Existen pitos, silbatos... o como queráis llamarlos. Porque hay quien siempre les dijo pitos y quien jamás les llamó otra cosa que silbatos, y los dos tienen razón. De mil formas, colores llamativos y tamaños que van desde el ridículamente pequeño hasta el absurdamente grande. ¡Eeeeep! Tranquilos, tranquilos... que nos conocemos y sabemos perfectamente de qué estamos hablando.
Los hay de plástico brillante, que prometían
durar para siempre y no sobrevivían al recreo. De metal frío, que en invierno
se pegaba a los labios, de cálida madera o incluso de hueso de frutas, entre
otros muchos. Con un montón de formas y colores diferentes. Y con sonidos que,
en cuanto los escuchas, te devuelven a un patio de colegio con olor a bocadillo
de nocilla y rodillas con mercromina jejejeje.
En este blog ya han ido apareciendo algunos de
ellos (los tenéis en los enlaces que os dejo abajo), pero esto no ha hecho más
que empezar. Porque, más allá de los modelos conocidos, también irán llegando
otros mucho más curiosos: algunos con historia a sus espaldas, otros con un
punto casi tétrico y otros que parecen escapados de un cajón que nadie abría
desde 1980.
Por eso he decidido darles su propio rincón.
Un espacio especial dentro de "El BAÚL DE HAL", donde estos pequeños
artefactos puedan respirar y contar lo que guardan. Porque sí: guardan cosas.
Más de lo que parece a primera vista.
Muchos de vosotros los soplasteis. En el patio
del cole, en la feria del pueblo, en el descampado o parque del barrio donde te
reunías con tus amigos. Algunos sonaban tan fuerte que desesperaban a madres,
padres, hermanos, vecinos y maestros por igual (y eso, seamos honestos, era
precisamente lo mejor jejejeje). Otros apenas emitían un quejido tímido, pero los
queríamos igual.
Habrá quien reconozca al instante aquel
silbato de plástico rojo que venía dentro de una bolsa de pipas. O aquel otro,
con forma de helicóptero, que duró exactamente dos recreos antes de salir
volando y desaparecer en algún lugar del universo. Y habrá también quien
descubra modelos que nunca había visto y se pregunte cómo es posible que algo
tan pequeño haya sobrevivido tanto tiempo.
Mi idea es reunirlos todos los que tengo en un
álbum, en una cápsula del tiempo virtual. Un inventario de algunos pitos que
abarca desde los años 60's hasta los 90's, cuando los juguetes cabían en el
bolsillo y hacían más ruido del que nadie pedía.
En las imágenes de hoy podéis ver solo una
parte de lo que guardo. Algunos ya tienen su propio post, otros aún esperan su
momento. Y hay algunos que no aparecen en la foto esos llegarán acompañados de
historias tan curiosas que no os dejarán indiferentes. Eso os lo prometo.
Porque, al final, más allá de ser simples pitos o silbatos, cada uno de estos pequeños objetos guarda un pedacito de algo que fue. Un instante en un patio. Una tarde de verano. Una risa que no recordamos de quién era, pero que todavía suena, suave y lejana, como un silbido que se pierde en el viento.


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