COPIAR O CORTAR Este primer código evita que copien los textos de tu página o blog Este segundo código evita que copien las imágenes y gif COPIAR O CORTAR Yo también lo tuve! Nostalgia y Recuerdos de los años 60 - 70 - 80 - 90's: GERONI, EL GIGANTE QUE CANTABA COPLAS

sábado, 23 de mayo de 2026

GERONI, EL GIGANTE QUE CANTABA COPLAS

♫♪♫♫♪…Yo iba de peregrina y me cogiste de la mano, me preguntaste el nombre y me subiste a caballo. Fuimos contando las flores que salen nuevas en mayo, y me di cuenta enseguida de que estabas enamorado. Cántame, me dijiste, cántame, cántame por el camino, y, agarrada a tu cintura, te canté a la sombra de los pinos. ¡Y ¡oléeeeee!... ♪♫♪♫♪

Jajajaja, tranquilos, no se me fue la pinza. Todo tiene una explicación: para empezar este post, me he venido arriba y he acabado arrancando casi por bulerías. Lo primero, enseñaros estas figuras tan simpáticas y setenteras-ochenteras de kiosco, similares a las de indios y vaqueros, pero en versión muy a lo María del Monte. Y luego, qué mejor mes que este de mayo para este post, que me trae tantos recuerdos de un buen compañero de colegio… Si leéis el artículo, entenderéis el porqué.

Lo conocí en cuarto de primaria, o puede que fuera en quinto. Con el tiempo, las fechas exactas, las tablas de multiplicar, los exámenes, los ríos de España y las capitales de provincia se van difuminando en la memoria hasta borrarse del todo, pero Geroni no. Geroni es imborrable. Cuando entraba en clase era como si cambiara la escala del mobiliario: los pupitres se encogían, la pizarra perdía autoridad y el maestro, sin comerlo ni beberlo, pasaba a ser el segundo más alto de la clase, después de Geroni.

Y claro… era imposible no fijarse en él.

Gerónimo, aunque nadie le llamaba así. Para todos era simplemente Geroni.

Nos sacaba dos cuerpos de ancho y, por lo menos, dos palmos de altura a cualquiera. Tenía unas manos enormes, unos hombros de armario ropero y una voz que no pegaba absolutamente nada con aquel cuerpo de gigante. Porque Geroni hablaba como si estuviera presentando una gala de copla en Canal Sur. Una voz potente, fina, teatral… muy a lo Rocío Jurado. Y sus maneras… mmmm, bueno… digamos que discretas no eran precisamente.

Geroni era un poquito afeminado o, más que afeminado, era una folclórica atrapada dentro de un titán.

Y qué arte tenía el condenao.

Mientras los demás hablábamos de fútbol, bicicletas o videojuegos, él te soltaba:

— Niño, eso no tiene sentimiento ninguno…

Y acto seguido se arrancaba cantando una copla de Lola Flores, imitaba a Concha Piquer o se emocionaba hablando de Manolo Caracol, que era su favorito. También adoraba a Carmen Sevilla e Imperio Argentina. Se sabía canciones enteras, coplas antiquísimas, y las cantaba en el patio como si estuviera actuando en un teatro lleno.

Y claro… los niños son crueles.

Muchos se metían con él por sus gestos, por cómo hablaba o por las cosas que le gustaban. Y lo más curioso era que, aunque Geroni parecía capaz de arrancar una portería del suelo solo con un soplido, nunca se defendía. Bajaba la cabeza. Callaba. A veces hasta lloraba.

Y daba pena y, al mismo tiempo, rabia verlo así.

Porque en el fondo era más bueno que el pan.

Así que, poco a poco, algunos empezamos a juntarnos con él. A protegerlo. Y aquello era ridículo y entrañable al mismo tiempo: cuatro renacuajos intentando defender a un gigante de casi dos metros. Parecía que un grupo de ratones escoltara a un elefante.

Pero Geroni nos apreciaba de verdad. Se notaba muchísimo.

Cuando cogía confianza y se animaba a jugar con nosotros, era un espectáculo… y también un deporte de riesgo. Porque no controlaba su fuerza. Ni un poco.

Jugando a fútbol, una carga suya te mandaba directamente a la otra punta del patio. Y jugando a tocar y parar, un simple palmetazo suyo podía desmontarte media espalda. Si se emocionaba demasiado porque se lo estaba pasando bien, aquello ya era supervivencia pura.

—¡Geroni, más flojooooo!

—¡Ay, perdón, niño, que no mido!

Y cinco segundos después… ¡PUM! Otro viaje.

Pero qué bien nos lo pasábamos.

A veces, cuando ordeno "EL BAÚL DE HAL" y encuentro algunas de estas figuras que enseño, o escucho alguna copla antigua por la radio o en la tele, todavía me acuerdo inevitablemente de él. Me quedo mirando al vacío durante unos minutos y me pregunto qué habrá sido de su vida, dónde andará ese torbellino de dos metros.

Me gusta pensar, con una gran sonrisa en la cara, que el mundo exterior no logró apagarlo ni cambiarlo. Me lo imagino viviendo en una gran ciudad, subido a un escenario importante iluminado por focos de mil colores, vistiendo las lentejuelas más brillantes de la tienda, cantándole al amor y al desamor con esa voz maravillosa que merecía ser escuchada por todo el mundo. Me gusta pensar que acabó siendo exactamente quien le dio la santa gana ser, sin esconderse de nadie, sin pedir perdón y sin pedir permiso a los intolerantes.

Porque Geroni tenía algo precioso que a la mayoría de la gente se nos olvida en el camino gris hacia la madurez: era un tipo auténtico. No fingía otra personalidad para caer bien. No intentaba parecer un tipo duro para que los demás lo respetaran. No quería encajar en la sociedad a base de codazos. Él solo quería cantar sus coplas en algún tranquilo rincón, regalar un poco de su arte a quien quisiera escucharlo y que lo dejaran ser feliz a su manera.

Ojalá la vida, después de aquellos inviernos largos de mocos, frío y patio de colegio de cemento, le haya tratado con el mismo amor limpio y la misma generosidad con la que él nos miraba a nosotros. Brindo por ti, mi querido amigo gigante del folclore español. Allá donde estés ahora mismo, que nunca te falte aquel auténtico sentimiento que tenías cuando te conocí. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡GRACIAS POR TU COMENTARIO!
Tu comentario ha sido enviado con éxito, pero está pendiente de moderación. En breve lo revisaré y lo publicaré en el Blog. Saludotes. HAL