental que llevan. Cada envase evoca tardes de creatividad, travesuras y aprendizajes accidentales. Ese vampiro diminuto no mordía con maldad; mordía con cariño, dejando cicatrices de pegamento que, secretamente, recordamos con una sonrisa.

Sí, amigos, ese tubo de pegamento fue una obra maestra del diseño setentero: pegajosa, casi peligrosa y absolutamente inolvidable por todos esos recuerdos que transmite.

Porque al final, BÚ no solo unía papel y cartón… unía nuestra infancia con un toque de terror divertido y entrañable, y nos enseñó que incluso los vampiros más temibles pueden ser tus amigos más pegajosos jejejeje.

Las imágenes sin marca de agua provienen de la página de compra y venta Todo Colección. 









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